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6 claves para diseñar una estrategia de negocio para tu empresa

Por Carles M. Canals | Management Content Specialist 17-02-20

¿Cómo conseguir que tus jefes aprueben una idea para tu negocio? En este artículo te ofrecemos los mejores consejos para elaborar una estrategia de negocio exitosa.

¿Te preguntas cómo hacer que tus jefes o inversores aprueben tu estrategia de negocio? ¿Tienes una idea para tu negocio o departamento? ¿Quieres hacer una propuesta para mejorar lo que se está haciendo actualmente o incorporar alguna novedad? Si deseas tener éxito, has de trabajar en un proyecto bien pensado, elaborado y presentado, ya sea en papel o de forma visual. 

El mero hecho de elaborar este proyecto nos ayuda a definir mejor las propias ideas. Nos obliga a plantearnos y resolver anticipadamente preguntas y objeciones que nos pueden hacer los interlocutores. Para esta presentación es útil una adaptación del business plan o plan de empresa que hace todo emprendedor que busca financiación para su futuro proyecto.

Antes de ponerse a escribir, es importante que analices cómo será percibida la propuesta por otros colegas del propio departamento, los jefes y ámbitos de la empresa. Y es que toda novedad produce inquietudes y hay gente que verá amenazada su posición, sentirá celos o envidia… Esto no ha de echar para atrás la iniciativa, pero hay de tenerlo en cuenta para presentarla de la manera más apropiada, evitando crear susceptibilidades y buscando complicidades y alianzas; sobre todo la del superior inmediato.

Toda novedad produce inquietudes. Hay gente que verá amenazada su posición, sentirá celos o envidia… Clic para tuitear

6 claves para diseñar un plan útil para tu empresa o departamento

  1. Qué problema real queremos resolver, qué beneficio específico proponemos añadir. Si el negocio es nuevo, es evidente. Si es un plan a desarrollar en el seno de la empresa, por ejemplo: reducir tal gasto, acelerar tal proceso, conseguir un mejor proveedor, incorporar una tecnología más eficaz, aumentar la calidad en este aspecto, detectar mejor los errores, atender mejor las quejas y reclamaciones. O bien: lanzar un nuevo producto, proporcionar al cliente más prestaciones en el servicio, llegar a otro segmento de mercado, implantarse en un nuevo territorio. Las ideas genéricas difícilmente llegan a materializarse: hay que descender a lo concreto, cuantificándolo todo en la medida de lo posible.
  2. Detallar qué se necesita para implementar la idea. Número de personas y habilidades y competencias que se requieren. Si en la empresa ya hay empleados con talento, ¿han de dejar total o parcialmente la tarea que ahora desempeñan? ¿Quién puede liderar el proyecto? Si es el caso, piensa en los cambios que supone en el organigrama del departamento o de la compañía. ¿Qué tecnología hay que comprar o qué adaptaciones hay que realizar en la actual?. ¿En qué local de la oficina o fábrica se ubicará cada elemento?. Es importante pensar también en otras cuestiones de aprovisionamiento, logística, marketing, seguridad e higiene, medio ambiente, control de calidad… Este apartado es tan amplio que se puede subdividir en los que se considere necesario, agrupándolo por funciones: recursos humanos, comercial, producción, etc.
  3. Explicar qué hacen los competidores y cómo pueden reaccionar. Si el cambio que proponemos no es sólo interno sino que afecta al mercado, ¿somos pioneros o intentamos ponernos a su altura? Si somos innovadores, ¿qué nos aportará la diferencia? ¿Es fácil que nos copien y cómo reaccionaremos en ese caso?
  4. ¿Cómo se incorporarán las novedades? Procedimientos y calendario. ¿De golpe, paulatinamente, con qué periodo de pruebas? ¿En qué momento se puede volver atrás en la decisión?  
  5. Aspectos financieros. ¿Cuánto dinero hay que invertir, en qué plazos? ¿Cuándo se prevé recuperar la inversión? Si se trata de un producto o servicio nuevo: ¿qué precio pondremos?  
  6. Prever contingencias. Si se trata de un negocio nuevo, situarse en el peor de los escenarios posibles y tener pensada una alternativa realista. Prever imprevistos como: quiebra de un proveedor o disminución de su calidad, ventas inferiores a las presupuestadas, cambios en la moda, rápida reacción de la competencia, enfermedad de un técnico clave, costes de producción superiores a los previstos, fallos tecnológicos, faltas puntuales de tesorería… Pensar en el posible fracaso no merma la autoestima: es una muestra de prudencia.

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