Jueves, 25 junio 2020

El trastorno de personalidad en niños: ¿Cómo abordarlo desde el aula?

Aunque los trastornos de personalidad no suelen diagnosticarse hasta el inicio de la edad adulta, muchos de sus síntomas comienzan a gestarse durante la infancia y adolescencia. El trastorno límite de la personalidad es uno de ellos. Veamos en qué consiste el trastorno de personalidad en niños y la importancia de crear un buen clima en el aula para estos alumnos.

Características del trastorno límite de la personalidad

El trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza principalmente por la falta de estabilidad emocional y afectiva, así como en las relaciones interpersonales. Los síntomas más notables del trastorno límite son la impulsividad y la inseguridad emocional, dos factores que interfieren negativamente en las relaciones personales con los demás.

Las personas con TLP suelen mostrarse irritables, con altibajos en su estado emocional, incluso hostiles hacia sí mismos y los demás. Es habitual que caigan en el aislamiento social, ya en edades tempranas, cuando comienzan a manifestar los primeros síntomas: se meten en peleas, están constantemente enfadados, buscan conflictos…

 

 

Otro rasgo característico es el miedo o la ansiedad hacia el abandono, a quedarse solos o no ser queridos, aunque no exista un riesgo real de ello. Su identidad y la imagen que tienen de sí mismos también está alterada dado su volubilidad emocional: cambian de opinión con frecuencia, de gustos y aficiones, de amistades, abandonan sus actividades… En muchos casos —sobre todo en la adolescencia y vida adulta—, el enfermo alberga pensamientos suicidas o recurre a las autolesiones para aliviar el estado de angustia constante en el que vive.

Personalidad disfuncional en el niño: cómo afecta a su aprendizaje

Antes de abordar esta cuestión, es importante aclarar que una persona con TLP no necesariamente tiene un bajo cociente intelectual o discapacidad intelectual límite. Pueden ser niños o adultos inteligentes, con un gran potencial en determinadas áreas escolares o laborales. No obstante, los problemas de conducta, emocionales y personalidad en los niños y adolescentes inevitablemente terminan interfiriendo en la adquisición de aprendizajes escolares y, por ende, en su desarrollo cognitivo y social. Su rendimiento escolar también suele ser muy bajo.

Emoción y aprendizaje son dos variables codependientes para el buen desarrollo integral del individuo. Un niño impulsivo, que sufre niveles elevados de ansiedad, tendrá dificultades en la percepción y memoria, dos competencias claves para el aprendizaje. En el caso concreto de los TLP, su inestabilidad emocional suele derivar una pérdida de constancia en el estudio y esa falta de motivación puede abocarles al abandono escolar.

La importancia del clima en el aula

Los niños con problemas de personalidad y conducta sufren un alto riesgo de ser etiquetados como niños “malos” o “conflictivos” y que el resto de sus compañeros acabe por darles de lado. En otros casos, son ellos los que tienden a aislarse socialmente, convirtiéndose en el foco de posibles acosadores.

 

 

El papel del equipo psicopedagógico del centro y del profesor es clave para prevenir este tipo de situaciones y para ayudar al alumno a reconducir su comportamiento, a controlar sus emociones y a resolver conflictos. En definitiva, la intervención psicopedagógica en estos alumnos busca que los problemas de personalidad del niño no interfieran en su proceso de aprendizaje. Con este tipo de alumnos, además, es de suma importancia crear un clima positivo en el aula.

El aula no es solo un lugar dedicado al estudio. Es un lugar para que los niños descubran y exploren el mundo, crezcan como personas y, sobre todo, aprendan a convivir. Un clima positivo en el aula va a favorecer el proceso de aprendizaje en todo tipo de alumnos, pero en los niños con problemas de personalidad les proporcionará algo sumamente importante para ellos: la seguridad y confianza que necesitan. Un lugar libre de estigmatismos en el que puedan sentirse ellos mismos, aceptados y valorados.