Jueves, 27 diciembre 2018

Vicente Coello o el genio tras los guiones de Paco Martínez Soria

Pocos intérpretes cómicos han generado mayor simpatía que Paco Martínez Soria (1902-1982). Con su humor ingenuo y su fisionomía apacible, el actor de Tarazona conquistó a varias generaciones con un cine familiar y amable, en aspectos poderosamente críticos, que apelaban al espíritu colectivo de la España más costumbrista.

La efigie de Martínez Soria es reconocible sin dificultad, y sus papeles son fácilmente identificables. Sin embargo, la generalidad del público desconoce de dónde proviene ese personaje, ya arquetípico, que definía al entrañable Martínez Soria; no se conoce quién ponía voz y acción a un intérprete de carácter, y quién forjó la leyenda del provinciano bonachón con historias repletas de moralina. 

Vicente Coello Girón (1915-2006) fue el guionista fetiche del cine de Paco Martínez Soria, un imprescindible tan desconocido como el eslabón perdido o el paradero del Arca de la alianza. Coello Girón no solo había sido un periodista de prestigio, sino que se adentró en el mundo del cine escribiendo guiones como los de Pequeñeces (1950, Juan de Orduña), Recluta con niño (1956, Pedro Luis Ramírez) con Vicente Escrivá, o Los ladrones somos gente honrada (1956, Pedro Luis Ramírez). Aunque suyos fueron los libretos de otros títulos imprescindibles como El tigre de Chamberí (1956), La familia y… Uno más (1965), Historias de la televisión (1965), El turismo es un gran invento (1967), La vida sigue igual (1969) Cateto a babor (1969), Atraco a las tres (1962) o Vente a Alemania, Pepe (1970), fue con Paco Martínez Soria con quien consiguió una simbiosis perfecta, convirtiendo a un actor en un auténtico icono, valedor del cariño del público. No está de más recordar, esta semana en la que el intérprete cumpliría 116 años, los motivos del éxito de las películas del tándem Coello-Martínez Soria.  

Cambios sociales 

Bien por su profesión de periodista, bien por el contexto en el que se inscribe, las cintas de Coello siempre aludían a los cambios sociales. Estos quedaron reflejados de manera inequívoca en La ciudad no es para mí (1965, Pedro Lazaga), coescrita con Fernando Ángel Lozano y Pedro Masó, en la que el peso de la modernización social cobra una relevancia vertebral. La escena del imposible cruce de calle con Manolo Gómez Bur es ya un clásico. 

Conflicto generacional 

Las diferencias entre generaciones quedan reflejadas en películas como Abuelo Made in Spain (1969) y especialmente en ¿Qué hacemos con los hijos? (1967), ambas de Pedro Lazaga, donde un taxista debe hacer frente a la vocación y apetencias de unos hijos alejados del espíritu de sacrificio y abnegación de décadas pasadas. En esa pugna de poder, la reflexión de la madre: “Tienes razón, pero piensa que ellos también pueden tenerla” es la mejor forma de conciliar a generaciones dispares. 

Provincia vs ciudad 

En su rol de provinciano, Martínez Soria fue testigo de los cambios urbanísticos, de la modernización de la sociedad y de la brecha entre campo y la gran urbe. En El turismo es un gran invento (1968, Pedro Lazaga), los lugareños no tomaban sofisticado whisky sino “Clarete hecho en el propio pueblo”, y en Hay que educar a papá (1971, Pedro Lazaga), se llega a decir que “la educación de los padres es obligación de los hijos”, o que todavía hay lugares en los que la vida sosegada es posible. 

 

La vida sigue  

Pocos mensajes resultan más eficaces en el cine que la idea de que la vida continúa a pesar de todo. En El padre de la criatura (1972, Pedro Lazaga) un sexagenario concibe a un nuevo hijo, mientras en Es peligroso casarse a los 60 (1980, Mariano Ozores), una hija desconocida aparece en la vida de Martínez Soria para trastocar su jubilación. Peor circunstancia vivirá en Estoy hecho un chaval (1976, Pedro Lazaga), en la que una familia numerosa se une a la ecuación del paro y la emigración, para formular una denuncia a la situación de precariedad social. Sea como sea, y con independencia de los problemas que sobrevengan, el mensaje de que la vida sigue adelante es la clave del éxito. 

El amor no tiene edad 

Uno de los aspectos que genera mayor éxito cinematográfico es el amor, y cuando este se muestra atemporal, la deriva lógica es que el amor no tiene edad. Coello certificó esta temática en varios guiones, especialmente en El abuelo tiene un plan (1973, Pedro Lazaga), El alegre divorciado (1975, Pedro Lazaga) o ¡Vaya par de gemelos! (1978, Pedro Lazaga). Ni los años ni los achaques pueden dar al traste con el amor, mucho menos cuando Coello Girón escribe el libreto.