Jueves, 15 marzo 2018

Así se construye la estructura en tres actos del guion audiovisual: ¿es una fórmula infalible? 

La escritura de un guion de cine o televisión requiere de multitud de elementos en su construcción: personajes, diálogos, escenas y, por supuesto, trama. Todo esto y mucho más es lo que trabajan los alumnos en el Máster de guiones audiovisuales de UNIR a lo largo de su formación.  

Vamos a detenernos un momento en la construcción de tramas. La primera pregunta que debemos hacernos es en qué consiste exactamente este concepto. ¿A qué se refiere esta palabra tan utilizada en la elaboración de guion? Una trama es una historia independiente. Por poner un ejemplo, en la película Titanic, la historia de amor entre Rose y Jack, o lo que es lo mismo, entre Kate Winslet y Leonardo di Caprio, es una trama de la película.  

Pero un guion es algo mucho más complejo y, generalmente, existen más tramas que conviven de forma paralela. Siguiendo con el ejemplo de Titanic, otra de las tramas del largometraje es la historia de liberación personal que vive el personaje de Kate Winslet, a quien quieren casar con el personaje interpretado por Bill Zane. O la propia trama de cómo un barco aparentemente indestructible acaba en el fondo del mar, historia que es independiente a la que viven los personajes protagonistas. 

Además de esto, existen diferentes tipos de tramas. Podemos hablar de tramas paralelas si nos referimos a tramas de la misma importancia que conviven, pero no se tocan. De tramas principales o secundarias si las podemos categorizar por importancia. O de trama y subtrama, cuando hablamos de una trama principal y de otra menor, pero muy relacionada.  

Podemos hablar de tramas paralelas si nos referimos a tramas de la misma importancia que conviven, pero no se tocan. De tramas principales o secundarias si las podemos categorizar por importancia. O de trama y subtrama, cuando hablamos de una trama principal y de otra menor.

En el caso de las tramas que hemos enumerado de Titanic, la trama de amor sería principal y la de liberación personal de la protagonista sería una subtrama de esta. La razón de ello es que existe una relación muy estrecha entre ambas. En cambio, la trama del hundimiento sería paralela porque es independiente de la trama amorosa. 

En cualquier caso, la construcción de una trama se sustenta siempre en una estructura, en el armazón sobre el que descansa una narración. Los acontecimientos más importantes de la historia se erigen como pilares de un puente que permiten que ésta fluya.

El paradigma clásico de los tres actos

Lo más habitual es que una película se divida en tres actos y que a estos los llamemos planteamiento, nudo y desenlace. Esta forma de narrar hunde probablemente sus raíces en aquellos primeros relatos que se contaban alrededor del fuego en las cuevas prehistóricas. Después fue Aristóteles el que puso las bases de la dramaturgia en su libro La Poética, pero en el mundo del guion audiovisual fue Syd Field, con su libro El guion, quien puso las bases de lo que hoy en día conocemos con el paradigma clásico de los tres actos. 

Siguiendo este paradigma clásico, en el primer acto de una historia, se establecen las bases de lo que se quiere contar, se presentan los personajes y, sobre todo, el conflicto principal. Syd Field argüía que, al comienzo de la historia, debe haber un acontecimiento que es el que funciona como disparador y al que él llamó el detonante. Siguiendo con el ejemplo de Titanic, uno de los detonantes es el propio comienzo de la singladura del barco, pero también el hecho de que el personaje de Leonardo Dicaprio gane un billete en una partida de cartas.  

Tras este primer acto, viene el segundo. Entre ambos existe un elemento que actúa de bisagra y que Syd Field denominó primer punto de giro. En muchas historias, ocurre algo que hace que ésta cambie de sentido, que aquello que hemos presentado en el primer acto, de repente gire. En La guerra de las galaxias es la muerte de los tíos de Luke Skywalker lo que provoca que decida ayudar a la princesa Leia y, por lo tanto, comience su aventura espacial. En Titanic, el primer beso entre los protagonistas da comienzo a su historia de amor y, por lo tanto, al segundo acto. 

El segundo acto es seguramente el más complicado para un guionista. Es el más largo de los tres y donde se desarrolla la historia en sí. Syd Field añadió un momento en la mitad de este segundo acto que también actúa como pivote y que hace que la película se pueda dividir no solo en tres actos, sino en dos mitades. En Titanic, el choque contra el iceberg ocurre a mitad de metraje. 

Una vez acabado el segundo acto, llega el tercero y entre ambos, otro elemento importante: el segundo punto de giro. Generalmente, este segundo punto de giro viene precedido por un instante en el cual, el objetivo de los protagonistas parece que no se va a alcanzar. El segundo punto de giro es ese momento en el cual se encuentra la llave que dará paso a la resolución, esa luz al final del túnel que indica la dirección a seguir.

En La Guerra de las Galaxias, al final del segundo acto muere Obi Wan Kenobi, en ET parece que muere el propio extraterrestre. En Titanic, Dicaprio es atado con esposas en un camarote del barco y parece que se ahogará sin remedio. El segundo punto de giro es aquello que consigue dar la vuelta a esa situación tan agobiante. La asunción de la fuerza en Luke Skywalker, la resurrección de ET por el amor de Elliot o la liberación de Dicaprio por su amada.  

Una vez en el tercer acto, lo que queda es la resolución, que generalmente se dirime en el llamado clímax y que no es otra cosa que el enfrentamiento entre las dos fuerzas que han lidiado a lo largo de la película, entre protagonista y antagonista.  

Este es, grosso modo, el esquema de paradigma clásico de guion. Tras la teoría de Syd Field aparecieron otras de las que hablaremos en el futuro como El viaje del héroe, pero que en el fondo no hacen sino completar lo que ya estaba. También hay que indicar que, a día de hoy, existen muchos autores que critican la relevancia que este paradigma clásico ha adquirido en la industria audiovisual. Argumentan que su éxito ha llevado a la repetición de un esquema y, por tanto, al empobrecimiento de la calidad del cine. Sea esto cierto o no, todo guionista debe conocer a fondo esta forma de estructurar una historia. Es imprescindible practicarla y probarla para ponerse en forma antes de recorrer caminos más innovadores.