Un libro de UNIR Editorial muestra los estereotipos y la evolución de las protagonistas Disney

Una cruel y ardiente venganza de Blancanieves provoca la muerte de su madrastra, mientras que la pequeña sirena se sacrifica para no matar al príncipe y la reina de las nieves es una villana misteriosa y poderosa. Son tramas de tres conocidos cuentos infantiles de los hermanos Grimm y Hans Christian Andersen que, tras su paso por los estudios Disney, se han convertido en sendas producciones cinematográficas que han arrasado en taquilla y que perviven en el imaginario colectivo de niños y mayores.

Blancanieves (1937), La Sirenita (1989) y Frozen (2013) son las icónicas películas que centraron la tesis de Ana Vicens Poveda, comunicadora audiovisual y doctora por la Universidad Complutense de Madrid. Su estudio se ha plasmado ahora en ‘Heroínas o princesas: la evolución de las protagonistas de Disney’. Un trabajo que publica UNIR Editorial a través de su colección Estudios, respaldada por el vicerrectorado de Investigación de UNIR.

“Escogí estas películas basándome en el éxito de taquilla y en su influencia social y estética sobre otras películas de la productora”, explica Vicens. Y, si bien deja claro que las historias de princesas, al igual que las de dragones, monstruos o niños perdidos “no tienen nada de malo de por sí”, la clave se halla en cómo se adaptan a las nuevas generaciones. “Los cuentos de los hermanos Grimm se han ido modificando para adaptarse mejor a los gustos de los distintos momentos históricos. Los cuentos de nuestra infancia no son los originales y cabe pensar que también los relatos de princesas tienen que adecuarse a los tiempos modernos, actualizando el relato y mostrando personajes más activos”, sostiene.

Apasionada de las películas Disney, ella, como muchas otras niñas, ha crecido con las aventuras de unas princesas -Cenicienta, Aurora, Ariel, Bella, Jazmín, Pocahontas, Mulán, entre otras- representadas y definidas en gran medida por su belleza y su corazón, entendido este como bondad y candidez. Son personajes que se muestran sin apenas lazos femeninos entre sus familiares y amistades, mientras que sus antagonistas son, por lo general, también mujeres: brujas, depravadas, maduras y poderosas que odian a otras mujeres.

“El cine comercial infantil mantiene aún una representación estereotipada del personaje femenino como heroína, basando la construcción de esta en su aspecto físico y su relación sentimental con personajes masculinos”, sostiene entre sus conclusiones. Y es que, en su estudio, recalca que si bien las heroínas de la compañía “han ido cambiando ciertos aspectos de su caracterización y psicología dependiendo del momento histórico de producción de cada obra, estas modificaciones no conllevan un cambio novedoso”.

Así, en Blancanieves la protagonista se define por encima de todo por la belleza, causa del amor a primera vista con el príncipe, su sintonía con los enanitos y los celos de la madrastra. “Su actitud durante todo el filme se podría definir como una pasividad alegre, todo lo consigue gracias a la magia, el deseo, la bondad y la alegría, pero sin ningún tipo de acción”, detalla Vicens en su obra. Una pasividad alegre que definirá a los personajes femeninos de la primera etapa de Princesas Disney, “con una canción parece que se arreglan los problemas. Como se ve a lo largo de la película, la única actitud enérgica de Blancanieves se da a la hora de limpiar y servir”.

El personaje de Ariel aparece sexualizado en muchas ocasiones y define el culto al cuerpo que simbolizó esa época. Exhibe su cuerpo semidesnudo con naturalidad y “tanto sus movimientos como sus posturas parecen parte de un catálogo de moda, mostrando una sensualidad nunca vista en un personaje femenino de los estudios Disney”, señala Vicens. En su estudio detalla cómo la sirenita refleja el creciente empoderamiento de las mujeres “o al menos la ilusión de que así sea: muestra una sincera rebeldía y decisión al comienzo del filme, pero termina llevando todas sus motivaciones al terreno amoroso”. De esa forma, la heroína independiente, decidida, inteligente y curiosa es un espejismo: “no importa ya nada de lo que Ariel quiera, todo ha cambiado porque ya ha conocido al amor de su vida”.

Para Vicens, Frozen ha servido a los estudios Disney para entonar el ‘mea culpa’. Y lo ha hecho a través de la famosa Elsa, una reina con poderes “que no es una bruja ni una amargada y que, gracias al amor desinteresado de la heroína, se convierte en una monarca buena y justa”. Si bien, al igual que su hermana Anna, demuestra que la belleza y la juventud siguen siendo factores importantes a la hora de construir a las heroínas femeninas, al representarlas hermosas, altas y delgadas. Y, como las anteriores, en su aventura se rodean de personajes y mentores masculinos. Precisamente en este sentido, el hecho de que “todo el mundo” destaque que Elsa carece de pareja romántica “indica mucho sobre nuestra alfabetización audiovisual y lo poco acostumbrados que estamos a ver a mujeres solteras en la pantalla”, alerta esta doctora.

Todo lo anterior influye en la percepción de las niñas y niños que ven estas películas, “pero que no son capaces de distinguir el periodo histórico, ni contextualizarlas”. Por eso considera imprescindible el papel de padres y educadores. “No podemos acostumbrarnos al cine como niñera, debemos ver las películas junto a los niños y niñas, responder a sus dudas y plantearles preguntas sobre el relato”, aconseja.

“La compañía Disney ha creado un caminito perfectamente diseñado para las mujeres, que comienza con las historias de princesas para pasar a los problemas de instituto de las preadolescentes de Disney Channel”, critica.

No obstante, Vicens matiza que no todo lo que se refleja en su libro es malo. “Dedico mucho espacio a hablar de Walt Disney como persona y empresa, siento una profunda admiración por Disney, sus innovaciones, sus personajes y sus adaptaciones son, en su mayoría, obras de arte. Además, como en todos los cuentos, siempre hay buenos valores en las historias que adapta”. Y recalca que la visión crítica que aporta en su estudio “no supone odio a Disney, sino animar al espectador a buscar la verdad en el fondo del relato y a saber leer –y no solo ver– las imágenes”.

¿Y cómo le gustaría que fuera la próxima protagonista Disney? “Una con una historia original”, concluye.