El riesgo de manipulación de los procesos electorales en la nueva era digital

Hay un antes y un después de las últimas elecciones generales en España. No solo porque los partidos políticos cada vez realizan un uso más intenso de los canales digitales para difundir sus mensajes. Sino, fundamentalmente, por la aprobación en noviembre de 2018 de la nueva Ley Orgánica de Protección de Datos (que modificó la Ley Orgánica de Régimen Electoral General) y que permite a estas formaciones recopilar los datos personales vinculados a las opiniones políticas de los usuarios para utilizarlas en sus actividades electorales.

O dicho de otro modo, “autoriza a los partidos a hacer y utilizar ‘perfiles ideológicos’ de los ciudadanos”, expone el profesor del Máster Universitario en Seguridad Informática de UNIR, Borja Adsuara. Adsuara ha participado recientemente en el Mundo Hacker Day 2019, en el que intervino como ponente en la mesa redonda ‘Democracia hackeada: ciberseguridad, redes sociales y manipulación de procesos electorales en la nueva era digital’.

“La democracia está ‘hackeada’ en el sentido de que hay muchas fuerzas intentándolo, pero no siempre consiguen el resultado que buscan”, plantea el docente de UNIR. Aunque riesgos existen. “El peligro radica en las ‘fake news’ que pueden aparecer en tu muro de Facebook o en el TimeLine de Twitter con apariencia de noticias, pero que son propaganda política contratada para intentar manipular tu voto”, expone. Otra cosa es “cuando alguien se apunta voluntariamente a un grupo de WhatsApp para seguir a un partido concreto”.

Los canales digitales (especialmente, las cuentas de Facebook y WhatsApp) están en boga a la hora de extender proclamas políticas. “Estos medios son más baratos que la propaganda física (buzoneo) y mucho más eficaces, al poder segmentar mejor los mensajes y los destinatarios de los mensajes”, argumenta. “Además, las campañas se diseñan para que se ‘viralicen’ por los propios ciudadanos, por lo que llegan a mucha más gente que las que se hacen en medios tradicionales”, agrega.

Cerco a las ‘fake news’

Adsuara subraya que para poner freno a las ‘fake news’ “lo más importante es controlar las cuentas falsas y los bots que las viralizan”. “Para eso, las redes sociales tienen mecanismos que detectan comportamientos extraños, que no tienen los usuarios humanos. El problema no es tanto que una noticia sea falsa, sino que se repita miles de veces artificialmente y que, ante eso, la gente crea que es verdad”, remarca.

Como reacción a estos bulos anónimos y a las mentiras en las que en ocasiones incurren los políticos, el también abogado y consultor sitúa a los ‘factcheckers’ (o verificadores de hechos), que se dedican a desmentir aquellos o precisar estas, contrastando las noticias y aportando datos objetivos de fuentes fiables. “Los ‘verificadores’ juegan un papel muy importante, pero deberían hacerlo desde las redacciones y empezando por las noticias que difunden sus propios medios”, opina. Sin embargo, señala que “no hay una tradición en España de verificadores”. “Ahora empiezan a hacerlo algunos medios (con el sesgo de su línea editorial) y algunas organizaciones neutrales”, apostilla.

Esencia del periodismo

Adsuara insta a que se recupere “de forma urgente” la esencia del periodismo, “que es la información veraz”. “La figura de los ‘factcheckers’ no sería necesaria si los periodistas hicieran su trabajo; porque esa es, precisamente, y no otra, su función”, considera. Pero admite que “el periodismo, los periodistas y los medios de información (especialmente, los digitales) no pasan por su mejor época, ya que actualmente están bajo la tiranía del ‘clickbait’ (titular cebo). Y eso repercute negativamente en la calidad del contenido y en el prestigio de los medios y del periodismo”, alega.

Ante esta situación y esta avalancha de noticias y mensajes, muchos de ellos tendenciosos y falsos, ¿qué actitud debe adoptar el ciudadano? ¿Cómo se construye en la actualidad un pensamiento crítico? “Los problemas que plantea la tecnología los suele solucionar la propia tecnología y, en este caso, las redes sociales por las que se difunden los bulos pueden ser la mejor vía de contrastarlos, si uno quiere”, resuelve. Pero no obvia que “el mayor problema de los bulos es que funcionan porque la gente a la que van destinados se los quiere creer, porque coinciden con sus ideas, y por eso no quieren contrastarlos”.