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Los ingresos hospitalarios de adolescentes con autismo han aumentado 74 veces en dos décadas

El estudio, liderado por UNIR y publicado recientemente en la revista Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health, revela que casi tres de cada cuatro ingresos corresponden a varones. La estancia hospitalaria es de aproximadamente cinco días.

El TEA representa el 5,6% de todas las hospitalizaciones por salud mental.

Las admisiones hospitalarias de jóvenes con Trastorno del Espectro Autista (TEA) se multiplicaron por 74 entre los años 2000 y 2021, según una investigación liderada por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y publicada recientemente en la revista Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health.

El análisis, basado en más de dos millones de datos del Registro Nacional de Altas Hospitalarias del Sistema Nacional de Salud, revela que el TEA representa ya el 5,6% de todas las hospitalizaciones por salud mental en la población de 11 a 18 años, con una mayor prevalencia en varones (74,4%). La media de edad se sitúa en los 14 años con una estancia hospitalaria de 5 días aproximadamente.

El Dr. Hilario Blasco-Fontecilla, psiquiatra e investigador de UNIR, asegura que “el estudio, que analiza los datos durante un periodo de 21 años, muestra que el peso de este trastorno en el sistema sanitario ha pasado de ser marginal a representar una parte significativa de los ingresos por salud mental en la adolescencia”.

Un aumento exponencial en dos décadas

Según los datos del estudio, entre los años 2000 y 2021 se registraron más de 2 millones de hospitalizaciones de adolescentes en España. De estas, 118.609 estuvieron relacionadas con trastornos mentales, y específicamente 6.659 correspondieron a pacientes con TEA.

“Las admisiones relacionadas con el autismo experimentaron un aumento de 74 veces a lo largo del periodo de estudio. Por hacernos una idea de esta evolución, en el año 2000 registraron únicamente 13 ingresos hospitalarios con TEA, mientras que el 2021 la cifra ascendió a los 966 ingresos”, explica Hilario Blasco-Fontecilla.

La investigación revela, además, una tendencia ascendente constante que se acentuó a partir de 2016 con la transición al sistema de codificación diagnóstica (pasó del CIE-9 al CIE-10). Aun así, la tendencia al alza se ha mantenido constante, incluso tras la recuperación de la actividad asistencial después del primer año de la pandemia de COVID-19.

Perfil del paciente y comorbilidades

El estudio dibuja un perfil claro del adolescente hospitalizado: casi tres de cada cuatro ingresos corresponden a varones (74,4%) con una mediana de edad de 14 años. La estancia media en el hospital se sitúa en los 5 días.

Un hallazgo relevante es que estos pacientes presentan una frecuencia significativamente mayor de discapacidad intelectual que el resto de los jóvenes ingresados por otros motivos psiquiátricos. Sin embargo, aclara el investigador de UNIR, “los adolescentes ingresados por TEA presentaban una menor comorbilidad —coexistencia con otras enfermedades o trastornos—, como pueden ser los trastornos afectivos, de ansiedad o de la alimentación.”

Asimismo, la tasa de mortalidad intrahospitalaria en el colectivo con TEA se situó en el 0,33% durante el periodo analizado, una cifra ligeramente por encima de la media de otros trastornos mentales en la misma franja de edad.

Factores detrás de esta tendencia

Los autores sugieren que este fenómeno es multifactorial. “El aumento de la incidencia de TEA no puede explicar por sí solo”, indica el estudio. Entre las causas potenciales, los investigadores apuntan principalmente a una mayor concienciación y mejores herramientas de detección.

Otro de los factores apunta al impacto del uso indebido de internet, redes sociales y videojuegos, que podrían actuar como potenciadores negativos en adolescentes con síntomas de TEA.

También la falta de servicios de apoyo comunitario suficientes a menudo empuja a las familias a buscar ayuda en los servicios de urgencias ante crisis conductuales.

Para Hilario Blasco-Fontecilla, “esta situación que se puede ver acentuada por la dificultad de las personas con TEA para expresar emociones o estados internos de bienestar o malestar, por lo que es particularmente importante dotar a los familiares con herramientas para la detección precoz del sufrimiento en sus allegados. Esto permitiría una intervención preventiva precoz”.

Hacia nuevas políticas educativas y sanitarias

El equipo de investigación concluye que estos datos deben servir como una hoja de ruta para las autoridades para fomentar políticas educativas que permitan una detección aún más temprana en las escuelas y a garantizar intervenciones terapéuticas rápidas que eviten que el joven llegue a una situación de crisis que requiera hospitalización.

En el estudio participaron Vicente Soriano (UNIR), José Manuel Ramos (Universidad Miguel Hernández), Lucía Gallego (Emooti), Gemma Mestre-Bach (UNIR), Eduardo González-Fraile (UNIR), María Inés López-Ibor (Universidad Complutense), Carlos Chiclana-Actis (UNIR), Manuel Faraco (UNIR), Héctor Pinargote (Hospital General Universitario Dr.Balmis), Manuel Corpas (UNIR), Octavio Corral (UNIR) e Hilario Blasco-Fontecilla (UNIR).

Enlace al estudio completo:  https://doi.org/10.1186/s13034-026-01054-z

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