Lunes, 10 agosto 2020

¿Qué es la terapia EMDR?

Elena es una mujer de 34 años, y ha acudido a la terapia EMDR por una razón: unos días atrás entró al ascensor del edificio de su casa y, subiendo a su planta, el elevador se quedó paralizado en el trayecto. El episodio duró apenas unos segundos, pero a partir de ese momento Elena ha evitado entrar en cualquier espacio cerrado y estrecho. Estar en lugares así le genera un estado de ansiedad similar a cuando era una niña, cuando sufría de claustrofobia.

Junto a su terapeuta, han seleccionado qué recuerdo de su infancia puede estar reactivándose a raíz de esta experiencia reciente del ascensor, que está funcionando como disparador. Su terapeuta en las sesiones ha empleado una dinámica en la que Elena debe seguir el desplazamiento horizontal del dedo índice de su mano a cierta velocidad mientras mantiene el recuerdo en mente y lo que viene asociado, que está dentro de la red de memoria.  Los movimientos oculares hacen que se activen y conecten ambos hemisferios cerebrales –en cierto modo de forma similar a cuando dormimos y procesamos toda la información recibida durante el día- y ello ayuda a que las imágenes, sensaciones físicas y creencias negativas que se generaron en el pasado y se quedaron sin procesar, manteniéndose activas, se vayan debilitando hasta desparecer. De esta forma, a través del procesamiento de un trauma pasado, Elena conseguirá superar las dificultades que encuentra en el presente. Es lo que se conoce como terapia EMDR.

 

 

¿Qué es la terapia EMDR?

Se trata de una técnica psicológica que descubrió por casualidad Francine Shapiro a finales de la década de los 80. La psicoterapeuta vio que sus pensamientos desagradables disminuían en intensidad de emoción en la medida en que movía sus ojos de un lado a otro. A partir de ahí empezó a realizar investigaciones con allegados y pacientes para comprobar la eficacia de la terapia EMDR.

Hoy en día, este tratamiento está avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su eficacia está comprobada y los especialistas la emplean con sus pacientes. María Victoria Sánchez, terapeuta especialista en EMDR y profesora del Máster en Psicoterapia: Terapias de Tercera Generación de UNIR lo explica: “El objetivo final es ayudar a procesar recuerdos de experiencias adversas que se han quedado bloqueados y hace que arrastremos determinadas emociones, activación fisiológica e ideas negativas sobre nosotros mismos que interfieren en el presente y generan dificultades/síntomas”.

Cómo funciona la terapia EMDR

A lo largo de nuestra vida, las experiencias que vivimos quedan registradas a través de la activación de varios circuitos en los que participan la amígdala (emociones), el hipocampo (contextualiza) y córtex prefontal (organización, regulación, reflexión).  En función de cómo se registre la experiencia se almacenará en las redes de memoria de manera funcional o disfuncional.  Determinadas situaciones traumáticas van a generar una hipeactivación de la amígdala, que impide el procesamiento adaptativo de la información. En el ejemplo inicial de Elena parece que determinados recuerdos anteriores no han sido procesados y este “atasco” es lo que hace que una situación del presente sea un disparador que reactiva un estado mental de desregulación. Esto puede llevar a hiperactivación, como en el ejemplo, o a hipoactivación/desconexión. Y esto lleva a alteraciones anímicas, conductuales, relacionales…. que pueden afectar en la vida diaria. Facilitar a través de la estimulación bilateral que conecten los dos hemisferios cerebrales facilita la integración de la experiencia y por tanto la elaboración de memorias traumáticas. Este es el potencial de la técnica EMDR.

 

 

“Aplicamos estimulación bilateral visual/auditiva/táctil, que al activar ambos hemisferios cerebrales de forma alterna y tener una atención dual en el recuerdo y en el presente, facilita la elaboración de las memorias, como si fuera un proceso de “digestión”: me quedo con lo que me sirve de la experiencia y lo demás lo dejamos ir”, explica la docente de UNIR.

De esta forma, la técnica sirve para el tratamiento de situaciones traumáticas: maltrato, abuso, negligencia, accidentes, muertes, problemas de salud, separaciones… y fallos de apego recibidos en la infancia (de conexión o regulación emocional, de respeto o aceptación, falta de afecto positivo).

Ventajas y fases de la terapia EMDR

Uno de los beneficios que tiene esta técnica es que agiliza el proceso terapéutico ya que se procesa directamente el trauma o experiencia difícil. De la misma forma, tiene aplicaciones clínicas y no clínicas, tal y como explica María Victoria Sánchez en este artículo.

Así, la terapia contempla 8 fases de trabajo:

1. Historia y planificación del tratamiento

2. Preparación

3. Evaluación del recuerdo

4. Desensibilización y reprocesamiento

5. Instalación

6. Exploración del cuerpo

7. Cierre

8. Reevaluación

“A la hora de aplicarla en las sesiones es recomendable que el terapeuta tenga una formación complementaria, “de acuerdo a mi experiencia es muy útil integrarla con psicoterapia basada en la mentalización, terapia narrativa, familiar/apego, mindfulness y caja de arena”, detalla la docente. Que el profesional emplee técnicas que le ayuden a él y al paciente en la comprensión del caso para lograr los objetivos propuestos, por ejemplo, mejorar la regulación emocional o establecer relaciones más saludables.

Como dice Sánchez, “aumentar el nivel de tranquilidad y seguridad interna es posible gracias a estas técnicas en una relación de apego seguro con el terapeuta”.