Viernes, 14 febrero 2020

Neuroeducación: una apuesta segura para la motivación en el aula

La motivación en el aula es clave para que el alumno se implique. Descubre qué variables mejoran la motivación, pues según varios estudios es una de las principales causas del bajo rendimiento escolar.

La Neuroeducación, consciente de esta realidad, ofrece a los docentes las claves para comprender los estados motivacionales del alumno y despertar su deseo por aprender.

Motivación y emoción en el aula

La motivación es el motor de la conducta. Un proceso neurobiológico, cognitivo y emocional que nos impulsa a poner en acción un patrón de respuestas para realizar una tarea. Está estrechamente vinculado con el aprendizaje.

¿Qué factores influyen para que nuestra motivación sea alta o baja?

La interacción de variables tanto externas como internas. Las externas —o motivación extrínseca— hacen referencia a la recompensa que esperamos obtener tras realizar una tarea. En el caso del alumno podrían ser las notas académicas, un premio por parte de los padres o, en muchas ocasiones, la evitación de un castigo. En este sentido la perseverancia en el aprendizaje y la regulación de la conducta del alumno dependerá del feedback que reciba del exterior.

Por el contrario, la motivación intrínseca está vinculada a las emociones que despierta la propia tarea. A esta motivación interna también se le denomina motivación del dominio: el deseo del alumno por ser competente, eficaz y dominar la tarea que se le pide realizar.

Hoy en día sabemos que las emociones participan activamente en el aprendizaje. Mientras que el estrés y el miedo puede afectar negativamente al rendimiento del alumno; la curiosidad o las expectativas de éxito le impulsarán a llevarla a cabo para su propia satisfacción. Incluso si un alumno percibe que tiene suficientes competencias, esta autopercepción despertará emociones positivas en él —como la confianza y la autoeficiencia— y, por ende, se sentirá más motivado.

¿Qué características se esperan de un alumno motivado?

O, dicho de otra manera, qué tipo de perfil del alumno debe potenciar la escuela para convertirlo en un alumno competente.

Un alumno competente es el que se pone como meta dominar la tarea y valora sus competencias de acuerdo al esfuerzo que ha puesto en ellas. Su motivación, por lo tanto, es intrínseca; atribuye el éxito a su esfuerzo. Esto le mueve a seguir aprendiendo y su autoestima se va fortaleciendo. Y, además, reflexiona sobre sus estrategias y métodos para aprender, lo que le permite decidir cambiarlas para mejorar su rendimiento.

En este sentido es fundamental que el profesor trabaje las emociones positivas en sus alumnos. También que potencie en ellos una actitud activa y responsable ante el estudio; que les guíe en este proceso de aprendizaje y recompense siempre el esfuerzo. Ya hemos visto que el refuerzo externo también interviene en la motivación. Además, es fundamental que las tareas que presenta al estudiante sean acordes con su nivel de competencias e intereses. Las expectativas de fracaso o la frustración desalientan al alumno.

Despertar la curiosidad

En la mayoría de las ocasiones, la falta de motivación se traduce en la falta de atención del alumno en el aula; no parece interesarle lo que se le explica. Y sin atención no hay aprendizaje.

Una estrategia para captar la atención del alumno es que las tareas propuestas por el profesor sean novedosas. La curiosidad es ese motor que nos incita a explorar, a investigar y, por ende, a aprender.

En un estudio realizado por los departamentos de Neurociencia y Psicología de la Universidad de California se descubrió, a través de técnicas de neuroimagen, que ante un estímulo percibido como sorprendente o novedoso el cerebro segrega dopamina, el neurotransmisor responsable de las emociones positivas, y se activan sus centros de memoria y atención. Los sujetos recordaban mejor la información.

Pero yendo más allá: cuando se les presentaron estímulos no relacionados con la tarea en sí —dibujos de caras— mientras esperaban los resultados de sus puntuaciones, posteriormente recordaron dichos estímulos. Los autores atribuyeron este hallazgo a la curiosidad: cuando nuestro cerebro se mantiene expectante, curioso, absorbe no solo la información clave, sino también aquellos estímulos que envuelven dicha información. (Gruber M. J,Gelman B.D, Ranganath. (2014) States of curiosity modulate hippocampus-dependet learning vía the dopaminergic Circuit. Neuron. 84(2), 486-496.)

Trabajar las competencias emocionales del alumno, presentarle la información de manera novedosa, despertar su curiosidad… es básico en el aprendizaje. En definitiva: si el maestro quiere mejorar la motivación en el aula, necesita comprender cómo funciona nuestro cerebro cuando aprende. O cómo aprenderá mucho mejor. La Neuropsicología aplicada a la Educación le ofrece nuevos métodos y las herramientas didácticas para un aprendizaje emocionante.