El entorno digital al servicio del derecho a la libertad religiosa

La religión, y más concretamente las confesiones y libertades religiosas, no están exentas de la tecnología. Un entorno digital que plantea numerosos interrogantes y para el que no siempre tienen todas las respuestas, puesto que su frenética evolución dificulta a menudo la adaptación.

Entre esos planteamientos, se incluyen las oportunidades que Internet puede ofrecer para transmitir los mensajes evangelizadores, también el debate sobre la permanencia de la religiosidad en un mundo cada vez más tecnológico, la mayor o menor visibilidad digital de las confesiones religiosas o los prolíficos delitos de odio que se vuelven virales en las redes sociales. Cuestiones sobre el presente y futuro de un hecho, el de que las confesiones religiosas “se valgan también, como todas las organizaciones hoy en día, de las tecnologías digitales para ampliar sus fines propios”, como dijera José María Vázquez García-Peñuela, rector de UNIR, en la presentación del IX Simposio Internacional de Derecho Concordatario.

El encuentro, que organiza la Universidad Internacional de La Rioja, la Universidad de A Coruña, la Universidad de Alcalá, la Universidad de Almería, la Universidad de Extremadura y la Universidad de La Rioja se ha desarrollado durante tres días en el madrileño auditorio de Proeduca. En él, destacados ponentes procedentes de diferentes universidades nacionales e internacionales han disertado sobre la temática de esta edición: “El derecho de libertad religiosa en el entorno digital”.

Es el caso de Rafael Palomino Lozano, de la Universidad Complutense de Madrid, quien ha abordado “El contenido de los portales institucionales de las confesiones religiosas. Su contribución a la libertad religiosa”. Ponencia en la que ha señalado que la interacción entre Internet y el fenómeno religioso “es más fuerte de lo que parece”.

La promoción de la libertad religiosa en Internet por parte de las confesiones religiosas es cuestión “de visibilidad y accesibilidad, que sus páginas web dediquen un espacio a ello y que resulte cercano al usuario”, ha explicado. Una carta de presentación que constituye “toda una oportunidad” a la hora de publicitar las acciones conjuntas y sinergias de estos organismos y que, ha asegurado, todas las organizaciones religiosas “aprueban, sobre todo desde el punto de vista técnico”.

No obstante, también ha llamado la atención sobre el peligro de extinción que, a su juicio, acecha al derecho fundamental de la libertad religiosa. ¿Los motivos? “La insensibilización ante lo que sucede en lugares remotos, la percepción social de que no tiene sentido una vinculación hacia una comunidad religiosa, su descomposición en la libertad ideológica, la de expresión y la de asociación, y la conciencia, en las sociedades científicas y de progreso, de que la religión pertenece al pasado”, ha enumerado.

Para revertir ese panorama, cobra fuerza el proselitismo digital. Sobre el que ha hablado el profesor de la Universidad de Valencia José Landete, quien en su “Estudio de la presencia de las confesiones religiosas en las redes sociales”, ha incidido en que el mundo digital es un nuevo campo de evangelización “y no se le ha prestado suficiente atención, las confesiones religiosas tradicionales no están tan presentes como otras organizaciones”. En ese sentido, ha puesto como ejemplo al Estado Islámico “cuyo mensaje no habría tenido jamás influencia si no hubiera sido capaz de mandarlo directamente a las personas”.

La catedrática de la Universidad de Barcelona Francisca Pérez, por su parte, se ha referido a “La tutela de los sentimientos religiosos en el entorno digital” y, más en concreto, a las ofensas que son constitutivas de escarnio. Pérez ha señalado que en estos delitos los autores “tienen afán de molestar, pero también de promover el odio” y ha añadido que “no solo son personas, sino también los bots”. Pero, ¿cómo se atajan esos mensajes? La docente ha llamado la atención sobre el que una cuestión pública como es  “el límite de qué es ofensivo y puede lesionar la libertad religiosa y la dignidad de las personas lo dejamos en manos privadas de las compañías con intereses comerciales”.

Sus intervenciones se han producido después que ayer, el profesor de la Universitat de Vàlencia, Ricard Martínez, hablara en su ponencia inaugural sobre la “Protección de datos y transparencia en el actual panorama legal español”. Tras explicar que la protección de datos se “entiende como una especie de carga y esfuerzo sobre venido”, ha recalcado que proteger los datos “es proteger personas” y ha reivindicado una “ética de los datos” puesto que en un mundo donde desde el Marketing a la Medicina se supeditan al análisis de nuestros datos, “nuestro objetivo es usarlos para el bien común”. Aspecto en el que entran en juego “la ética, la dignidad humana y los derechos fundamentales”.

En ese contexto, ha indicado Martínez, la regulación debe ser “abierta a consideración de las libertades reales, preventiva para no producir discriminación y habilitante para que las confesiones religiosas puedan tratar los datos de las personas que pertenezcan a ellas”. Por último, ha alertado de que, si bien España es uno de los países “más exigentes” normativamente hablando, si de compliance se trata “no estamos muy bien”. “¿Se puede aquilatar el daño reputacional que puede generar una información sobre que se están gestionando mal los datos en una organización? Y pasa más de lo que parece” ha advertido.

Situación que se entiende al saber que el 57% de la población mundial ya utiliza Internet y, de ellos, 3,2 billones de personas acceden a las redes sociales por medio del smartphone, a las que dedican una media superior a las dos horas diarias. Así lo detalló Rubén González, vicerrector de Ordenación Docente de UNIR, en su exposición “Mundo digital y confesiones religiosas. La Iglesia católica ante las TIC”. En ella, recordó que las encuestas indican que “cuanta más tecnología menos religión, el desarrollo económico y tecnológico de un país ‘maquilla’ el sufrimiento y eso redunda en un menor interés religioso”.

Tras hacer un repaso por el judaísmo, islamismo, budismo y la religión católica, González resaltó que ninguna religión “se opone a Internet, están viendo cómo usarlo para llegar a un mayor público y cómo gestionar su dimensionamiento”. Y, en concreto sobre el Catolicismo, hizo hincapié en la importancia de realizar “una acción proactiva para garantizar que lo que hay en Internet sobre sí misma sea lo más veraz posible, porque si alguien lee algo malo, como no se contrasta, esa es la idea que persiste”.