Lunes, 17 junio 2019

Melissa Mathison: el corazón de E.T. El extraterrestre

De dónde nacen las ideas; cómo se conjuga vida y cine; cómo sublimar una mala experiencia y convertirla en arte. Estas son algunas de las preguntas sin fácil respuesta que emergen en la mente de cualquier aspirante a guionista. La respuesta no es otra que el esfuerzo, la motivación y la colaboración. No hay que olvidar que cuando dos talentos se unen en el cine es difícil, cuando no imposible, que de su alianza no emerja una genialidad.

Esto sucedió hace treinta y siente años, cuando Steven Spielberg y la guionista Melissa Mathison concibieron juntos una obra maestra de la ciencia ficción, E.T. El extraterrestre, la cual es considerada como una de las cintas juveniles más conmovedoras, perspicaces y emocionantes de la historia del cine.

No obstante, y contra todo pronóstico, la primitiva idea en la que germinaría E.T. fue, sin duda, una experiencia traumática. En los años sesenta, los padres de Steven Spielberg decidieron divorciarse.

El pequeño Steven se imaginó entonces un personaje alienígena, alguien que pudiera suplir la figura de un padre ausente y le entregase el apoyo fraternal que el director, hijo único, jamás podría conseguir de un hermano.

Esta ensoñación vivió en la mente de Spielberg hasta los años ochenta, cuando una guionista llamada Melissa Mathison fue capaz de insuflarle toda la vida posible a veinticuatro fotogramas por segundo. Como el propio cineasta reconoció años después: “Melissa tenía un corazón lleno de generosidad y amor, y que resplandecía tanto como el que le entregó a ET”.

Mathison no era una recién llegada a Hollywood. Durante los años previos, la guionista había contribuido a los diálogos de El córcel negro (1979, Carroll Ballard), e incluso había abandonado sus estudios de Ciencias Políticas por participar en tareas de asistente en El Padrino II (1974), La conversación (1974) y Apocalypse Now (1979), todas ellas de Francis Ford Coppola.

Hablamos, por lo tanto, de una guionista curtida, sabedora de los entresijos de la profesión y, además, experta en emociones, un talento que Steven Spielberg no tardaría en aprovechar.

El proceso que Mathison y Spielberg siguieron para completar un filme como E.T. El extraterrestre fue tan metódico como cabría esperar de dos profesionales. El director le comentó a la guionista no solo la imagen de un alienígena acompañando la desolada infancia de un niño, sino también otro proyecto oscuro, mucho más oscuro, nacido al albor de Encuentros en la tercera fase, titulado Night Skies.

Esta cinta jamás llegó a ser producida, pero su material sirvió de basamento tanto para E.T. como para Poltergeist, de la que Spielberg fue productor y coguionista. El eje de Night Skies, cuyo primer texto había sido solicitado a John Sayles, giraba en torno a una familia que se encuentra con lo insondable, al ser presas de un grupo de alienígenas que llegan a su hogar.

En un viaje a Túnez

Todo ello sucedió en Túnez, a donde Mathison y Spielberg viajaron, ya que el cineasta y el futuro marido de la guionista, Harrison Ford, se encontraban en pleno rodaje de otra obra paradigmática, En busca del arca perdida. Fue allí donde ambos, Mathison y Spielberg, quedaron profundamente conmovidos ante la idea de un alienígena que llega a la Tierra y, rompiendo estereotipos, abandona el perfil amenazante y se convierte en un aliado de un niño.

Cuando regresó a Hollywood, Mathison elaboró una propuesta que Spielberg no podría rechazar. Tras cinco días encerrada en su oficina de Holllywood, por fin consiguió afinar el guion que daría forma primigenia a E.T.

Así llegó el borrador de 107 páginas que Mathison le envió al director. Cuando Spielberg lo leyó, en apenas una hora, sabía que había encontrado el tono, el ritmo y la emoción que buscaba. Como el propio director confesaría años más tarde: “Cuando leí el borrador me quedé noqueado. Estaba dispuesto a rodarlo al día siguiente. Era muy honesto, y la voz de Melissa conectó directamente con mi corazón”.

Tras ocho semanas ultimando el texto, una duración exigua en términos cinematográficos, Spielberg y Mathison habían conseguido inyectar vida al extraterrestre más enternecedor de la historia del cine, un ser en el que ningún estudio confiaba plenamente (se creía que la película asustaría a los niños y aburriría a los adultos), y que, sin embargo, se ha erigido en una cinta de culto generación tras generación.

Sin duda es una ocasión única para celebrar la valentía de dos genios que, confiando uno en el otro, construyeron parte de nuestra educación sentimental cinematográfica.