Jueves, 13 febrero 2020

Guiones olvidados por los Oscar: 'Súper empollonas'

Ser el primero de la clase nunca ha sido sencillo. El cine se ha hecho eco, en demasiadas ocasiones, de las vicisitudes que implica ser adolescente e inteligente y no morir en el intento. Las películas iniciáticas de jóvenes han sido explotadas hasta la saciedad, bien pilotando desde el drama y la sordidez, bien enfocándolo desde la comedia más gamberra.

Lo difícil radica, sin duda, en abordar el mismo tema desde una perspectiva diferente, dignificar unos personajes retratados en exceso, eliminar la hormona y sustituirla por la neurona y hacerlo todo, además, desde la perspectiva de género. Labor nada baladí, se intuye.

Esto es lo que consiguió Olivia Wilde con su primera película como directora, Booksmart (Súper empollonas), un retrato generacional que, por vez primera, ilustra cómo el cine sobre la adolescencia puede convivir con la elegancia, la desenvoltura en la actuación y la hondura a nivel narrativo.

Un guion repleto de ternura y veracidad

Para conseguirlo, Wilde se vale de Emily Halpern (Black-ish, Sin cita previa), Sarah Haskins (Carol’s Second Act), Katie Silberman (¿No es romántico? y Cómo deshacerte de tu jefe) y Susanna Fogel (El espía que me plantó, Chasing Life) en la realización de un guion repleto de ternura y veracidad. A pesar de los ademanes millennial, su trama favorece la total identificación del público, algo que, por cierto, resulta de una sencillez palmaria.

Molly (Beanie Feldstein) y Amy (Kaitlyn Dever) son dos estudiantes ejemplares. Amigas desde la infancia, su inteligencia no es solo su rasgo más característico, sino su seña de identidad. Ambas se saben profundas y, lo más importante, se gustan a sí mismas por ello. Sus compañeros de clase no se relacionan con ellas por razones evidentes: Su nivel intelectual y las exigencias de su modus vivendi no maridan con la mediocridad del resto del aula.

Aunque son el azote del director del instituto (Jason Sudeikis), se han ganado el cariño de sus profesores, quienes las admiran por haber conseguido ingresar en Yale y en Columbia respectivamente.

El problema llega el último día de clase, cuando el ego de estas dos súper empollonas colisiona con la cruda realidad: sus compañeros también han conseguido ingresar en las mejores universidades. Es entonces cuando se dan cuenta de que no hay un único camino para llegar al éxito, decidiendo vivir una fiesta épica durante la noche previa a la graduación. Sus vidas, evidentemente, no volverán a ser las mismas.

A pesar de lo manido del tema highschool, esta cinta ha conseguido abrirse camino en el espectro internacional por lo ingenioso de su planteamiento. De hecho, fue nominada a Mejor guion original en los BAFTA, a Mejor Comedia en los Critics Choice Awards, a Mejor director novel para la Asociación de Críticos de Chicago e incluso obtuvo el Premio Independent Spirit a Mejor opera prima (por no mencionar la nominación a la Mejor actriz de comedia para Beanie Feldstein en los Globos de Oro). Analicemos alguna de sus claves:

 

1. Rehuir de los maniqueísmos

Hollywood nos ha curtido en una suerte de ley kármica en la que el sacrificio es recompensado y las malas acciones son castigadas. Súper empollonas, sin embargo, demuestra su ruptura con respecto a esta ley tácita. Molly y Amy se han esforzado lo indecible por conseguir fama de inteligentes, un esfuerzo que deviene frustración cuando se percatan de que sus compañeros consiguen los mismos méritos académicos que ellas. Esta es la primera lección de la película: Una cura de ego para las protagonistas.

2. Evadir el victimismo

Al contrario que la generalidad de los títulos, estas “súper empollonas” no sufren por serlo, al contrario, se consideran superiores al resto de sus compañeros. Lo sencillo habría sido situarlas en el eje del bullying, pero ellas se jactan de no formar parte del grueso de la humanidad. Son ellas quienes, a pesar de ser discriminadas, deciden excluir a sus compañeros.

3. Ser brutalmente perspicaz

Estas adolescentes piensan y exponen sus pensamientos sin filtro, con un anecdotario de su propia vida que puede resultar hasta sonrojante. No obstante, no parecen afectadas por ello. Hablan con una sinceridad libre de recato y repleta de todo tipo de inexperiencias, lo que lleva a la siguiente de sus claves.

4. Retratar la adolescencia real

Los errores propios de la torpeza juvenil quedan retratados con espontaneidad, incluidos los vericuetos de difícil resolución que conlleva la adolescencia. La naturalidad de este guion recuerda a los primeros libretos de Diablo Cody, con un retrato sin ambages de una juventud repleta de conflictos.

5. Ser más intelectual que hormonal

Esta es, quizá, la más importante de las claves de la película, porque Súper empollonas es, sobre todo, un estudio de la condición humana en clave intelectual, con unas guionistas que ponen en boca de dos adolescentes la generalidad de la problemática a la que se enfrenta la nueva ola feminista. Y lo hacen con sus errores, sus virajes, todas sus paradojas.

 

Una película con conciencia de género que, en definitiva, merecía estar nominada a los Oscar, lo que la convierte en una de las grandes olvidadas en esta edición.

Y es una lástima, ya que su guion se desarrolla sin intelectualismos ni pedagogía, algo esencial que distingue el cine de calidad y que convierte a esta película en una propuesta digna de ser disfrutada y celebrada. Todo un descubrimiento.