Miércoles, 25 marzo 2020

¿Cómo aplicar el mindfulness en el aula?

Cada vez se oye hablar más del mindfulness, aunque aún hay muchas personas que no saben en qué consiste. El mindfulness o conciencia/atención plena es una técnica de relajación asociada a una actitud más distendida ante la vida. Consiste en estar atento de manera intencional a lo que hacemos, sin juzgar, apegarse o rechazar, en alguna forma, la experiencia. Para muchas personas se ha convertido en una práctica diaria para utilizar como recurso en cualquier situación y en cualquier momento, y así alcanzar una concentración plena tanto a nivel mental como corporal y ambiental. Con todo, el mindfulness en el aula ofrece múltiples beneficios. En UNIR abordamos sus distintas ventajas y consejos para implementarlo en clase.

Solo 15 minutos al día

La técnica del mindfulness se ha aplicado a muchas facetas y actividades diversas. Entre ellas, destaca su adaptación al aula. La función de esta en el entorno educativo es sacar el máximo provecho al proceso de aprendizaje, en el que la atención plena contribuye a que tanto maestros como alumnos reduzcan el estrés, aumenten su atención y concentración y, además, puedan tener un mayor control emocional. 

 

 

En lo que más se enfoca la técnica del mindfulness en el aula es en la atención plena, ya que ayuda al profesorado a gestionar el estrés de una forma muy eficaz. Por su parte, los alumnos consiguen beneficios rápidamente, pues necesitan tan solo 15 minutos al día para lograr resultados positivos a nivel emocional y académico.

Las ventajas del uso del mindfulness en el aula

Según los expertos y los estudios empíricos en la materia, el mindfulness en las escuelas aporta cinco ventajas claras: 

Más y mejor control emocional

La práctica del mindfulness está directamente relacionada con el control y gestión de las emociones. La atención plena provoca cambios en el cerebro, produciendo una mayor capacidad para realizar tareas. Los docentes que han incorporado el mindfulness a su día a día son capaces de mantener mejor la calma dentro del aula. Esto mejora la convivencia y, como consecuencia, los alumnos son más respetuosos y menos impulsivos con el resto de compañeros y el propio maestro.

Reducción del nivel de estrés 

La capacidad de relajarse y concentrarse contribuye a minimizar el estrés tanto por parte de los niños como de los docentes. Por eso, es una técnica muy útil para gestionar los momentos de tensión que pueden llegar a producirse en una clase.

Mejora en la concentración y en la atención

El mindfulness es muy recomendable como terapia y complemento en los trastornos de déficit de atención, ya que se centra en el entrenamiento de la conciencia y la atención plena. 

 

 

Aumenta el rendimiento académico 

Está demostrado que el estrés puede alterar negativamente nuestro cerebro en el proceso de aprendizaje. Combatir esta situación ayuda al rendimiento y mejora de los resultados académicos. 

Ayuda a crear espíritu de superación

La técnica de mindfulness se debe aplicar desde las primeras etapas escolares. Los expertos aseguran que ayuda a desarrollar habilidades para poder manejar las dificultades y construir relaciones sociales más respetuosas y empáticas. El equilibrio, la concentración y tranquilidad son claves para llegar a la creatividad, la felicidad o la tolerancia.

Actividades para aplicar el mindfulness en clase

Las formas más sencillas de implantar el mindfulness en la escuela son las siguientes:

  • – Después de una actividad de movimiento e intensidad, como es el juego al aire libre, es recomendable, nada más entrar en clase, realizar un ejercicio para calmar y recuperar la tranquilidad. Lo primero de todo es que el maestro pida a los alumnos que se sienten y estén cómodos. Acto seguido se harán ejercicios de respiración de entre uno y dos minutos. Durante este corto espacio de tiempo deben dejarse llevar por su respiración. 
  • – Otro ejercicio que tiene gran efectividad es, mientras respiran, visualizar un lugar conocido o imaginario en el que se sientan completamente relajados. El alumno se preguntará a sí mismo cómo es el sitio o cómo se siente. La tranquilidad se conseguirá en muy poco tiempo, respirando pausadamente y observando cómo el vientre se mueve con la respiración.
  • – Si en el aula hay la posibilidad, los estudiantes deberán coger una pieza de fruta con la mano y mirarla como si fuera la primera vez que la ven. Por turnos, cada escolar describirá cómo es o cómo huele. Después cerrarán los ojos y empezarán a comerla y a disfrutar del sabor, del olor y del sonido que hace en la boca. De esta forma, no solo se relajarán sino que también se divertirán.
  • – Otra interesante actividad es que el alumno se siente con los ojos cerrados mientras el profesor hace sonar un timbre, una campana, un palo de lluvia o cualquier sonido relajante. Los escolares se irán tranquilizando en sintonía con el sonido.
  • – Consejos para aplicar el mindfulness en las aulas 

 

 

La teoría es fácil, pero la práctica no tanto. Aplicar la técnica mindfulness puede variar según para qué personas, pero hay cuatro pautas básicas, basadas en los estudios de Jamie Bristow, director de Mindfulness Initiative y uno de los mayores expertos de esta especialidad. 

  • 1. Diferenciar entre mindfulness y concentración: mindfulness no es sinónimo de  relajación y concentración porque lo que se busca es que tanto estudiante como docente sean capaces de desarrollar una actitud constante de calma, conciencia y curiosidad, además de centrarse en lo que ocurre en el presente. Es decir, los niños requieren una especie de “entrenamiento” para ser capaces de desarrollar esas cualidades.
  • 2. Formación del profesorado: al igual que en el resto de materias y competencias, para enseñar algo es necesario previamente conocer a fondo el tema. No todo el mundo puede poner en práctica las técnicas de mindfulness. El profesorado tiene que formarse para ello y, lo más importante, incorporar el mindfulness en su día a día. Bristow aconseja que los maestros se formen con un profesional especializado durante un mínimo de ocho semanas. Después se añadirían seis meses de práctica individual. 
  • 3. Sin imposiciones: la puesta en práctica de la conciencia plena nunca debe ser impuesta. De nada sirve que un centro educativo decida incorporar esta técnica si por parte de los docentes no hay un compromiso real y la integran previamente en su propia forma de actuar y relacionarse con los demás.
  • 4. Implicación de toda la comunidad educativa: para que un programa de mindfulness sea realmente exitoso en un colegio es imprescindible contar con el apoyo e implicación de toda la comunidad educativa. Los resultados siempre serán mejores si maestros, familias y alumnos participan de forma activa.

Implantar la técnica de mindfulness en el aula es muy beneficioso, pero no sencillo. Para ello es básico tiempo, voluntad y la participación de la comunidad educativa al completo.