Isabel Alvarez Castro
Esta recomendación surge del estudio publicado en la revista científica 'Sexuality Research and Social Policy', con el apoyo de Save the Children, sobre las carencias de la educación sexual en España en centros educativos y familias.

Un reciente estudio impulsado por investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) subraya la importancia crítica de iniciar la educación sexual antes de los 12 años.
El estudio, publicado recientemente en la revista científica del alto impacto ‘Sexuality Research and Social Policy’’, destaca la necesidad de incorporar una formación preventiva sobre los riesgos del contenido sexual online y el uso seguro de internet desde la etapa de Primaria.
Este informe, que cuenta con el apoyo de Save the Children, también expone la situación sobre la educación sexual en España y aborda las carencias y retos en relación con la educación sexual de los jóvenes tomando en cuenta la perspectiva de los centros educativos, el entorno familiar y el propio adolescente.
Según explica Gemma Mestre-Bach, investigadora de UNIR y responsable del estudio, “el objetivo principal es detectar las necesidades formativas para ofrecer un abordaje real que se adapte a un entorno cada vez más abierto y conectado, ya que la educación sexual es hoy un ámbito prioritario y urgente para el bienestar emocional, relacional y social de la infancia y adolescencia, y no un contenido accesorio”.
Estos resultados se desprenden de un análisis cualitativo basado en 18 grupos de discusión integrados por adolescentes de 12 a 18 años, progenitores y docentes de la Comunidad de Madrid, Cataluña, País Vasco, Extremadura, La Rioja, Galicia, Murcia, C. Valenciana y Andalucía.
Prevención de riesgos en el entorno digital
Todos los menores identifican al menos un riesgo asociado a los entornos online en el contexto de la educación sexual. “Casi todos los riesgos mencionados están relacionados con el intercambio y la difusión no consentida de fotos, vídeos y/o conversaciones privadas”, explica Gemma Mestre-Bach.
El principal riesgo señalado es la difusión no consentida de imágenes, vídeos y conversaciones privadas. Esta preocupación es compartida por alumnado, familias y personal docente, y ampliamente respaldada por experiencias cercanas relatadas por los propios jóvenes.
La mayoría de los adolescentes conoce casos reales de compañeros cuyas imágenes íntimas fueron compartidas sin consentimiento, según la investigadora de UNIR, “incluyendo situaciones de suplantación de identidad para obtener este material”. Estas vivencias “refuerzan la percepción de vulnerabilidad y el impacto social negativo que puede generar este tipo de prácticas”, afirma.
Para los adolescentes, es posible reducir estos riesgos mediante más información, mayor concienciación y un uso responsable de las redes sociales. Entre las estrategias que proponen los propios adolescentes para prevenir el uso indebido de imágenes se encuentran ofrecer más información sobre el uso seguro de las redes sociales, advertir sobre los peligros de enviar fotos íntimas y fomentar valores como el respeto, la empatía y la responsabilidad online.
Aunque la mayoría afirma haber recibido información sobre los riesgos de internet, a través de sus familias y charlas escolares sobre ciberbullying, consideran que el enfoque debe ser más profundo.
El impacto de la pornografía y la distorsión de la realidad
Respecto al consumo de pornografía, el estudio muestra un consenso sobre sus efectos nocivos en la adolescencia. Los participantes mencionan perjuicios interrelacionados como la distorsión de la realidad sobre las relaciones sexuales, la normalización de la violencia, la adicción y la promoción de estándares de belleza ideales.
Alejandro Villena, investigador de UNIR, puntualiza que “los menores apuestan por un enfoque educativo no moralizante que fomente el pensamiento crítico y la reflexión informada, ya que reconocen que ese contenido no refleja vínculos reales”.
A pesar de las preocupaciones comunes, existen matices según el colectivo. “Mientras a los progenitores les inquieta la hipersexualización y la dificultad para diferenciar realidad de irrealidad, a los profesores les preocupan más el machismo, la brecha de género y la normalización de la violencia derivada del consumo de pornografía”, añade Villena.
No obstante, todos los grupos coinciden en que la educación preventiva debe comenzar en Primaria para formar a los jóvenes antes de que se enfrenten a estos contenidos.
Gestión emocional de la sexualidad: el gran vacío formativo
Otro de los hallazgos significativos del estudio es el alto nivel de desconocimiento de los adolescentes sobre la relación entre emociones y sexualidad. Aunque muchos han oído hablar de esta conexión, pocos comprenden claramente cómo se interrelacionan ambos aspectos. Cuando los adolescentes reconocen algún vínculo, suelen hacerlo de forma simplificada, centrándose solo en la necesidad de un lazo emocional para el acto sexual, pero rara vez profundizan en el papel de las emociones en el respeto mutuo o la comunicación afectiva.
“El enfoque dominante en la educación sexual sigue siendo principalmente biomédico, centrado en infecciones de transmisión sexual (ITS) y anticoncepción, dejando en segundo plano aspectos emocionales, relacionales y éticos”, reflexiona la investigadora de UNIR.
El estudio también señala que, pese a que los progenitores tratan temas de bienestar emocional carecen de formación específica para conversaciones eficaces. Como consecuencia, la mayoría de los adolescentes afirman no haber recibido información sólida en este ámbito y reclaman información en gestión emocional, habilidades de comunicación y dinámicas de pareja para desarrollar relaciones más saludables.
Formación en centros educativos y colaboración familiar
El centro educativo se posiciona como el espacio principal de formación, aunque se percibe como insuficiente y poco regular.
Los adolescentes entre 12 y 15 años valoran esta formación, pero a partir de los 16 años se vuelven más críticos, considerándolas repetitivas y poco valiosas. Alejandro Villena explica que “esto refleja la necesidad de una educación sexual que evolucione en contenido y profundidad a medida que lo hace el propio alumnado”.
Por su parte, el profesorado demanda recursos adicionales y personal especializado, ya que el 50% de los docentes asegura que su formación en esta área es insuficiente o está desactualizada.
Finalmente, el estudio destaca la importancia de la alianza entre la familia y el colegio. Aunque el 50% de las familias opinan que sus hijos se informan sobre educación sexual en internet, los menores aseguran que recurren principalmente a su grupo de pares para resolver dudas sobre educación sexual. En segundo lugar, recurren a internet.
La familia ocupa un tercer lugar como fuente de consulta. Sin embargo, sigue siendo considerada la fuente más confiable, a pesar de la incomodidad que genera el tema. Para mejorar esta situación, los docentes sugieren potenciar las escuelas de padres y madres e informar a las familias sobre los contenidos curriculares, reduciendo así posibles preocupaciones e implicándolos en el acompañamiento de sus hijos.
El estudio concluye que la educación sexual debe ser percibida como un compromiso obligatorio y compartido para garantizar un desarrollo seguro y saludable de los adolescentes en la era digital. En el estudio participaron investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Universidad de La Rioja, Universitat Jaume I, Universitat de València, Universitat de les Illes Balears, Yale University, Flinders University, University of Montreal.
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