Padres e hijos: cuándo el móvil debe convertirse en uno más en la familia

Marta busca rápida en Youtube un vídeo de su personaje favorito mientras echa un ojo a las fotografías de Facebook. Daniel aprieta compulsivo los botones para que su guerrero no pierda contra los invasores alienígenas e intenta olvidarse de las mofas y burlas que le llegan de forma masiva a su Intagram. Nadia, sentada junto a su marido e hijos, revisa obsesiva su correo electrónico de trabajo a la vez que apura una presentación virtual y chatea con sus amigos. Son estampas más que cotidianas en nuestro día a día que a nadie extrañan. La cuestión es que Marta tiene dos años y medio, Daniel nueve y Nadia ronda la cuarentena.

El uso del móvil se ha extendido de manera fulminante en la sociedad y niños y mayores los utilizan a todas horas sin ser conscientes de que, con todas sus luces y aportaciones para mejorar la calidad de vida, también conlleva muchas sombras que generan grandes peligros. Especialmente para los más pequeños. Son muchos los que lo utilizan desde muy temprana edad sin ningún control paterno, a la vez que los progenitores les proporcionan un pobre ejemplo puesto que, si no están usándolo constantemente, se lo dejan a sus retoños para que jueguen con él y les dejen tranquilos.

Este es el punto de partida de la primera sesión de la Escuela de padres online, desarrollada en el marco del convenio entre UNIR y la Fundación Educativa Francisco Coll. En ella, el docente e investigador del grupo de investigación de Ciberpsicología de UNIR, Joaquín Manuel González-Cabrera, aborda algunas de las preguntas clave. ¿Cuándo debe entrar el móvil en casa? ¿Cuándo hay que dar a los hijos libertad para su uso? ¿Qué papel tienen los padres en la supervisión de la actividad que realizan los hijos en Internet?

Comuniones, cumpleaños, Reyes… Son algunos de los momentos idóneos para que los pequeños de la casa reciban uno de estos aparatos como regalo. “Llega demasiado pronto, hay un elevado porcentaje de chicos de diez años que tienen móvil propio diferente al de los padres y hay que tener en cuenta que la tecnología a la que acceden es muy diferente a la de hace apenas dos décadas”, explica González-Cabrera. Lo hace antes de desgranar algunos datos de un informe en el que se señala que uno de cada cinco chicos pasan más de cinco horas a la semana con él. “¿Qué hace un niño de esa edad si tienen que ir al cole, a extraescolares, comer, dormir y hacer deberes? Y los fines de semana, un 33,2% le dedica más de cinco horas”, constata.

Pero la solución no pasa por negarles el móvil. Los menores establecen a través de él una conexión entre sus realidades offline y online. En el cole o la casa se relacionan cara a cara pero su vida online a veces supera la offline. “Nosotros hemos ido acoplando esta tecnología en una etapa de desarrollo personal más maduro, pero el autoconcepto de un chico está mediatizado por lo online, los likes, los comentarios…”, razona el experto, quien concluye que los móviles “deben estar porque es el contexto, no podemos alejarlos, pero sí incorporarlos poco apoco, con seguridad, para que desarrollen su pensamiento y juicio crítico y tomen sus decisiones con el cariño, apoyo y supervisión paternos“.

Por ello, lo idóneo sería el establecer unas normas básicas de regulación. ¿Cómo? A través de un acuerdo entre padres e hijos donde se refleje no solo en qué momento y de qué forma va a llegar al hogar, sino también el uso que se le dará (si se permitirá uso de Youtube, jugar online, Whatsapp, Facebook, Twitter, Instagram…) y con quién lo compartirá.

“Con estos contratos se establece una acción sobre las normas de uso en un estilo parental muy democrático y participativo”, anima el investigador. También hace referencia a una app, Family Link, “que permite cierta supervisión, pero sin ser espionaje”. Eso sí, matiza, “si las app no ayudan a crear hábitos positivos, mejor no utilizarlas porque los filtros no lo hacen al 100% y, si solo confiamos en ellas, no hay un aspecto educativo detrás. Los padres no van a estar siempre para decir qué hacer, hay que crear personas autónomas, que tomen decisiones y lo hagan bien“.

En concreto, González-Cabrera se refiere a problemáticas como el ciberacoso, el sexting o el grooming, las cuales no evitará una app de supervisión, como tampoco les ayudará a gestionar sus emociones ni a recibir los embates que un comentario negativo en redes les puede generar.

Y, ante la pregunta planteada en un primer momento sobre la edad idónea para que el móvil entre en casa, el investigador sugiere que “a los 14 años, pero no hay una respuesta clara, lo mejor es cuando los padres consideren que sus hijos están adecuadamente preparados”. Porque, en su opinión, los niños en las primeras edades “necesitan correr, saltar, jugar, relacionarse y cuanto más se pueda retrasar el móvil, mejor”. Lo más importante, en su opinión, es tener en cuenta que “se está creando una persona para el futuro, ser capaz de acceder a un aparato técnico no es ser nativo digital, lo es el saber usarlo correctamente“.

Por todo ello, no duda en lanzar un claro mensaje de advertencia a los progenitores: “Vosotros sois sus modelos, si les pedís que lo dejen, no podéis estar todo el día con el móvil, necesitamos generar espacios y hábitos y hay que entender que influenciamos más con lo que hacemos que con lo que decimos”.