Jueves, 27 junio 2019

El Mago de Oz: 80 años recorriendo el camino de baldosas amarillas

La ventaja de escribir sobre algo que suscita pasión es que, en cierto sentido, también el escritor se hace partícipe de ese apasionamiento. El formato es indiferente, lo único verdaderamente importante es sentirse subyugado por la historia. Sin esa fascinación no habría arte ni tampoco humanidad.

Muchos de mis alumnos del Máster en Guion online me han hecho saber que fueron testigos, la semana pasada, de mi participación en un programa de RTVE, Secuencias 24 y, tras él, han sido muchos más los que han compartido conmigo la sensación de haberse sentido súbitamente cautivados por la película que Moisés Rodríguez, Guillermo Balmori y yo misma estábamos analizando, El mago de Oz, filme sobre el que acabamos de publicar un libro y por el que el público general siente una predilección indescriptible.

Historia de superación que resultó un desafío

Después de ochenta años y tras convertirse en la película más visionada de la historia, debemos rendirnos ante la evidencia de que, gracias al cine, aquel libro de L. Frank Baum, The Wonderful Wizard of Oz (1900), se ha convertido en todo un icono cultural.

Su autor, siempre ensimismado en su propio mundo, no acababa de encontrar su sitio hasta que, en cierta ocasión, la madre de su mujer, la célebre sufragista Matilda Joslyn Gage, le manifestó la total confianza que tenía en su capacidad de contar historias, instándole a dejar de lado el resto de sus ocupaciones (que eran muchas y muy variadas) para sentarse en su despacho e iniciar su andadura literaria. Y así fue, con casi un centenar de libros, varios cientos de poemas y cerca de sesenta novelas, Baum resultó ser un autor eminente y prolijo.

Especialmente relevante fue su novela El mago de Oz, la historia de superación de una niña que rompe con todo y huye a un lugar mejor, donde finalmente encuentra el valor para enfrentarse a su propia vida. Esta historia de aceptación, protagonizada por un personaje femenino, sin duda resultó todo un desafío para la sociedad en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX, cambiando la percepción del rol protagónico en las obras para público juvenil.

Una de las producciones más caras del cine

Baum siempre había sido un amante de la literatura europea, especialmente de Dickens, aunque consideraba que en Estados Unidos no se había realizado una mitología propia en cuentos, tan oscuros y sórdidos en el caso del viejo continente, según su criterio. Así compuso una nueva historia, con princesas de granjas de Kansas, animales sui generis todo menos feroces y brujas sin dragones que daban, por fin, entidad a la narración infantil norteamericana.

Su adaptación al cine no se hizo esperar, como resulta lógico, teniendo hasta tres versiones mudas antes de los años treinta. Sin embargo, no fue hasta 1938 que Metro Goldwyn Meyer comenzó a constituir el guion de El mago de Oz, iniciando una de las producciones más caras y paradigmáticas de la historia del cine.

Más de quince autores para un guion

Aunque el guion fue firmado por Noel Langley, Florence Ryerson y Edgar Allan Woolf, siendo la adaptación del propio Langley, en realidad el libreto fue confeccionado por más de quince personas, entre ellas dos de los actores (Jack Haley y Bert Lahr). Una de las figuras fundamentales de esta reelaboración fue, sin duda, Arthur Freed, uno de los más prolíficos autores, escritores y productores del Hollywood clásico, y a quien debemos que, por fortuna, Over the Rainbow no fuera desechada como tema ni como escena del montaje final de la película.

Pero aún hay más escritores implicados como Herman J. Mankiewicz, autor del guion de Ciudadano Kane (1941, Orson Welles), que también participó en su creación, al igual que  Irving Brecher, William H. Cannon, Herbert Fields, E.Y. Harburg, Samuel Hoffenstein, John Lee Mahin, Jack Mintz, Ogden Nash, Robert Pirosh, George Seaton o Sid Silvers.

Una obra sublime

Si el hecho de que cerca de una veintena de escritores participe en la confección de un guion resulta fascinante, no lo es menos que más de seis cineastas se hayan encargado de su dirección, cada uno de los cuales aportaba su personal toque al guion. Entre ellos no podemos olvidar a su propio productor, Mervyn LeRoy, así como a Norman Taurog, Richard Thorpe, George Cukor o King Vidor, quienes junto con el único acreditado, Victor Fleming, hicieron de esta cinta lo que es hoy en día.

Por eso no se extrañen si nuestro libro contiene tantos autores, todos ellos expertos en cine (como Gerardo Sánchez, Espido Freire, Juan Luis Álvarez, Víctor Matellanos, Inés de Cuenca, Alejandro Melero, David Felipe Arranz, Guillermo Balmori, Quim Casas, Jesús Manuel Corral, Belén Ester, Noemí Guilermo, Jaime Iglesias, Alejandro Melero, Diego Moldes, Miguel Moreira, Israel Paredes, Moisés Rodríguez, Enric Ros, Joaquín Vallet, Fran Ventura, Jaime Vicente Echagüe, José Ignacio Wert Moreno o yo misma), porque cuando una obra es sublime, resulta difícilmente abarcable desde una dimensión unipersonal.

Nunca nos cansaremos lo suficiente de agradecerle a Matilda Joslyn Gage que, participando del espíritu de Oz, insuflara el valor a Frank Baum para acometer su obra más excelsa.