Jueves, 23 mayo 2019

¿Por qué es tan difícil cerrar Game of Thrones si todo el mundo sabe cómo?

Escribir historias es uno de los oficios más bellos del mundo. Las historias nos ayudan a ordenar nuestro caos emocional y a comprender mejor la realidad que nos rodea. Son un arma poderosa y crearlas, además de un ejercicio terapéutico, puede ser tremendamente divertido.

¿Quién no querría haber sido uno de los guionistas de Game of Thrones? Esta es la aspiración de cualquier alumno de nuestro Máster en guion online de UNIR; al menos hasta que la última temporada ha sido emitida. De ser el trabajo más envidiado del mundo, ha pasado a ser el más temido. Y no es de extrañar: millones de ojos juzgan tu trabajo, las redes arden clamando que no, así no y un subtexto planea en todas las críticas vertidas: “no vales para lo que haces, yo lo podría haber hecho mejor”.

Escribir una serie es un trabajo muy complicado. La multiplicidad de factores que entran en juego y que hay que orquestar para que todo funcione es mucho mayor que la de escribir un largometraje, por ejemplo. Personajes, situaciones, expectativas: hay que lidiar con todo un universo y cerrarlo es una tarea prácticamente imposible.

En la revista Wired ha aparecido un artículo que analiza el por qué de esta dificultad desde el punto de vista del guion. Todo se basa en la existencia de dos tipos de guionistas (o mejor dicho, de creadores de historias, porque también atañe a la literatura): plotters y pantsers. Ambos términos tienen una difícil traducción al español, aunque quizá podríamos llamarlos planificadores e improvisadores.

Los dos tipos de guionistas que existen

Plotters o planificadores son aquellos guionistas que, antes de escribir, conciben su trabajo perfectamente, crean una escaleta en la que todos los elementos más importantes de la historia se trazan perfectamente, incluido el final.

Gracias a esto, las historias siguen un discurrir lógico, los elementos dramáticos están bien colocados, funcionan como un engranaje engrasado y se evitan problemas como el bloqueo creativo, porque siempre se sabe hacia dónde se va. Sus finales suelen ser más satisfactorios porque todo ha sido creado para llegar a ello de una forma orgánica y exenta de peligros como el deus ex machina.

Pero esta forma de trabajo también implica dificultades. Los personajes se resienten porque, a menudo, hay que ponerlos al servicio de la acción y puede que esto no case totalmente con la personalidad trazada. Esto provoca que el espectador lo pueda sentir como algo forzado, sin alma y demasiado rígido.

Los pantsers o improvisadores plantean su trabajo de una forma completamente diferente: van hacia adelante sin una meta definida; crean una situación y unos personajes que comienzan a vivir en un entorno creado a tal efecto. Son historias que se sienten muy reales, en las que todo lo que les ocurre a los protagonistas es verdadero, complejo, lleno de matices.

¿Cuáles son los problemas inherentes a este tipo de escritura? Que los personajes comienzan a crecer por líneas inesperadas, que el relato se abre de forma infinita y que se convierte en algo prácticamente imposible de cerrar.

En los tipos de guionistas reside la insatisfacción de los espectadores.

George R. Martin, el creador de Game of Thrones conoce perfectamente la diferencia entre uno y otro tipo de escritor. De hecho, él los llama arquitectos y jardineros. El arquitecto crea planos y estructuras que sostienen el edificio. El jardinero planta semillas que crecen, quizá sin control, como los libros que él mismo escribe.

El artículo de Wired plantea la teoría de que, en la diferencia entre ambos tipos de escritura, reside esta sensación de insatisfacción que el espectador ha sentido. Game of Thrones siempre fue el típico producto creado por el jardinero George R. Martin, un lugar donde los personajes florecían por doquier, donde cualquiera podía morir sin importar el protagonismo que pareciera tener en la trama.

Todo obedecía a una lógica narrativa que se parece mucho a la vida: compleja y hermosa, con recovecos sucios, oscuros y dramáticos y con la sensación de que no tenía por qué acabar. Este fue uno de los secretos del éxito de la serie.

Pero Game of Thrones debía cerrarse, nada dura eternamente. Había que planificar el final. Y toda aquella espesura que había crecido sin control, había que desbrozarla. Game of Thrones pasó de ser una serie de jardineros hasta la temporada 6 a ser una serie de arquitectos en la temporada 7 y 8. Aquí es donde el público ha percibido que algo ha cambiado y que ya no es su serie.

En este momento es cuando se ha perdido la sensación de que Game of Thrones se parecía a la vida, aunque tuviera lugar en un continente de fantasía. Había que encajar las piezas y por eso los movimientos de algunos personajes se han sentido forzados y poco creíbles. Esta es la razón de que todo el mundo critique lo ocurrido con tal o cual personaje, de que todo nos parezca precipitado y poco creíble. De repente, los personajes se han tenido que someter a la planificación y eso no había pasado hasta ahora.

 El fenómeno ocurrido con Game of Thrones, se parece enormemente al ocurrido con Lost.

Mirándolo con perspectiva, el fenómeno ocurrido con Game of Thrones, se parece enormemente al ocurrido con Lost. Series creadas para crecer sin control tienen que ser sometidas a él cuando acaban y eso, además de tarea imposible, jamás lo podremos aceptar.

Si algo ha quedado como positivo en el final de este fenómeno mediático ha sido la posición de centralidad que el guion ha adquirido en el audiovisual. Entre el gran público se han democratizado términos de uso exclusivo entre los guionistas: en la cola del supermercado se pueden escuchar ahora palabras como trama, arco dramático o clímax. Ahora se sabe ya que quien maneja los hilos de la función en el audiovisual es en realidad quien la escribe.

Y quizá por eso sus creadores han dejado un homenaje a la profesión en los últimos minutos del metraje. Han puesto en boca de Tyrion Lannister el discurso más hermoso que un guionista pudiera escuchar y que seguramente sea una de las razones principales por las que amamos el oficio, por duro que a veces sea: “porque no hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia, nadie puede pararla y ningún enemigo la podrá jamás derrotar”.