Jueves, 12 abril 2018

Rodolf Sirera, guionista de La Catedral del Mar: “Hay que persistir hasta que puedas escribir tu serie”

La catedral del mar es una serie basada en la novela del mismo título escrita por Ildefonso Falcones y que ha sido uno de los mayores éxitos editoriales de los últimos años, con más de seis millones de libros vendidos y traducida a 31 idiomas. Esta serie, una de las que más expectación ha creado en los últimos tiempos, es una coproducción de Antena 3 y Netflix y va a ser estrenada próximamente.

La catedral del mar narra la historia de la construcción de la basílica de Santa María del Mar, en la Barcelona del siglo XIV y se centra el personaje de Arnau Estanyol, un hombre que intentó frenar los abusos de reyes y nobles.  

Hemos charlado con el coordinador de guion de la serie, Rodolf Sirera. Es uno de los guionistas de mayor prestigio y curriculum de la televisión en España. Con una sólida carrera como autor teatral, comenzó a trabajar hace casi 30 años en las primeras ficciones que se hicieron en la extinta Canal Nou. Tras ello y, entre otras, ha sido guionista en series tan recordadas como Temps de Silenci, El súper y el que ha sido el gran éxito que ha marcado su carrera: Amar en tiempos revueltos, cuyos guiones coordinó en las siete temporadas que duró la serie en TVE. 

 Adaptar una novela tan conocida y que ha tenido un éxito internacional tan apabullante, ha debido ser todo un reto ¿Hasta qué punto te has sentido atado por el material original? 

La adaptación de la catedral del mar sigue muy fielmente la novela. Están marcados y matizados personajes, enriquecidas algunas cosas, pero sigue bastante el espíritu del libro. El material de partida era lo suficientemente rico y con posibilidades como para que no hayamos tenido que realizar grandes alteraciones, más allá del cambio de orden de elementos y de la matización de algunos personajes. 

¿Qué diferencias encuentras entre trabajar adaptando una novela y el trabajo con material original? 

Esta es la primera novela que he adaptado, aunque después hice otra, La sonata del silencio. Las novelas tienen una cosa para maravillosa, al menos para mí y es que se acaban, es decir que no son historias que puedan durar eternamente. Además, acotan mucho el terreno, no es posible hacer 200 capítulos de una novela. Las novelas también se mueven bien en estos formatos que, afortunadamente han comenzado a nacer, que significan la ruptura del número 13 como estándar del número de capítulos para una serie.  

¿Cómo te uniste al proyecto de adaptar La catedral del mar en una serie de televisión? 

La catedral del mar es un proyecto que ha producido Diagonal TV para Antena 3, Netflix y TV3. Yo había trabajado con esta productora coordinando los guiones de la serie Amar en tiempos revueltos, que se emitió en TVE hasta el año 2012 y poco después de acabar, me hablaron de esta idea. Me pidieron que leyera la novela para su posible adaptación. Me hizo mucha ilusión porque pensaba que estaba condenado a hacer telenovelas toda mi vida. Hice un primer documento valorando cómo se podría adaptar y les gustó. 

¿En qué consistía este primer documento? 

Explicaba qué puntos fuertes tenía la historia y por qué albergaba posibilidades para ser adaptada a la pantalla. Además de esto, desarrollaba los puntos que había que reforzar y marcaba la posible estructura de la serie en seis capítulos. En total, era un documento de unas 50 páginas, bastante detallado. Al cabo de un tiempo me dijeron que necesitaban ver más y me encargaron la escritura de un piloto de casi 70 minutos, ya que aún no estaba claro el formato.  

¿Y cuándo comenzó la escritura de los capítulos? ¿Lo hiciste solo o fue un trabajo en equipo? 

Hasta pasado un año no me llamaron para decirme que había luz verde y que podía empezar a escribirlos. Yo propuse que se unieran al proyecto dos guionistas con los que me entiendo extraordinariamente bien y que son Antonio Onetti y Sergio Barrejón. Además, ellos han hecho cine y yo no y me interesaba que estuvieran por el tipo de cosas que queríamos hacer.  

Escribimos los seis guiones y se los pasamos a Jordi Frades, el director de la serie, con el que me entendí a la perfección. El problema surgió cuando se empezó a ver que la producción era muy complicada y muy cara y solo se haría si se conseguía una coproducción.  

Hubo una primera posibilidad de que entrara capital alemán y como allí es habitual el formato de miniserie de dos capítulos, me pidieron hacer una adaptación a dos capítulos de 90 minutos. Aquello se hizo, pero finalmente los alemanes no entraron. Luego se vio que quizá era posible la producción con capítulos más cortos, de 60 minutos o menos y me pidieron estudiar la posibilidad de dividirlo en siete. Al final entró Netflix y se buscó un formato más internacional: ocho capítulos de 50 minutos, que es lo que finalmente se ha hecho.  

Una de las quejas de los guionistas en España es la imposición de capítulos excesivamente largos ¿Qué ha supuesto trabajar con episodios de 50 minutos? 

Tenemos la fortuna de que, con esta ruptura de esquemas rígidos, también se ha roto el de los 70 minutos y se empiezan a producir series de menor duración que facilitan la posibilidad de salir al exterior. Es lo que hace falta. Con capítulos tan largos estábamos obligados a escribir prácticamente películas y éstas tienen otras reglas, otra manera de contar las cosas.  

Por último ¿Qué le dirías a alguien que está empezando en esto? 

He conocido a muchos guionistas en mi vida, también a muchos alumnos porque también he dado clases, gente muy buena, con muchas ideas, pero esto solo no vale. Es imprescindible aguantar y disciplinarse, hay una parte muy importante de esta carrera de fondo que es la constancia. Yo estoy muy contento de que gente que ha asistido a mis seminarios y talleres, al cabo de un tiempo me han escrito y me han dicho: “Estoy trabajando en tal sitio, no es mi serie, no es lo que querría hacer, pero estoy trabajando”. Eso es lo que creo que hay que hacer, hay que persistir y llegará el día en el que puedas hacer tu serie. Hay que pensar que las cosas no vienen porque sí, y que, sobre todo, hay que moverse y trabajar muchísimo.