Miércoles, 20 diciembre 2017

En el rendimiento deportivo no existen las pociones mágicas

Todo el mundo relacionado con el mundo de los gimnasios conoce la costumbre de los practicantes de deportes de musculación, y otras disciplinas paralelas, de consumir los mal llamados productos de nutrición deportiva que, curiosamente, se venden en los propios establecimientos deportivos. Y es que no sé porqué se empeñan en querer hacer creer que el deportista, aficionado o profesional, debe comer cosas diferentes al resto de la población.

He dicho “mal llamados”, porque los verdaderos productos de nutrición deportiva son los alimentos tal y como todos los conocemos e ingerimos a diario. Algunas profesionales del ámbito deportivo, con no sé qué tipo de intención, han hecho una labor magnífica de promoción a los fabricantes de esos “mal llamados”, inculcando su uso a sus pupilos para la progresión del rendimiento en su disciplina para obtener más fuerza, más volumen, más velocidad, más resistencia, mejor recuperación, etcétera.

¿Qué dice la ciencia? Pues que para conseguir el máximo rendimiento deportivo solo hacen falta dos cosas, un buen programa de entrenamiento, diseñado por profesionales y una alimentación correcta sin ningún tipo de complemento o sustancias ergogénicas, es decir sin pócimas mágicas. Pero no olvidemos que el mayor factor limitante será la genética del individuo.

Sin ir más lejos el American College of Sports Medicine indica que “la alimentación de los deportistas no debe ser sustancialmente diferente de aquella recomendada para la población general”.

Pero, es más, hace unos años la Federación Española de Medicina Deportiva publicaba un magnífico documento de consenso que tituló ‘Ayudas ergogénicas nutricionales para las personas que realizan ejercicio físico’. Donde hace un minucioso estudio de la composición y actividad de estos productos de nutrición deportiva y donde podemos leer que las evidencias son bastante limitadas. Por tanto, su uso no es en absoluto necesario.

De otro lado, lo que sí es necesario para obtener un buen rendimiento deportivo es saber comer, poder combinar los distintos alimentos para obtener de forma idónea los nutrientes requeridos y la mejor forma de hacerlo es mediante una dieta equilibrada y adaptada a las necesidades personales del deportista en cuestión, donde un profesional formado en nutrición deportiva pueda diseñar un menú ideal para el deportista, teniendo en cuenta sus características físicas y la disciplina deportiva practicada.

A lo largo de mi experiencia profesional, he encontrado a deportistas que llenaban sus platos con los ingredientes y combinaciones de lo más extravagantes y de la forma más extraña de consumirlos, en unas determinadas condiciones y espacios de tiempo, con la falsa idea, pero credo absolutamente cierto para ellos, de que era los mejor para conseguir sus metas deportivas.

Realmente cuesta convencerles de lo contrario, incluso con la ciencia de tu parte, supongo que hace falta que la nutrición deportiva se convierta en algo terrenal, a disposición de cualquier deportista y no sólo de los profesionales, de tal forma que el consejo nutricional no sea sustituido por el consejo del charlatán a la imagen de aquellos que vendían pócimas mágicas en el lejano oeste.

Creo que tener todo esto en cuenta es saludable para el deportista y para su bolsillo porque no olvidemos que muchos de estos preparados tienen un dudoso origen, no tienen una utilidad real y son caros. Como decía el profesor Maughan de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) al referirse a suplementos para deportistas: “If it works, it’s probably banned, if it’s not banned, it probably doesn’t work!” (Si funciona, probablemente esté prohibido, no está prohibido, ¡probablemente no funciona!).

Sin embargo, una buena alimentación y un trabajo bien realizado ayudan a conseguir las metas deportivas, olvidemos recetas mágicas.

 

Antonio F. Murillo Cancho. Coordinador del curso Experto Universitario en Nutrición Deportiva de UNIR.