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Diferencia entre inclusión e integración

Aunque parezca lo mismo, existe diferencia entre inclusión e integración. En UNIR abordamos las principales cuestiones y matices entre ambos términos.

La educación es un derecho fundamental que debe abarcar al conjunto de la sociedad. Por eso, en ella entra en juego un concepto básico: la inclusión. Un modelo educativo que tenga en cuenta a todos —independientemente de sus necesidades, capacidades o elementos diferenciales— deberá respetar e incluir todas las particularidades e individualidades. Pero ¿conoces la diferencia entre inclusión e integración? En UNIR abordamos las principales cuestiones y matices entre ambos términos.

La integración y la inclusión no deben confundirse, pues suponen perspectivas distintas de análisis de la realidad y, en consecuencia, plantea distintos modelos de intervención.

Las 2 características clave de la integración

  • 1. Hay un modelo educativo determinado que acoge a los alumnos diversos diagnosticados o categorizados con necesidades especiales, provenientes de otras culturas y con lenguas distintas o con determinadas características físicas, sensoriales, emocionales o cognitivas que, con la aplicación de la lógica de la homogeneidad, estaban fuera del sistema y que ahora son integrados.
  • 2. En la integración se contempla que el problema está en el alumno que requiere actuaciones especiales y su adaptación al sistema. Como señala Mel Ainscow, profesor de educación de la Universidad de Manchester, “la integración lleva implícito el concepto de reformas adicionales cuya realización es necesaria para acomodar a los alumnos considerados especiales o diferentes en un sistema escolar tradicional e inalterado”.

 

 

Inclusión: la igualdad por encima de la diferencia

El término inclusión no es un nuevo enfoque, sino una reorientación de una dirección ya emprendida, un corregir los errores atribuidos a la integración escolar, que subraya la igualdad por encima de la diferencia.

Cuando hablamos de educación inclusiva nos remitimos a temas de gran interés y relevancia, no solo en el ámbito educativo, sino también a nivel social. En una sociedad como la actual, donde el conocimiento, las tecnologías y la innovación juegan un papel crucial en la formación de las personas, es pertinente una educación con una visión de inclusión y atención de las diversas necesidades. Todo esto implica una actitud de reconocimiento de cada sujeto, independientemente de su lugar en la estructura social o en el espectro de identidades o pertenencia cultural.

El propio Ainscow, en 2004, resalta cuatro elementos para desarrollar y apoyar la comprensión de la definición de inclusión. Estos elementos son:

  • – La inclusión es un proceso;
  • – que busca la presencia, la participación y el éxito de los estudiantes;
  • – precisa la identificación y la eliminación de barreras;
  • – y pone particular énfasis en aquellos grupos de alumnos que podrían estar en riesgo de marginalización, exclusión o fracaso escolar.

 

 

De la integración a la inclusión

La inclusión, desde la perspectiva educativa, surge durante la década de 1990 desde la UNESCO, con el objetivo de la promoción de la necesidad de concebir la educación para todos y de que sea capaz de atender la diversidad presente en los sistemas educativos formales. Una visión que está directamente relacionada con el concepto de equidad, y la necesidad de garantizar el acceso a oportunidades educativas para la superación de los diferentes obstáculos sociales presentes. Pese a ello, no será hasta el 2000 cuando se hable por primera ver de educación inclusiva en los compromisos educativos asumidos en Dakar, ese año.

Por su parte, el modelo de educación inclusiva responde a un debate internacional iniciado en la Conferencia Mundial sobre Educación, celebrada en 1990, y tiene en la declaración de Salamanca de 1994 (UNESCO, 1994) su punto de partida definitivo, al reconocer que la escuela ordinaria debe y puede proporcionar una buena educación a todos los alumnos independientemente de sus diferentes aptitudes.

En España, a comienzos de 1990, surge el movimiento de escuela inclusiva, como parte del debate generado a nivel internacional, y una nueva forma de concebir los espacios educativos, desde la diversidad de necesidades educativas encontradas en los espacios formales de enseñanza. Todo, con un objetivo que va más allá de la integración, a saber: la necesidad de reestructurar los escenarios educativos formales en el país, y así responder a las necesidades de todos los niños y niñas.

 

 

Educación inclusiva: la realidad en las aulas

La educación inclusiva surge del convencimiento de que el derecho a la educación es un derecho humano básico que está en la base de una sociedad más justa. Por eso es conveniente asegurarse de que cada alumno pueda alcanzar el nivel de desarrollo personal más alto posible, sin que el entorno educativo obstaculice su progresión hacia ese cometido. La escuela debe facilitar la eliminación de barreras a la participación en su propia construcción personal.

Con este fin, dentro del ámbito educativo se proponen medidas para que todos los alumnos estén incluidos tanto a nivel del centro, como de aula y, de esta manera, evitar la segregación, con un proceso de enseñanza-aprendizaje adecuado a cada estudiante. El sistema tendrá que adaptarse a cada alumno, y no al revés.

Sin embargo, para que los alumnos en riesgo de exclusión social, participen en dinámicas y promocionen de modo global en su aprendizaje, se necesita que el sistema educativo adopte renovaciones importantes. Se hace necesario impulsar políticas educativas que garanticen la dotación de recursos necesarios para atender adecuadamente a los alumnos, en función a sus necesidades específicas, así como la implementación de programas de formación en inclusión y educación intercultural para los docentes. Desde UNIR, apoyamos el desarrollo de los educadores en el ámbito de la inclusión educativa a través de estudios como el Máster en Educación Inclusiva e Intercultural.

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