Jueves, 07 marzo 2019

Nuestro cine: un tributo a mis alumnos del Máster en Guion Online

“Si quieres aprender, enseña”. Esta frase de Cicerón, infinitamente más sabia que la filosofía de la nueva era, resume a la perfección la labor docente. Solo enseñando se llega a aprender.

En pocos días concluye el primer cuatrimestre de uno de los mejores cursos que he vivido en el Máster de Creación de Guiones Audiovisuales de UNIR, uno de esos cursos cuyos alumnos, uno a uno, han sido los mejores maestros.

Conformado por estudiantes de variadas nacionalidades, hace meses que me percaté de la oportunidad magnífica que suponía poder aprovechar nuestros encuentros para entender el séptimo arte desde una perspectiva diferente, la nuestra, la de nuestro cine.

Los alumnos del Máster en Guion Online de UNIR, en la última jornada de pitching con Productoras del pasado octubreLos alumnos del Máster en Guion Online de UNIR, en la última jornada de pitching con productoras del pasado octubre

Con este nombre, nuestro cine, bautizamos un foro que, pese a haberlo puesto en práctica durante otros cuatrimestres, fue exponencialmente mejorado en este curso. “Nos interesan esas películas que nos han marcado, que nos gustan con o sin motivo; las cintas que nos definen en cualquier idioma y de cualquier nacionalidad”.

Pasión cinéfila sin censura

Bajo esta consigna, los estudiantes comenzaron a compartir sus experiencias cinematográficas, a hablar de infinitud de películas que nos trasladaban de norte a sur; de este a este. Cintas portuguesas, ecuatorianas, danesas, colombianas, japonesas o peruanas, todas ellas expuestas sin directrices, sin orden, sin concierto, solo motivadas por nuestra propia pasión cinéfila.

En nuestro ágora no ha habido censura. ¿Para qué acotar lo que es inagotable? Aunque se dio inicio con las películas que nos habían empujado a estudiar cine, o aquellas de las que nos atrajo el nombre o la nacionalidad, pronto derribamos barreras y ampliamos el campo de visión, departiendo sobre Netflix o cómo influirá en la narrativa modular la película interactiva Black Mirror, Bandersnatch.

Paso a paso, la atención se fue posando sobre aspectos más humanos, preguntándonos por qué, si compartimos un idioma y un acervo común, en España tenemos un conocimiento tan escaso del cine latinoamericano, o por qué en ninguno, ni a este lado ni al otro de cualquier océano, se tiene debido conocimiento de las mujeres cineastas. Grandes preguntas a las que hemos intentado dar respuesta.

Como nada define mejor lo que sabemos que el entorno del que partimos, se establecieron diálogos en torno a los temas que más nos interesaban, lo que nos llevó al cine vasco actual, a las mejores adaptaciones de Shakespeare, al anime de Makoto Shinkai o el éxito de Mejor no hablar (De ciertas cosas) del ecuatoriano Javier Andrade.

Por supuesto no quedaron fuera En el nombre de la hija de Tania Hermida ni Ratas, ratones y rateros de Sebastián Cordero; tampoco nos olvidamos de Lucrecia Martel y La ciénaga; de Lynne Ramsay y Rat Catcher o de Claudia Llosa y La teta asustada.

Y así, en medio de un diálogo ininterrumpido, llegó la hora de la epifanía, aquella en la que la verdad es revelada. Entre los estudiantes, todos ellos infinitamente sabios, se encontraban dos alumnas cuyo bagaje alcanza cotas de altísimo valor cinematográfico.

Por un lado, conocimos que Claudia Fernanda Pedraza Olaya fue primer asistente de dirección de la cinta El abrazo de la serpiente (2015, Ciro Guerra), película colombiana cuya historia, la de un chamán de la Amazonía que ha sobrevivido a toda su tribu, no solo resultó ganadora en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes, sino que además fue nominada al Oscar a Mejor película de habla no inglesa.


Durante este curso, además, se estrenó Pájaros de verano, donde Claudia repitió con el mismo equipo y con semejante resultado para la cinta. Fue seleccionada para la Quincena de Realizadores de Cannes y pre nominada por Colombia para los Premios Oscar.

También gracias a este curso pudimos conocer a Rosario García Montero Pinilla, alumna peruana cuya opera prima, Las malas intenciones (2011), es un auténtico hallazgo. Nominada al Oso de Cristal en la Berlinale y premiada como Mejor Película del año en el Festival de Cine de Lima, su tono descarnado, introvertido y al tiempo apasionado es de una fuerza difícilmente descriptible.

Su argumento es tan demoledor como eficaz. Cayetana (Fátima Buntinx) es una niña que vive en el Perú de los años ochenta. Sus padres acaban de divorciarse y, a resultas de esa separación, su madre contrae nuevamente matrimonio y espera un hijo. Cayetana vive atenazada por el dolor y aspira a ser una heroína, de esas cuyas estatuas coronan las ciudades y dan cuenta de sus grandes hazañas. Sin embargo, su asma, el difícil contexto sociopolítico y, sobre todo, la vivencia de su entorno familiar, harán de ella una persona desgraciada, capaz de llegar a las mayores crueldades para vengar su injusticia.

Aunque Rosario admite que le han influido autores como Charles Burnett, Thomas Alfredsson o John Cassavetes, viendo su película no puedo sino pensar en el sadismo soterrado de muchos personajes de Michael Haneke, con esa mezcla de ingenuidad e impudor.

Se termina un cuatrimestre irrepetible, ya lo he dicho, pero a este equipo de cinéfilos le queda mucho rodaje en el mundo del cine.

El curso se acaba, es cierto; pero, para todos, el futuro no ha hecho más que comenzar.