Jueves, 19 marzo 2020

Coronavirus: la mortalidad del COVID-19 aumenta por la falta de medios

La pandemia del coronavirus no tiene precedentes y es previsible que tenga devastadoras consecuencias sanitarias y en la economía global. Por el momento no hay antivirales ni vacunas eficaces para luchar frente a COVID-19.

Todo ha ocurrido tan rápido, que no se han tomado a tiempo medidas de contención eficaces en la mayoría de países. El número de casos y de fallecidos puede seguirse a tiempo real en varias paginas web, como la de Worldometer o la Universidad Johns Hopkins. Nos acercamos a 250.000 casos confirmados y 10.000 fallecidos en el planeta.

 

 

Los servicios de urgencias, las camas de hospitalización y las unidades de cuidados intensivos están desbordadas en muchos lugares. Muy pocas veces hasta ahora había habido necesidad de priorizar la atención a unos pacientes en detrimento de otros, por falta de personal y/o equipos sanitarios. Para los médicos y enfermeras, ese dilema es uno de los más dramáticos de la actual situación.

Por qué es importante quedarse en casa

La infección por SARS-CoV-2 puede ser asintomática en una proporción elevada, aunque desconocida, de casos, sobre todo en niños y jóvenes. En adultos los síntomas generalmente se parecen a los de la gripe, con tos, fiebre, cefalea y fatiga que duran 3-7 días. En los ancianos y personas con otras patologías, un 10% pueden progresar a neumonía y requerir hospitalización. Hasta un 25% de éstos precisarán ventilación mecánica y cuidados intensivos.

 

Figura 1 CDC COVID Response Team, MMWR 2020

 

 

El SARS-CoV-2 es muy transmisible a partir de los aerosoles de pacientes que estornudan, de modo que la propagación es muy rápida. En la fase crecimiento exponencial de la epidemia que estamos viviendo en España, el número de casos se duplica cada 3 días. La acumulación de nuevos casos en tan poco tiempo ha desbordado a los servicios de atención médica. Esto se ha agravado porque una parte del personal sanitario ha caído enferma o esta en aislamiento. En residencias geriátricas y centros de discapacitados esto ha sido catastrófico y la desatención mínima a la salud de población muy vulnerable ha sido insuficiente. La mortalidad está siendo muy alta en estos lugares.

Es fundamental implantar y cumplir estrictamente las cuarentenas y el aislamiento social. En España esas medidas se han tomado tarde, pero todavía ahora podemos obtener un gran beneficio de su aplicación.

 

 

Dado que no hay inmunidad previa frente al coronavirus, la mayoría de ciudadanos nos vamos a infectar. En cualquier caso, para un cuadro de síntomas que generalmente se autorresuelven en una semana, cabe esperar que una vacuna protectora (como la del neumococo) sería lo mejor. Por el contrario, el beneficio de un antiviral podría ser más bien reducido, acortando sólo los días de síntomas si se administra precozmente (como ocurre en la gripe con el oseltamivir).

En este sentido, el coronavirus es totalmente distinto al VIH, el virus del sida, que produce una infección crónica de por vida. Los antivirales son la principal arma frente al VIH, pues el virus no se replica y apenas hace daño aunque no se erradique. Respecto al SARS-CoV-2, los antivirales serán de especial utilidad para tratar al subgrupo de pacientes que desarrollan neumonía y se complican. Por tanto y aun siendo estrategias complementarias, en términos de salud pública, es de mayor importancia desarrollar una vacuna protectora que un antiviral frente a COVID-19.

 

 

Un modelo epidemiológico publicado esta semana en Science, utilizando los datos de China, ha concluido que un 86% de las infecciones por SARS-CoV-2 pasaron desapercibidas y no fueron diagnosticadas hasta el 23 de enero, momento en que las autoridades chinas declararon la cuarentena de la provincia de Wuhan. Se trataba mayoritariamente de infecciones asintomáticas y/o de poca gravedad. Su contagiosidad era inferior (55%) respecto a los casos sintomáticos.

Todo hace pensar que en dos meses se habrán alcanzado los picos de casos y de mortalidad por COVID-19. A partir de ese momento, sólo podrán infectarse las personas que no lo hayan hecho hasta entonces y que serán cada vez menos. El resto habrán desarrollado inmunidad protectora frente al SARS-CoV-2 y, además, ya no serán contagiosos.

 

Figura 2

covid-19-waves-lancet-2020-fig-2-copy

 

Para evitar que resurja un segundo brote de coronavirus (Figura 2), tras cesar las medidas de aislamiento, es importante que el retorno a las actividades laborales y sociales se haga de modo escalonado. De otro modo, las personas que todavía sean susceptibles, podrían contraer la infección de forma masiva y volver a colapsar los servicios sanitarios. Las autoridades tienen que prever la gestión del retorno a la normalidad.

Soluciones a largo plazo

Más adelante, será de gran importancia tener información y evaluar mediante pruebas serológicas de detección de anticuerpos frente al SARS-CoV-2, cómo fue el ritmo de seroconversión durante la crisis epidémica, los grupos más susceptibles y cuál fue el impacto de las medidas sociales que se han tomado. Hasta entonces, es fundamental que haya grupos de clínicos y epidemiólogos en nuestro país que recojan bien la información. Debemos actuar con racionalidad y serenidad, sin desbordarnos por la inacción y el histerismo colectivo y emocional. Hay que recoger casuística propia, analizarla y proponer las mejores medidas para frenar y prevenir el daño de la epidemia de COVID-19 en España.

Con las medidas de aislamiento social que se han tomado en otros muchos países del mundo, es probable que el coronavirus del COVID-19 pase a ser endémico y estacional, como otros 4 coronavirus que producen cuadros respiratorios cada año. Es previsible que SARS-CoV-2 siga los pasos del virus de la gripe H1N1 (gripe porcina), que desde México y EE.UU. causó una pandemia en 2009, siendo la mayoría infecciones leves. Desde entonces se ha establecido como un virus endémico en muchos países y reaparece ocasionando una proporción variable aunque reducida de cuadros catarrales.