Viernes, 08 febrero 2019

Los guiones de los Goya: cómo se combina arte, taquilla y calidad

¿Cuál es la fórmula del éxito? ¿Cómo se puede engatusar al público, ofrecer un producto cultural y, al mismo tiempo, proveer entretenimiento a la audiencia? Estas cuestiones, en absoluto baladís, atenazan a muchos jóvenes guionistas, quienes desconocen si es posible aunar calidad y público.

Hace apenas unos días se celebró la 33 Edición de los Premios Goya, cita anual con lo mejor de nuestra industria, en la que se premia el valor artístico de las cintas y también su éxito comercial. En el cine nada está reñido, solo la intransigencia encuentra brechas donde solo hay vasos comunicantes.

Con la entrega de los Goya reciente, este es el momento idóneo para reflexionar acerca de los galardones con las dos películas más celebradas y sus respectivos guiones: Campeones y El reino. Solo así descubriremos que es posible combinar arte, taquilla y calidad, como les recuerdo especialmente a mis alumnos del máster en guion online de UNIR.

Campeones

Lograr cerca de 19 millones de euros con una película española implica, cuando menos, celebrar la buena salud del cine español. La cinta de Javier Fesser, que está cerca de quintuplicar en beneficios su presupuesto inicial, ha resultado toda una revelación desde que se estrenase en abril del pasado año. Su éxito público, el reconocimiento de su valía y el talento de todos los implicados en el proyecto dan cuenta de su inconmensurable valor.

Su guion aúna conciencia social, tensión personal y conflictividad laboral, todo ello macerado con innumerable dosis de humor y humanidad. Marco (Javier Gutiérrez) es el segundo entrenador de un equipo de baloncesto. Sus desmanes y, sobre todo, su soberbia, hacen que sea despedido. En un arrebato, conduce ebrio hasta que colisiona contra un coche policial, siendo condenado a noventa días de servicios a la comunidad. Así entrena al equipo Los amigos, un grupo de jugadores con discapacidad física e intelectual que pondrán a prueba su paciencia y su humanidad.

Firmado por David Marqués y Javier Fesser, el guion vuelve a dar una vuelta de tuerca al concepto de normalidad tan del gusto del director de El milagro de P. Tinto o Vinta y la gran idea. Rescatar a quien se cree rescatador y noquear a una sociedad necesitada de lecciones de vida son parte del atractivo de esta historia de superación, diversidad e integración.

El reino

Obtener 1,4 millones de euros es síntoma de aceptación pública. Si a eso le sumas unanimidad en la crítica y un palmarés de siete premios Goya, incluidos los de Mejor director, Mejor guion y Mejor actor principal, no se puede sino concluir que El reino es un éxito.

Su argumento es intrincado, aunque todo parta de una premisa pasmosamente sencilla. El vicesecretario de un partido autonómico, Manuel (Antonio de la Torre), goza del favor del partido para asentarse en Madrid y así acceder a las elecciones generales. Casado, padre de familia y poseedor de un inestimable nivel de vida, todo en él parece idílico. Sin embargo, la convulsión está latente: uno de sus hombres de confianza es detenido por corrupción. Esto no debería suponer ningún desbarajuste en la vida de Manuel, salvo por el hecho de que él, como otros compañeros, está involucrado en el mismo juego de luces y sombras. A partir de entonces, su vida se convertirá en un auténtico frenesí para seguir manteniendo su honorabilidad y su posición.

El guion, firmado por Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, es una clase magistral de creación de tensión. La cinta, que consigue atrapar con su ritmo frenético y su in crescendo emocional, logra que el desasosiego se apodere del público, en una enardecida contrarreloj en busca de la libertad. El armazón de su guion resulta una auténtica obra maestra.