La pintora del hiperrealismo

Varios son los amores que decoran la vida de Susana González López-Torres. El primero, como no podía ser de otra manera, su marido -‘culpable’ de su permanencia en España-, el de una madre hacia sus hijas -fuente de alegría e inspiración- y el más longevo, su pasión por la pintura. Porque desde bien pequeña esta limeña de 41 años se rindió a la belleza resultante de los pinceles, lienzos, óleos y acuarelas. Y si bien durante una temporada no tuvo más remedio que dejar el arte de lado, ahora se ha entregado a sus encantos con más fuerza que nunca.

Tanto que no ha dudado en añadir un nuevo afecto a su lista en aras de mejorar y obtener un fin mayor. El Grado en Humanidades de UNIR, donde ya cursa su segundo año, le permite completar su formación. Especialmente en todo lo relacionado con la evolución del ser humano en el ámbito artístico, cultural y social, “de manera muy interesante y motivadora, porque para entendernos tenemos que saber cómo somos, de dónde venimos y por qué hacemos lo que hacemos“.

“Mi profesión y el título son perfectamente compatibles, podría desarrollarme personal y profesionalmente en el ámbito cultural o artístico con una formación más completa”, sostiene esta artista plástica vecina de Quel, un pequeño municipio de La Rioja de unos 2.000 habitantes. Para ello, no ceja en buscar información, investigar y ahondar en todo aquello que le resulte interesante durante su aprendizaje. “Las asignaturas me encantan, los profesores son muy amables, profesionales y con disposición para enseñar y resolver dudas”, sostiene, agradecida por la comodidad que supone el asistir a clases virtuales que le hacen posible estudiar lo que, de otra forma, “me sería imposible; así yo soy dueña de mi tiempo”.

Gusto por la pintura desde pequeña

Nada que ver con hace catorce años, cuando viajó desde su Perú natal hasta la capital condal para estudiar Diseño y Producción Editorial. Una vez terminada la carrera decidió quedarse allí, donde trabajó, conoció a su marido y se casó. Pero cuando iban a tener a su primera hija se trasladaron a Quel “porque mi marido es riojano y así estábamos cerca de su familia”.

El paso del tiempo la ayudó a darse cuenta de que quería volver “a dedicarme a lo que me apasionaba, porque desde pequeña me gustó pintar y siempre estaba en talleres de pintura e, incluso, hice cursos de Bellas Artes”. Como ya le sucediera en Perú, donde participó en exposiciones colectivas, en España ha realizado algunas individuales y tomado parte en concursos, donde ha ganado varios galardones.

Y, si bien no cierra puertas a innovar con diferentes técnicas, admite que su estilo favorito es el hiperrealismo, la reproducción fiel de la realidad. “Me gusta tomar fotografías y, la que me dice algo, la pinto. Me gusta pintar personas en escenas cotidianas, por la calle, la playa, un bar… Tomo en cuenta aspectos como la luz, la composición o el color porque tengo que visualizar cómo quedará esa imagen plasmada en el lienzo”, narra.

Óleos, cuadros por encargo y hasta abanicos con temáticas variadas constituyen el grueso de su obra, con la que vive un momento dulce. “No hay mejor cosa que trabajar en lo que te gusta y ahora que me dedico a ello y he logrado combinarlo con mis estudios y familia, estoy satisfecha con mis logros“, insiste. Con todos sus amores en armonía.