Viernes, 06 julio 2018

Las tres excusas que nunca debe utilizar un buen directivo para evitar tomar decisiones


Dirigir Hoy


Lo que vas a aprender con este artículo:

– Por qué las decisiones inevitables que van a decepcionar a tu equipo pueden ser aún peores si las retrasas.

– Por qué un jefe no debe esperar a estar completamente seguro para tomar una decisión.

– Por qué no hay que tratar igual a subalternos que son desiguales.

Más de la mitad de los directivos recién elegidos aseguran en el informe ‘Rising to Power’ que tomar sus primeras decisiones les ha resultado más complicado y difícil de lo esperado.

Por otro lado, los ejecutivos que están cerca del final de su etapa prefieren no tomar decisiones drásticas para la empresa.

En este contexto han proliferado una serie de excusas sofisticadas que se utilizan de forma repetida (y errónea) para posponer decisiones.

Ron Carucci, autor del citado libro y experto en liderazgo, apunta en una reseña publicada en la Harvard Business Review que “los líderes comúnmente usan tres justificaciones para posponer decisiones difíciles”.

La consecuencia es fatal, ya que la tardanza en la toma de decisiones termina siendo aún más dañina para el ambiente de los trabajadores y para la empresa en sí misma.

La primera de las excusas para no tomar una decisión necesaria tiene relación con mantener el buen ambiente entre la plantilla. “Estoy siendo considerado con los demás”, responden los ejecutivos ante una petición de un empleado o un grupo de ellos.

 Estoy siendo considerado con los demás”

La realidad, según el experto, es que tiene “miedo a decepcionar a su gente”. Lo que ocurre cuando semanas o meses más tarde se ve obligado a tomar la decisión, ya sin muchas más salidas, es que los afectados se sienten aún más “decepcionados, engañados y enojados” que si su jefe hubiera tomado la decisión en un primer momento.

De esta forma ha perdido la oportunidad de ayudar a su equipo a desarrollar la capacidad de resistencia frente a un desafío difícil y los empleados se muestran desmoralizados y confundidos por el engaño de su jefe. ¿Pueden volver a confiar en él en un momento de dificultad?

El directivo debe asumir riesgos y premiar el talento

La segunda excusa que más repiten los ejecutivos entra en escena en el momento en el que deben tomar decisiones que afectarán al futuro de la compañía, pero deben tomarlas sin tener toda la información.

No excusas

“Estoy comprometido con la calidad y la precisión”, afirman para no arriesgar. Sin embargo, la falta de datos nunca debería ser una excusa para ‘no mover un dedo’, ya que en muchas ocasiones no se sabe si una decisión ha sido la correcta hasta mucho después de tomarla.

Estoy comprometido con la calidad y la precisión”

El principal problema de este tipo de líderes es “el miedo a parecer torpe”, sin tener en cuenta que tomar una decisión sin todos los datos pero a tiempo es mejor que tomarla con toda la información, pero fuera de plazo.

Este tipo de decisiones invita a los empleados a limitarse a “aparentar que están haciendo lo correcto” cuando lo realmente necesario para la empresa es “hacer lo correcto”. Toman el ejemplo de su superior, que no sabe liderar tomando “riesgos calculados” ni “aprender de los errores”.

No ser injusto

Y para no ser acusados de favoritismo con los mejores empleados, los líderes utilizan como tercera excusa aquello de que “quiero que me vean como alguien justo”.

Quiero que me vean como alguien justo”

En muchas ocasiones, creen por error que “reconocer las diferencias en el rendimiento es lo mismo que mostrar diferentes niveles de respeto”. Se basan en una equidad que no es tal, y dan una falsa sensación de igualitarismo al compartir las tareas y recompensas entre todo su equipo.

Esto es irrespetuoso con los mejores trabajadores, ya que su jefe los trata igual que a los que tienen menos habilidades o experiencia cundo en realidad representan un mayor porcentaje del éxito del equipo.

El líder debe ser consciente de que el respeto básico no se ve comprometido por hacer distinciones entre los diferentes escalones de talento de la plantilla. Y aún más importante, el ejecutivo nunca puede ceder ante los empleados que más se quejan, porque entonces se ganará la fama de “injusto y débil”.