Lunes, 01 octubre 2018

Cómo cambiar el enfoque de un colaborador que siempre ve el vaso medio vacío 


Dirigir Hoy


Un colaborador que siempre ve el vaso medio vacío y expresa abiertamente sus percepciones negativas puede desmoralizar a todo el equipo. El pesimismo es más contagioso que el optimismo.

-Muestras de pesimismo: el nuevo proyecto que hemos diseñado no será aprobado por los de arriba. Nos ponen unos objetivos de ventas irrealizables por ser demasiado ambiciosos. No vale la pena ir a ver a tal posible cliente porque hace dos años ya dio una negativa rotunda. Siempre estamos escasos de personal. El aparato aire acondicionado es muy ruidoso. Y así con todo. Habitualmente plantea el escenario más negativo.

– Un aguafiestas así, ¿tiene remedio? Si soy su jefe, ¿qué debo hacer para que cambie? Antes de intentar poner remedio conviene hacer un buen diagnóstico. Hay que tener presente que una cosa es ser un pesimista y otra muy distinta un boicoteador del trabajo; lo segundo es inadmisible.

 – Otra cuestión: la ventaja de los pesimistas es que a veces ponen de relieve (aunque de manera exagerada) problemas reales en la empresa. Por ejemplo, quizá tenga razón en lo del aire acondicionado, el desbordamiento de trabajo por escasez de personal o los incumplibles objetivos de ventas.

Distinguir al pesimista del escéptico 

También hay que distinguir al pesimista del escéptico: este último puede ser útil como contraste a los entusiastas irreflexivos, que tienden a tomar decisiones sin calcular los recursos necesarios para el éxito ni prever las consecuencias derivadas de ese plan, como sería prestar menos atención a otros asuntos.  

Aquí nos referimos al que habitualmente ve vaso medio vacío y no medio lleno. Antes de actuar, el directivo debe saber si el pesimismo de este trabajador es algo congénito (su carácter es así) o si su actitud se debe a factores coyunturales de tipo personal (cansancio o depresión, problemas conyugales, enfermedad de un pariente, etc.) o de tipo laboral, como las señaladas antes o bien algún fracaso profesional mal asimilado.

Ya nos hemos hecho una idea clara del problema. Si la dolencia es temporal (una mala racha), mirar para otro lado y esperar. Si existe algún remedio externo, como un cambio de ubicación física o de cometido profesional, aplicarlo.   

Echarle en cara su defecto no remedia el problema: tengamos en cuenta que el pesimista sufre” 

Si la causa es el carácter de la persona, tener una charla con ella, nunca en un momento en que esté enfurecido. Echarle en cara su defecto no remedia el problema: tengamos en cuenta que el pesimista sufre. Diferenciemos entre la persona, que merece nuestro respeto y aprecio, y su comportamiento, que él debe intentar modificar.  

 Que sea consciente del problema 

En esta conversación se trata de ayudarle a ser consciente de lo que ocurre. La experiencia del alumno de un MBA on line con su tutor puede dar pistas sobre cómo actuar. Evitar generalizaciones y exponer acciones concretas suyas fácilmente identificables, como las indicadas al comienzo de estas líneas. Que se dé cuenta de que de manera habitual sus comentarios se limitan a aspectos negativos sin aportar soluciones.  

Es verdad que hay cosas que van mal, pero la realidad es más rica. Hacerle ver el lado positivo de su trabajo y de su equipo. Explicarle el sentido que tiene su tarea dentro de la organización y el servicio que presta a sus colegas y los clientes. Destacar su talento y habilidades, sus aportaciones a la tarea común. Indicarle que su actitud negativa genera en algunos colegas y en el conjunto del equipo desmoralización: la gente pierde ilusión y ánimos.
Sobre todo a partir de cierta edad, no es fácil modificar el carácter, la manera de ser. Pero sí es posible ir cambiando paso a paso los comportamientos externos hasta conseguir que arraigue un hábito. Tratar de convencer a quien sufre el defecto del pesimismo de que él puede protagonizar su reconversión interior.

Tratar de convencer al pesimista de que él puede protagonizar su reconversión interior “

 

Posibles vías: 

– Animarle a que, antes de expresar en público una dificultad que ha encontrado, dedique tiempo a encontrar una alternativa.  

– Invitarle a que haga el ejercicio de que explique el mismo problema que acaba de presentar pero con un enfoque positivo: qué podemos hacer para solucionarlo.  

–  Cuando exprese una conclusión negativa, pedirle que explique con detalle cuáles son las razones: un análisis objetivo introduce matices y disminuye el dramatismo (y la euforia desmesurada).  

Dado que el pesimista amarga a sus colegas, con frecuencia el directivo tendrá la posibilidad de solicitar discretamente a alguno de ellos que colabore activamente, en su trato personal con él y en las reuniones.  

Si pasado un tiempo prudencial este empleado mantiene la misma actitud negativa en perjuicio del ambiente general, acudir al departamento de recursos humanos para prescindir de ella al menos en su actual departamento.  


Competencias que aprendes en este artículo:

Resolución de problemas complejos

Inteligencia emocional

Gestión de personas y equipos