Lunes, 03 agosto 2020

Big Data everywhere

 

Por Ignacio Charfole, Gerente de Desarrollo, Gobierno y Arquitectura Big Data de Telefónica y profesor del Programa Avanzado en Big Data for Business.

 

Es lunes de un día normal. Suena el despertador, como todos los lunes normales en torno a las 7.00. Empieza la rutina que tantas y tantas veces hemos sufrido, disfrutado y echado de menos durante estos últimos meses. Te levantas, oyes las noticias, desayunas y ojeas la lista de la compra. Buscas en el armario tratando de descubrir algo que se ajuste al tiempo de por la mañana.

Y con el olor del café aun en las fosas nasales, corres a encerrarte en un coche con todas las comodidades durante al menos 45 minutos (viva la vida en la Gran Ciudad). Pasan las horas en la oficina de turno, deseando que llegue la hora de comer para salir a tomar algo, despejarse y contar a tus compañeros (e incluso amigos), las anécdotas vividas durante el fin de semana. esta es la historia desde hace generaciones, al menos desde hace 50 años… todo es igual, la historia se repite… ¿o no? Fijémonos en las pequeñas diferencias que hacen que esta tradición que pasará de generación en generación tenga sutiles matices.

Resulta que en el caso que nos ocupa, la persona que lucha por arañar unos minutos más al sueño es un adelantado su tiempo (lo que también se conoce como “friki”). El despertador no es uno más. Es un complejo aparato, de apariencia minimalista, que ha recogido los datos de la pulsera “cuantificadora” que el sujeto lleva puesta todo el día, ha analizado la situación del tráfico, comprobado la luz ambiente en el exterior, y la previsión del tiempo para hoy.

 

Con todo ello, el despertador ha decidido iniciar su cántico matutino en el preciso instante en que nuestro sujeto ha empezado a moverse, y su sueño es más ligero, regalando unos minutos de más sabiendo que el tráfico de hoy es normal, y no empeorará por la previsión de día soleado. Primera pequeña gran diferencia: 12 minutos más de sueño, y levantarse de mejor humor y más suavemente.

Asistentes digitales y dispositivos conectados

Durante el desayuno, a falta de un clásico periódico, la persona en cuestión ha pedido a su asistente favorito (Google, Alexa, Siri y futuribles) que le cuente la situación del mundo. El asistente, aunque obediente y resuelto, conoce perfectamente la voz de su amo, y ha ofrecido las noticias de la temática que le ha parecido más adecuadas para los gustos del hogar. Y entre medias, algo de publicidad dedicada con mucho cariño (bueno, el periódico de papel estaba lleno de anuncios, y nunca nos pareció mal).

Y, por cierto, como no podía ser de otra forma, antes de las noticias, el asistente informa del tiempo que va a tardar en llegar a la oficina, y el clima para hoy, información muy útil cuando ya vamos camino del armario buscando algo fresco para los 35 grados que se esperan a medio día (sólo falta que inventen los armarios inteligentes que te ofrezcan la ropa sin tener que pensar, y que incluso conjunte bien).

Ya en el coche, el navegador nos advierte de problemas en carretera nacional, pero nos invita a probar una nueva ruta alternativa que mantendrá nuestros tiempos, con las menos paradas posibles. Pero no olvidemos que nuestra persona “adelantada a su tiempo”, tiene un pequeño aparato conectado a su coche (que son 7€ más al mes para todo lo que ofrece), que además le advierte de que si no para a repostar, será imposible llegar (ni pronto ni tarde), y sugiere amablemente una gasolinera de camino con un descuento.

 

Y como comentario final, dicha aplicación le “aconseja” que deje de correr tanto, y que, si conduce con menos deportividad, tiene una suculenta oferta de una compañía de seguros de toda confianza esperándole. Mr Friki no puede dejar escapar una sonrisa pensando lo perfecta que sería su vida si ya pudiera permitirse uno de esos coches que conducen solos.

Datos, datos y más datos

 

Por supuesto, mientras pasa el día en la oficina (emails, Wokplace, Teams, Skype,  telepresencia, portal del empleado, Office 365, etc.) el asistente resurge de su contenido silencio para recordarle su cita para comer, una sugerencia de un sitio nuevo que seguro será de su agrado, y un ofrecimiento para hacer la reserva en su nombre (con un 10% de descuento, sólo por ser él).

Ante este panorama, alguien podría incluso enojarse y clamar por la poca intimidad que tenemos las personas, y lo poco éticas que son las grandes corporaciones tecnológicas gestionando nuestros datos. Pero, por otro lado, ¿a quien no le gusta sentirse especial? Todo el mundo desea un trato personalizado, y no complicarse la vida con pequeñas tareas y decisiones que nos consumen tiempo y neuronas (12 minutos más de sueño, no son despreciables).

Mientras que todo esto pasa, en el subsuelo tecnológico se está librando una batalla campal entre toda clase de empresas por intentar capturar la máxima información posible, para usarlo en beneficio comercial propio, o venderla como mercancía valiosa.

Subastas de nuestros datos online, acuerdos comerciales, regalos de apps para el móvil, infinidad de modelos de inteligencia artificial para predecir desde el tiempo, hasta nuestro comportamiento, como por ejemplo arrancar la aplicación de mensajería favorita antes de coger el móvil en nuestra mano (lo que genera un levantamiento de cejas del usuario por lo “rápido que va el móvil hoy”).

Además de este negocio, hay que pensar la cantidad de comunicaciones, infraestructura informática (tanto software como hardware, en la nube o en la tierra) necesarias para mover toda esta información en tiempo real. Otro gran negocio que está haciendo a Amazon, Google y Microsoft mejorar sus cuentas de resultados de una forma significativa.

Los perfiles más demandados

En un mundo de datos, que sólo está empezando a despertar, hay tres perfiles profesionales que cada vez cuesta más encontrar en el mercado laboral: los arquitectos de IT, los ingenieros de datos y los científicos de datos. Los primeros montan toda la tecnología para que todo suceda, los segundos manipulan y mueven los datos para que estén preparados para su uso, y los terceros aplican la famosa “inteligencia artificial” para predecir el futuro (como las pitonisas de televisión, pero acertando increíblemente bien) y explicar el pasado.

 

Bienvenidos al mundo de BigData. No es una moda. Ha venido para quedarse y crecer exponencialmente. Dentro del top 7 de empresas más valiosas del mundo encontramos a Amazon, Microsoft, Google, Facebook, Alibaba (además de Apple y una petrolera). Han sabido leer el negocio y la tendencia, y no consideran que el mercado esté maduro. Antes o después, todas las empresas tendrán que digitalizarse.

La digitalización lleva unida la generación de información. Saber usar dicha información para beneficio propio, es base para cualquier plan estratégico de cualquier compañía de cualquier sector.

La cuestión, es como ofrecer ese beneficio como un beneficio también para el cliente, para que siga consintiendo ceder su información vital y poder vivir más cómodo.

Pero en el fondo… todo sigue igual, nada ha cambiado, y las cosas importantes siguen siendo iguales, ¿o no?. En lo profesional, tenemos un área apasionante, con futuro y retos continuos, con falta de personas que quieran dedicarse a ello. En lo personal, tenemos una dualidad de no querer que nos “espíen”, pero una satisfacción por la el “automatismo personalizado”.

En lo social, una herramienta increíblemente poderosa que, usando las mismas tecnologías y conocimientos, puede usarse para arañar horas de sueño, frenar pandemias, o “gestionar” los intereses y tendencias de opinión política. Tras más de 20 años dedicado en cuerpo y alma a esto de los datos, que ahora se llama ‘Big Data‘, sólo puedo decir que todos los días empiezo casi de 0. Eso sí, arañando unos minutos que agradezco tanto como el buen olor del café por las mañanas.