Viernes, 28 septiembre 2018

Cómo elogiar a uno de tus empleados en público sin que genere efectos negativos en los demás

¿Debo elogiar a un empleado en público? Respuesta: si se lo merece, sí. ¿Puede tener efectos negativos? Respuesta: sí. Puede perjudicar al empleado si la alabanza se le sube a la cabeza y despierta o fomenta en él una actitud egoísta que le lleve incluso a perjudicar a sus colegas para seguir alcanzando reconocimiento de su jefe. En los colegas del elogiado pueden surgir celos y sensación de injusticia y favoritismo.  

Pero un elogio público bien formulado tiene efectos beneficiosos para la empresa, en la medida en que acrecienta la motivación. En el trabajador que lo recibe, aumenta la autoestima, refuerza su compromiso con la organización y le estimula a seguir dando lo mejor de sí mismo.

Si el elogio se ha formulado adecuadamente y hay buen ambiente en el equipo, los demás miembros se alegrarán por su compañero y se verán impulsados a mejorar ellos en algún aspecto. Una felicitación bien realizada aumenta la retención de talento en la compañía.    

¿Cómo maximizar los efectos beneficiosos del elogio público? Esta forma de motivación informal no es una ciencia, sino un arte. Depende de la cultura de la empresa y de la personalidad del directivo y su estilo de liderazgo.    

La injusticia no se compensa con palmadas en la espalda

Una cuestión previa. De vez en cuando todos necesitan que de un modo u otro se reconozca su buen desempeño, pero si la retribución económica es claramente baja y/o la exigencia de dedicación horaria es excesiva, la felicitación puede sonar a cinismo. La injusticia no se compensa con palmadas en la espalda.   

El elogio ha de resultar creíble. Debe responder a actuaciones concretas, específicas, claramente identificadas”

El elogio ha de resultar creíble. Debe responder a actuaciones concretas, específicas, claramente identificadas. De esta manera todos advierten que no hay trato de favor e identifican qué gestiones, procedimientos y actitudes se premian.   

Más se valora una felicitación cuanto más personal es. En una empresa con cientos de trabajadores y varios centros de trabajo, quizá convenga recurrir a fórmulas como ‘empleado del mes’ o el envío de un e-mail colectivo. Pero el beneficiado suele valorar mucho más un tarjetón con unas líneas del presidente y su firma manual, por ejemplo.

En organizaciones con menos personas, servirá que su inmediato superior acuda a su puesto de trabajo a felicitarle o que alguien de mayor nivel le llame a su despacho para tener una breve reunión. Lo que mejor se adapte al estilo del directivo: el receptor ha de percibir que la felicitación es auténtica, que a su jefe el elogio le sale de dentro.  

Los elogios en público no han de ser infrecuentes pero han de darse en pequeñas dosis. Si se abusa de ellos acaban perdiendo sentido: al trivializarse, suenan a falsos, como si fuera algo automático que ‘toca’ hacer.  

 Los elogios en público han de darse en pequeñas dosis. Si se abusa de ellos acaban perdiendo sentido

 

Si los elogios públicos siempre recaen en los mismos, se desestimula y desmotiva a quienes no los reciben, se crean fricciones y pueden acabar perjudicando al que los recibe, pues será visto como favorito o privilegiado.  

 Felicitar por actitud, no por logros económicos 

Una manera de evitar esto es tomar la decisión de felicitar no por logros económicos conseguidos (para eso está la parte de retribución que depende de resultados) sino por actitud y desempeño. En vez de fijarse en cifras, poner el foco de atención en factores intangibles pero objetivamente verificables: creatividad, dedicación, constancia, innovación, atención al cliente…  

El directivo detectará los comportamientos meritorios en estos ámbitos si está muy pendiente de sus colaboradores. Eso supone no estar encerrado en su despacho. Comunicarse con los subordinados sólo por e-mail y prestar atención únicamente a números no es forma adecuada de ejercer el liderazgo: hay que preocuparse los empleados también como personas.

Cursar un MBA on line, en la medida en que exige una gran creatividad, puede ser muy útil para despertar el ingenio y la perspicacia que permiten encontrar fórmulas de enterarse, por ejemplo, de que tal persona ha estado hasta altas horas de la noche resolviendo un problema o preparando una reunión; de que tal otra ha ido a ver por cuarta vez a un antiguo cliente para intentar recuperarlo; de que un tercero ha hecho una sugerencia para mejorar un procedimiento cuya aplicación puede ser muy útil; de que tal otro ha afrontado un imprevisto espontáneamente aunque el problema no era competencia específica suya, etc.