Un examen de Matemáticas que terminará en boda

Para la mayoría de las personas, hablar de exámenes implica hacer referencia a nervios, tensión, falta de sueño y ansiedad. Pero para Leyla Hernández y Javier Gómez supone pensar en amor. El suyo, el que brotó en diciembre de 2014. Ella, madrileña de 33 años y él, vallisoletano de 39, coincidían en la capital para presentarse a la prueba de Didáctica de las Matemáticas, una de las asignaturas obligatorias del Grado en Maestro en Educación Primaria de UNIR que ambos cursaban por aquel entonces.

Cinco años después, el 7 de diciembre de 2019, contraerán matrimonio en la ciudad castellanoleonesa. Un broche perfecto para una historia de la que UNIR ha sido testigo indirecto y mudo. Hasta ahora. “Ha hecho de nexo de unión sin saberlo”, confirma un risueño Javier, sonriente al rememorar aquel primer vistazo entre ambos. O flechazo, como reconoce Leyla. “Desde el principio conectamos muy bien”, asegura. Y eso que en aquella ocasión se limitaron a hablar “exclusivamente” del examen en cuestión y, una vez terminado, no volvieron a verse.

Pero la fuerza del destino, como diría la canción, les hizo repetir en mayo de 2015. Y, como no podía ser de otra forma, el nuevo escenario fue otra vez un examen.  Y comprobaron que la química se mantenía. “Entonces sí nos dimos los teléfonos y estuvimos hablando muchísimo hasta el 24 de junio”, recuerda Javier. El solsticio de verano resultó para él verdaderamente mágico. Ese día defendió su Trabajo de Fin de Grado (TFG) y quedó con Leyla. “Todo un éxito de día, ¡me hice maestro y me eché novia!”, confirma exultante.

Una noble vocación

Sin embargo, para llegar a este relato conjunto, antes es necesario conocer las sendas individuales que marcaron sus pasos. Los de Leyla pasaron primero por la carrera de Pedagogía y luego por el Grado de UNIR, “porque desde que soy pequeña me ha encantado el mundo de la educación y lo que le rodea, así que pensé que sería buena idea seguir formándome en este ámbito”, detalla. La elección de Javier difiere ligeramente.

En su caso, su planteamiento primigenio fue el de “simplemente” estudiar. “Quería aprender de verdad, por el mero hecho de disfrutar y de invertir mi tiempo en algo que me satisficiese”, constata. A continuación, ya sí, se decantó por magisterio. “Para mí, junto con la de médico, es la profesión más noble en la que uno puede emplear su tiempo; en mi caso, para los alumnos con diversidad funcional“.

La elección de UNIR fue para ambos lógica. Su necesidad de compaginar trabajo y formación les decantó por ella sin género de duda ya que, además,  “en 2011 los estudios online no estaban tan al alza como ahora”, coinciden, satisfechos con “la organización, contenidos, profesores, compañeros…”. Tanto que ambos han cursado también el Máster Universitario en Neuropsicología y Educación y el de Educación Especial. Una formación que ha hecho posible que Leyla haya cumplido su sueño de ser maestra. Fue el pasado enero cuando empezó a trabajar de interina como maestra de pedagogía terapéutica en un colegio de Colmenar Viejo.

Ser maestro, el mejor regalo

“Estoy muy contenta e ilusionada”, confiesa, pese a que tan buena nueva haya supuesto para la pareja una separación temporal. Pero no es la primera vez. “Al principio, como cualquier relación a distancia, solo nos veíamos los fines de semana pero, al año siguiente, yo me quedé en paro y decidimos vivir juntos en Valladolid, donde hemos estado hasta ahora”, explica Leyla.

Allí se ha quedado Javier, que actualmente trabaja en una multinacional del sector del automóvil. Si bien este año confía en que el azar juegue, una vez más, bien sus cartas y pueda dar el salto al mundo educativo. Claro que para ello él también pone de su parte y, al igual que Leyla, se emplea a fondo en preparar las oposiciones de maestro que la Junta de Castilla y León ha convocado para 2019 “y mostrar todo lo aprendido en estos años”.

Objetivo este, el de ser maestros, que, de lograrlo, supondrá el mejor regalo de cara a su enlace. Un acontecimiento que ambos esperan “con ilusión y muchas ganas” y en el que, a partir de julio, la pareja se volcará de nuevo para ultimar algún que otro detalle que falta por concretar para un día inolvidable. El primero de un prometedor futuro para el que solo piden “¡ser felices!”.