Diego Abarca
El compositor que desea construir un perfil sólido encuentra en la formación un recurso estratégico que articula práctica, reflexión, comunidad y visión profesional, y en el que las competencias tecnológicas se integran hoy como un componente creativo más.

La composición musical exige sensibilidad, intuición y técnica. En la industria musical del siglo XXI, donde la tecnología adquiere un protagonismo creciente, las competencias tecnológicas se integran como un componente más del proceso creativo.
Los equipos multidisciplinares reflejan una realidad sociocultural en la que la música y el sonido convergen con el ámbito audiovisual, las artes performativas [en las que el artista utiliza su propio cuerpo como herramienta principal de comunicación], la práctica instrumental y los nuevos formatos digitales.
Por ello, dominar herramientas y recursos tecnológicos no se limita a utilizar la inteligencia artificial para generar música: la tecnología se convierte en un instrumento, un parámetro y un medio expresivo dentro del lenguaje compositivo y en la trayectoria profesional del compositor contemporáneo.
Los secuenciadores de audio (DAW), editores de partituras y entornos de programación, son recursos fundamentales que la composición actual requiere, se presentan como un instrumento más para crear el material sonoro de la obra.
Estudiar composición y tecnología crea la brújula del compositor actual: amplía la paleta sonora, impulsa el trabajo en equipo y fortalece el criterio, incluida una relación crítica con la IA, para organizar el sonido en el tiempo conscientemente.
Comprender el oficio para actuar en el mercado
Componer no es solo tener ideas: es organizarlas, darles forma y responder a encargos con claridad, método y capacidad de adaptación.
Aquí surge una pregunta clave: ¿por qué sigue siendo importante la formación estructurada en un campo tan creativo? Porque ofrece un marco de trabajo donde el compositor consolida su lenguaje, adquiere herramientas y desarrolla criterio para dialogar con profesionales de distintos ámbitos —docentes, directores, intérpretes y productores—. Este entorno de aprendizaje es una etapa necesaria para incorporarse y desenvolverse con solvencia en un mercado cada vez más interdisciplinar.
Del proyecto personal al encargo profesional
A lo largo de la historia, las primeras obras de una compositora o un compositor revelan la aparición de un lenguaje propio dentro de una estética concreta. Sobre ese punto de partida se incorporan, de manera consciente o no, nuevos recursos que enriquecen el discurso musical.
Para integrar de forma consciente las técnicas de composición y las herramientas tecnológicas actuales en el proceso creativo, es fundamental contar con un itinerario formativo bien diseñado. Este debe ofrecer espacios para aprender, experimentar y desarrollar ideas musicales en un marco de aprendizaje intencional y alineado con el contexto profesional de la composición. Entre sus elementos claves, destacan:
- Sesiones informativas y atención a necesidades específicas.
- Planificación de plazos, hitos y revisiones.
- Entrega de materiales listos para su interpretación o para su integración en otros medios.
Así, el tránsito del proyecto personal al encargo profesional se consolida mediante una formación estructurada, objetivos claros y estándares de entrega propios del ámbito laboral.
Este tipo de dinámicas favorece que el compositor construya un porfolio sólido capaz de mostrar su versatilidad ante productoras, agrupaciones, instituciones culturales o centros educativos.
En muchas ocasiones, esta práctica nos invita a expandir nuestro enfoque artístico y descubrir intereses que, antes del proceso formativo, no estaban tan presentes: música para medios audiovisuales, composición para escena, proyectos interdisciplinares, investigación sonora o tareas docentes que den libertad al discurso y nuestra proyección artística.
La importancia de aprender acompañado
Aunque persiste la imagen romántica del compositor solitario, la realidad profesional es otra. La composición contemporánea es colaborativa y se desarrolla en equipos multidisciplinares que constituyen nuevos espacios tanto de creación como de aprendizaje. En este contexto, un proceso formativo bien diseñado permite.
- Recibir feedback experto de docentes y profesionales en activo.
- Contrastar ideas con otros compositores.
- Analizar repertorios desde múltiples perspectivas estéticas, técnicas y tecnológicas.
- Desarrollar hábitos de trabajo sostenidos que favorezcan la continuidad y la calidad del proceso creativo.
Este acompañamiento convierte la composición en una experiencia compartida. La interacción con compañeros y docentes crea un ecosistema fértil que impulsa oportunidades futuras: colaboraciones, proyectos conjuntos y vínculos académicos que, con frecuencia, nacen en estos entornos de aprendizaje y práctica.
Influencias en la carrera profesional del compositor
La trayectoria de una compositora o un compositor rara vez sigue una única línea. Suele articularse en varias áreas de actividad que pueden convivir y retroalimentarse, como:
- Encargos para medios audiovisuales, teatro o danza.
- Composición instrumental para concierto.
- Proyectos educativos y de divulgación.
- Investigación y desarrollo de nuevas estéticas.
- Gestión, coordinación y docencia en programas artísticos y académicos.
La formación avanzada permite que estas vertientes se refuercen entre sí. Al adquirir herramientas analíticas, pedagógicas y tecnológicas, el perfil profesional se vuelve más versátil y aumenta la posibilidad de integrarse en circuitos laborales diversos.

Trayectorias transformadoras: el compositor que vuelve a su aula
Desde un enfoque personal, cursar un máster en composición musical me permitió conocer y aplicar distintas técnicas y recursos, favoreciendo mi desarrollo y mi adaptación a entornos creativos profesionales. Estas competencias me han llevado a integrarme en el Área de Música de UNIR como docente y coordinador académico del Máster en Composición Musical con Nuevas Tecnologías.
Más que una autorreferencia, comparto mi experiencia porque ilustra el valor de una buena formación y de una red de trabajo: el apoyo de mis maestras y maestros ha orientado mi desarrollo como compositor y académico. Gracias a ello he podido:
- Estructurar el aprendizaje y ordenar el proceso creativo.
- Desarrollar proyectos que vinculan la composición con la reflexión pedagógica.
- Participar en iniciativas artísticas y académicas que ampliaron mi red profesional.
- Asumir responsabilidades de gestión en el ámbito musical y universitario.
La música del siglo XXI se escribe en muchos espacios. Algunos tradicionales; otros, completamente nuevos. Por eso, el compositor que desea construir un perfil sólido encuentra en la formación un recurso estratégico.
La formación en composición musical no es un trámite ni de un requisito formal, sino un proceso que articula práctica, reflexión, comunidad y visión profesional. Ofrece un territorio donde técnica, creatividad y orientación profesional se encuentran. En él, el compositor adquiere herramientas para comprender su lugar en el ecosistema musical contemporáneo. Y, como muestran muchas trayectorias, puede convertirse en el punto de inflexión que abre nuevas responsabilidades, proyectos y caminos en la carrera profesional del compositor.
(*) Diego Abarca, docente y coordinador académico del Máster en Composición Musical con Nuevas Tecnologías de UNIR, es compositor, productor e intérprete musical. Graduado en Música y Máster en Composición Musical por UNIR. Su trabajo artístico e investigador explora la integración de la tecnología aplicada a la composición y a la música tradicional. Desde 2008 colabora como intérprete y arreglista con Marta Gómez, nominada a los Latín Grammy (2016 y 2018).
- Facultad de Artes y Ciencias Sociales






