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Suso Cecchi d'Amico: la Reina de Cinecittà

Hablar de ella, es hablar del gran cine de oro italiano. Esa corriente imborrable y profundamente bella que fue el neorrealismo. Talento en estado puro.

La historia del cine siempre ha tenido rostro de mujer, de eso no cabe ninguna duda. Pero más allá de la cara visible de la industria, siempre empeñada en encontrar nuevas starlettes que renueven su eterna juventud, el cine ha tenido alma y también escritura de mujer. Lo sepamos o no, las reconozcamos o no, las mujeres escriben desde que el mundo es mundo y el cine es cine.

Giovanna Cecchi fue una de ellas, aunque por este nombre es poco probable que nadie la conozca. Si pronunciamos, por el contrario, el nombre de Suso Cecchi d’Amico, seguramente la memoria cinéfila de muchos espectadores comiencen a relacionarla con el gran cine de oro italiano, con esa corriente imborrable y profundamente bella que fue el neorrealismo.

actriz

Fuente: Fondazione Franco Zeffirelli

Nacida en Roma en 1914, Cecchi d’Amico fue hija de una familia intelectual y burguesa que le adentró en la literatura desde edad temprana; de hecho, tanto los Cecchi como los Pieraccini fueron grandes bastiones de la intelectualidad de la época.

Todo ese bagaje germinó en la mente de la joven Suso, quien enseguida mostró grandes dotes para las letras y un brillante uso de la palabra escrita, con un sentido de la conciencia social muy pronunciado. Si a ello se le suma la vertiente plástica de su madre, la pintora Leonetta Pieraccini, concluimos con el nacimiento de una intelectual de primer orden que posee un gusto estético sensacional. Y, como no podía ser de otra forma, no hay una fusión más perfecta entre imagen y palabra que el cine.

Suso Cecchi y el cine

Así sucedió que, aunque durante siete años trabajó como secretaria personal del Director General del Comercio Exterior italiano, en 1946, Suso Cecchi d’Amico comenzó en el mundo del guion. A pesar de que anteriormente ya había hecho varias tentativas, las cuales no fraguaron, se inició en el cine con el libreto de Mi hijo, profesor, de Renato Castellani, en el que colaboró con otros grandes autores como Aldo de Benedetti, Aldo Fabrizi, Fulvio Palmieri o Fausto Tozzi e incluso su propio padre, el escritor y guionista Emilio Cecchi. Demostrada su competencia, solo era cuestión de tiempo que se le reconociera su valía en el mundo del cine.

cine

En 1947 escribió para Luigi Zampa Vivir en paz, de quien es creadora de la historia junto con Piero Tellini y el propio Zampa, e incluso coescribió con Federico Fellini Il delitto di Giovanni Episcopo (1947) la adaptación de la novela de Gabriele D’Annunzio para el director Alberto Lattuada.

Un año más tarde, un título se inscribiría con letras de oro en el libro de la historia del cine, haciendo inmortal no solo a su director, Vittorio de Sica, sino a sus guionistas principales, Cesare Zavattini y Suso Cecchi D’Amico: El ladrón de bicicletas (1948). Su guion, que estuvo nominado al Oscar en su categoría, es uno de los libretos más redondos y emocionantes jamás escritos para el cine. Pese a ello, Cecchi no suele estar relacionada con esta obra, siendo Zavattini el nombre que se ha forjado indeleble como el autor del guion de Ladri di biciclette.

Milagro en Milán (1951) fue una nueva colaboración con Vittorio de Sica, a pesar de que en los cuatro años que separaba un proyecto de otro, Cecchi participó en casi una decena de títulos con otros directores como Augusto Genina.

El encuentro con Luchino Visconti

1951 también sería el año en que la guionista trabajase con Luchino Visconti, el cineasta que marcaría un antes y un después en su carrera y con quien llegaría a colaborar en numerosas ocasiones, aunque siguiera colaborando con otros como Michelangelo Antonioni en Los perdedores (1952) e I vinti (1953) o con Luigi Zampa en Processo alla città (1952).

Pero, sin duda, Luchino Visconti fue uno de los grandes beneficiados del talento de Suso Cecchi D’Amico. La unión de la guionista y el director se materializó en más de nueve ocasiones, siendo fundamentales en títulos como Bellissima (1951); Senso (1954), la celebérrima Rocco y sus hermanos (1960) y la paradigmática El gatopardo (1963), basado en la novela de Tomasi di Lampedusa.

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«Bellísima» de 1951 dirigida por Luchino Visconti. Fuente: Cine hasta el amanecer

Con Visconti volvería a colaborar en Sandra (1965), El extraño (1967) Ludwig (1973), Confidencias (1974) y El inocente (1976), cuando la salud extremadamente deteriorada del cineasta le impidió seguir adelante.

Entretanto, Suso Cecchi D’Amico no se limitó a explorar una única vía narrativa o se centró en un único tipo de autores, al contrario, trabajó con grandes cineastas de manera sostenida hasta 2006. A lo largo de su carrera, Cecchi colaboró en guiones protagonizados por intérpretes icónicos como Vittorio De Sica, Sophia Loren, Marcello Mastroianni, Anna Magnani o Vittorio Gassman, contribuyendo a dar un mayor esplendor a una producción imponderable.

Sin ninguna duda, Suso Cecchi D’Amico representa el talento en estado puro que, orquestado con el de otros grandes artistas, configuró una época dorada del cine italiano a todas luces irrepetible.

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