Jueves, 26 abril 2018

Acuerdo de Paz y elecciones presidenciales en Colombia: el marketing político también cuenta

La comunicación política y los planes estratégicos de marketing electoral están en constante evolución. Un ejemplo de ello lo podemos ver actualmente en Colombia, donde el próximo mes de mayo se celebrarán las elecciones presidenciales. Es un tema con factores relacionados con el Máster en Comunicación y Marketing Político de UNIR, donde se sigue de cerca la situación.

El conflicto armado en Colombia ya ha dejado más de 200.000 muertes violentas, así como ocho millones de desplazamientos forzados y otras tantas decenas de miles de desapariciones y secuestros durante más de medio siglo. Estas cifras invitarían a considerar que cualquier escenario de pacificación con las dos guerrillas más longevas de América Latina, como son las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), resultaría preferible frente a cualquier atisbo de continuidad de la violencia armada. 

Sin embargo, transcurrido un año y medio de la firma del Acuerdo de Paz con las FARC-EP, y después de dos años de negociaciones interrumpidas y cada vez más deterioradas con el ELN, lo cierto es que la realidad invita al escepticismo a la hora de valorar la situación actual de superación de la violencia armada en Colombia. Y es que, tras la firma de uno de los mejores, si no el mejor Acuerdo de Paz suscrito entre un grupo armado y un Gobierno – tal y como afirma el Instituto Kroc perteneciente a la Universidad de Notre Dame – los tiempos de pacificación en Colombia no pasan por su mejor momento. 

En el caso de las FARC-EP, la puesta en marcha de un proceso de desconcentración del Estado a lo largo del territorio y de empoderamiento institucional y productivo de los escenarios rurales más azotados por el conflicto son hoy un sueño muy lejano para el que es el segundo país más (re)centralizado de América Latina. A eso se añade una participación política de las FARC-EP tan endeble como estratégicamente desacertada y una ausencia de control del territorio por parte del Estado.

En suma, esto ha permitido que, frente al abandono de las FARC-EP de sus escenarios de control, sean otros actores, como el ELN, los grupos pos-paramilitares así como otros grupúsculos criminales, los que se han tornado en señores de la guerra en aras de controlar una ingente superficie de cultivo de hoja de coca. Lejos de reducirse, como compromete el Acuerdo, hoy en día supera las 150.000 hectáreas y no hay evidencias de reducción.

La incertidumbre marca la campaña electoral

Si a eso se añaden importantes incumplimientos por parte del Estado en materia de participación política, así como la proliferación de unas disidencias de la guerrilla que hoy en día se aproximan a los 2.000 efectivos – sobre un total de algo más de 7.000 combatientes, inicialmente desmovilizados – es posible afirmar que el Acuerdo de Paz en Colombia, cada tiene más importantes visos de erigirse en una suerte de “paz fallida”. 

El Acuerdo de Paz en Colombia, cada tiene más importantes visos de erigirse en una suerte de “paz fallida”

A lo anterior hay que añadir un proceso desacreditado con el ELN – sin el apoyo del país garante al diálogo, que era Ecuador – por la falta absoluta de una hoja de ruta fijada. Tampoco existen intercambios cooperativos, con una desconfianza creciente entre las partes, y en la que la propia ventana de oportunidad que ha dejado para el ELN la desmovilización de las FARC-EP, se ha tornado como un peligroso atractivo traducido en un activismo creciente sobre ciertos departamentos del país con importante arraigo cocalero y minero-extractivo como Arauca, Chocó, Norte de Santander o Nariño. 

Es evidente que la proximidad de las elecciones presidenciales ha contribuido a generar un clima de incertidumbre que hace que actualmente al Acuerdo de Paz modélico que se suscribió en el Teatro Colón de Bogotá hace diecisiete meses, ahora le acompañe una importante aura de incertidumbre. La campaña electoral ha gravitado, en buena medida, en torno a ello. Si bien solo uno de los candidatos presidenciales, Iván Duque – pieza política de Álvaro Uribe, el que más posibilidades tiene de ganar al menos en la primera vuelta-, amenaza con retornar al pasado y desdibujar los compromisos adquiridos con las FARC-EP y los diálogos hoy en día debilitados con el ELN.  

Colombia se juega mucho en las elecciones presidenciales que inician el último domingo del próximo mes de mayo. La sociedad colombiana tiene ante sí la posibilidad de retrotraer la agenda pública a los años del uribismo, con el retroceso social y político que eso conlleva. O puede apostar por una presidencia que avance no solo en la implementación y la negociación de la paz, sino igualmente, en una agenda de políticas públicas que, todavía en la actualidad, exigen trascender de las carencias simbólicas y socioeconómicas, irresolutas aún hoy, y que durante décadas sostuvieron la guerra en Colombia. 

Recuerda, que en el mes de mayo (fecha y hora por confirmar) tendrá lugar una Openclass sobre este tema. Cuestiones tan interesantes como la expuesta a lo largo de este texto y muchas otras serán tratadas con rigurosidad, así como hacen los alumnos durante el citado Máster en Comunicación y Marketing Político