Jueves, 08 agosto 2019

Lo que el viento no se llevó: 80 años del mito

Una película no se convierte en leyenda de manera arbitraria. El cine es demasiado complejo para dejar su devenir en manos del azar. Solo conociendo la verdadera historia que subyace a cada producción se puede entender su auténtico calado, su huella.

Lo que el viento se llevó ya era un éxito antes de que el libro de Margaret Mitchell fuera publicado. La periodista realizó un trabajo ímprobo de documentación durante media década para pulir una novela repleta de arquitectura, de caracteres, de costumbres, de filias y de fobias de la Georgia del siglo XIX, antes del advenimiento de la Guerra de Secesión y durante sus devastadores efectos.

La vida de Scarlett O’Hara y de sus convecinos conmocionó a unos Estados Unidos que, en 1936, no percibían tan lejano el conflicto civil, además de sentir como propia la terrible historia de la protagonista.

Este año que se cumplen ochenta años del estreno en salas de Lo que el viento se llevó, analicemos qué aspectos fueron los que llevaron a esta gran obra a convertirse en emblema de la historia del cine mundial.

Una novela sin parangón

Hacer una película sobre la base de un best-seller comporta la adhesión del público, ferviente admirador de la obra escrita, si bien implica el reto de lograr representar con la mayor fidelidad posible el trabajo publicado. Aunque Margaret Mitchell se desentendió de los aspectos más cinematográficos durante la producción de la película, estuvo muy implicada en el tono, la atmósfera y el verismo que debían otorgarle a la cinta para que resultase creíble y emocionante.

Protagonista mujer y antihéroe

El personaje de Scarlett O’Hara está repleto de hendiduras e incluso simas. No solo no es ejemplar, sino que posee cualidades propias de un antihéroe en términos narrativos. Ducha en conseguir lo que desea cuando lo necesita, pronto se gana la animadversión de los personajes que le rodean y aun del espectador.

En la novela su arrogancia es muy superior a su belleza, pese a lo cual no cabe duda de que seduce con una inconmovible personalidad. En la película, será Vivien Leigh quien encarne el personaje de esta descendiente de irlandeses, enérgica y competente como ningún otro, que tan pronto lucha contra un soldado de la Unión, ayuda a traer al mundo un niño en un parto difícil o pierde a una hija en terribles circunstancias. Su fortaleza y su célebre sentencia “mañana será otro día” catapultó a Vivien Leigh como leyenda de Hollywood.

Un productor todoterreno

David O. Selznick luchó por el proyecto de Lo que el viento se llevó durante tres años, treintaiséis largos meses en los que su aparato digestivo acusó una carga de responsabilidad desorbitada. Su interés particular en la novela de Margaret Mitchell llevó a comprarla por cincuenta mil dólares, gastándose en escritores, guionistas, secretarios, derechos de reproducción y de adaptación más de cuatrocientos mil dólares, todo ello mucho antes de que fuera seguro que podría llevar la cinta a la gran pantalla.

Un guion complicado

El proceso de escritura del filme fue uno de los puntos más delicados de la preproducción.

Aunque fue el dramaturgo y guionista Sidney Howard el encargado de llevar a cabo la adaptación, condensar las 1037 páginas de la novela a una película asequible en términos de espacio y tiempo resultó toda una odisea. En su ayuda acudió David O. Selznick, quien contrató a dialoguistas y otros escritores para que la historia se desarrollara de manera adecuada, entre los que destacó Ben Hecht, Oliver H.P. Garrett, Jo Swerling y John Van Druten.

Incluso F. Scott Fitzgerald fue precisado para el libreto de la película, a pesar de que su aportación resultó tan escasa como vertiginosa. Finalmente, y basándose en el trabajo de Sidney Howard (quien merecidamente se llevó en Oscar a Mejor adaptación), el guion saldría adelante con la reescritura diaria de Selznick.

Una banda sonora emblemática

Pocos elementos son más susceptibles de alcanzar al espectador como una buena banda sonora. La de Lo que el viento se llevó no solo posee una calidad extraordinaria, sino un elemento emocional que la vincula indeleblemente a la película. El tema de Tara, en concreto, se ha convertido en icono de la cultura occidental, resultando del todo imposible aludir a la historia del cine sin pensar o citar en la partitura compuesta por Max Steiner.

La creación de un mito

Con su estreno no solo se cumplieron los objetivos de David O. Selznick, sino que se marcó un antes y un después en el devenir cinematográfico. Nunca antes se había visto una película como Lo que el viento se llevó y, lamentablemente, jamás volvió a repetirse una producción semejante. El romance malsano de Scarlett O’Hara y Rhett Butler se convertiría, a partir de entonces, en todo un símbolo del cine mundial.