Una ceremonia digna de pasar por el altar

Dicen que de una boda sale otra. Y en esta ocasión el dicho se ha cumplido. Y por partida doble, nada menos. Dos ceremonias han sido las que demarcan la historia de Ylenia Casanova Calatayud y Alberto Fernández. Una pareja natural de la localidad catalana de Reus que ha visto cómo la Graduación de UNIR en Logroño se convertía en su madrina de bodas. Bueno, ellos y muchos de los asistentes al acto académico, que han vivido con asombro y entusiasmo semejante acontecimiento.

No han sido los únicos, puesto que la propia novia ha sido la primera sorprendida al encontrarse repentinamente con su pareja en pleno escenario, donde había sido reclamada una vez finalizada la Graduación. Con una inmensa -y un tanto temblorosa sonrisa-, Alberto se ha arrodillado y le ha ofrecido un bonito anillo, ante la mirada embelesada de los allí presentes. En el rostro de Ylenia se han sucedido la estupefacción primero, la incredulidad después y, por fin, la alegría alborozada. Tampoco podían faltar las lágrimas de felicidad de ambos, coronadas por un beso que sellaba su firme compromiso.

La historia, como toda buena narración, tiene también un principio. Para ello hay que remontarse casi medio año. Un poco antes de las últimas Navidades. Fue entonces cuando tuvo lugar la llamada decisiva. “Hablé con el departamento de Eventos de UNIR, que organizaban la ceremonia, para ver si me dejaban hacerlo, luego vi el vídeo del año pasado y pensé que me había flipado mucho, pero dos días después me dieron el visto bueno sin ningún problema”, rememoraba con una ancha y perpetua sonrisa.

La Graduación, un lugar y momento especial

Fue entonces cuando inició su periplo de silencio, que ha mantenido a rajatabla hasta el final. “No se lo dije a nadie, para guardar un secreto es lo mejor; tan solo el día anterior, el viernes, se lo comenté a mi hijo mayor”, confesaba ante la atenta y entusiasmada mirada de su novia, quien aún no terminaba de creérselo. “Ayer por la noche estuvimos en la boda de unos amigos y nos dieron el ramo, ¿ya lo sabían?”, cuestionaba la joven educadora social, de 28 años, ante la firme negativa de él. Casualidades de la vida.

Sobre lo que no hay género de duda es que esta Graduación supondrá un recuerdo imborrable para ambos. “Está siendo un fin de semana redondo”, corroboraban ambos. Y es que Alberto, pedagogo de 38 años y educador social de profesión, tenía claro que este era el momento y lugar idóneos para declararse. No lo fueron ni Roma ni Londres, dos viajes en los que la alumna de UNIR confiaba en que su historia de amor, que comenzara hace siete años en la universidad y les ha dado un hijo de cuatro, viviera el broche de oro.

Ha tenido que esperar un poco más de lo deseado, pero a cambio ha vivido una doble alegría. Recibir el título que justifica la consecución de un sueño, el Máster Universitario en Orientación Educativa Familiar, y convertirse en una flamante prometida. “Ylenia ha dado siempre mucha importancia al Máster, sabía lo importante que eran los estudios para ella y quería que fuera en un lugar especial”, desvelaba Alberto. 

Con la adrenalina y los nervios más atenuados, solo quedaba ya anunciárselo a las respectivas familias. “Si mi madre ya estaba emocionada con las fotos de la Graduación que le estaba mandando, ahora ni te cuento”, se despedía Ylenia, rumbo a su futuro altar.