Universidad Internacional de La Rioja

La historia completa de Televisión Española, al descubierto

La boda de Fabiola y Balduino, la primera Eurocopa que ganó la selección española o la llegada del hombre a la Luna. Son algunos hitos televisivos que perviven en el imaginario colectivo de las generaciones de los años sesenta y setenta del siglo pasado y en torno a los cuales gira incluso su propia memoria biográfica. Y todo gracias a unas imágenes que llegaron a sus vidas a través de una pantalla que, durante mucho tiempo en blanco y negro, emitía todo tipo de programación en las dos únicas cadenas disponibles entonces, las de Televisión Española.

Porque lejos de ser un mero electrodoméstico más, para los españoles de mediados del siglo XX la irrupción de la televisión supuso una auténtica revolución. No solo como  un nuevo medio de comunicación sino, sobre todo, como protagonista de las veladas caseras, donde dominaba las salas de estar de miles de hogares mientras a su alrededor se apelotonaba toda la familia, ávida de imágenes.

Instantáneas y fotogramas fugaces de una programación sobre la que han llegado registros y apuntes hasta nuestros días. Pero sobre lo que no había información alguna era sobre cómo se emitieron dichos programas y, menos aún, sobre cómo fueron recibidos por los telespectadores. El libro ‘Una televisión con dos cadenas. La programación en España (1956-1990)’, que dirige y coordina el Vicerrector de Investigación de UNIR, Julio Montero, subsana precisamente esa situación y analiza con todo detalle la historia de esas casi cuatro décadas de TVE. Un recorrido que abarca desde las primeras emisiones televisivas del franquismo hasta el advenimiento de las emisoras privadas.

Un amplio volumen donde se huye del estereotipo y del sentimentalismo en aras del rigor investigador a través de un conjunto sistemático y estructurado de estudios. No en vano, han sido una veintena de docentes e investigadores los que, a lo largo de siete años, han visionado casi por completo las miles de horas que conforman los fiables archivos de Televisión Española y de la Administración Pública, además de analizar estudios demoscópicos, las secciones televisivas de diarios y revistas de la época, memorias, entrevistas y demás documentos.

“Queríamos ofrecer un estudio serio y bien fundado y, por primera vez, un equipo de investigadores en España decide abordar una tarea en conjunto, sometiéndose a un plan de trabajo y que cada pieza individual sea revisada por un coordinador para lograr un estilo homogéneo”, sostiene el director de este manual de consulta, que edita Ediciones Cátedra.

En él, a lo largo de 38 capítulos divididos en tres bloques (Franquismo, Transición y la Era socialista) se desarrollan cuestiones como los informativos, la pieza clave en la estructura diaria de la programación, los programas de producción extranjera en la dictadura, la publicidad en la televisión franquista, las audiencias y consumos televisivos en España, el cine en la televisión de la Transición, los debates para la democratización o la programación y la estrategia de programación televisiva durante la era socialista.

La televisión de aquella época era muy buena; lo mejor de la televisión franquista era la televisión y, lo peor, el franquismo. Y lo mismo diría con la UCD y con el PSOE”, argumenta Montero, para quien “nuestra televisión ha sido intervenida desde el principio, no quiero decir que fuera mala, sino que los políticos intentaban manipularla”.

“En los años sesenta, la calidad de producción de TVE era muy parecida a la televisión francesa e italiana y, en los setenta, eran ya igual de buenas”, sostiene Julio Montero

Pese a ello, el coordinador del libro asegura que, en los años 60 del siglo XX, “su calidad de producción era muy parecida a la televisión francesa y a la italiana y, en los setenta, eran ya igual de buenas”, recalca antes de recordar que el único premio Emy en toda la historia de la televisión española lo obtuvo la famosa ‘La cabina’ de Antonio Mercero, precisamente en esos años.

“Este volumen es una obra donde todo el mundo con recuerdos televisivos entre 1956 y 1990 encontrará referencias bien fundadas y que conectan con las historias de los espectadores, de la gente y de los profesionales de la tele”, concluye Montero.