Jueves, 25 mayo 2017

Presidencia a golpe de tuit sin la lógica de las redes sociales

Una sola conferencia de prensa y 578 mensajes en Twitter. Ese es el balance de comunicación de Trump desde que tomó posesión en enero, hasta el 24 de mayo. Directo, incisivo, incluso recurriendo al insulto. El magnate estadounidense rompe esquemas con sus mensajes políticamente incorrectos, que buscan llegar directamente al ciudadano, sin pasar por el “filtro” tradicional del periodista. Mensajes que reciben en su ‘timeline’ sus 30,4 millones de seguidores, y que obligan a los medios a seguir el Twitter de Trump como si se tratara del atril de la sala de prensa de la Casa Blanca.

La fórmula no es nueva. En otros países ya se había advertido hasta qué punto esta red social puede ser correa de transmisión política. Sin embargo, Trump la ha llevado a un nuevo nivel. Y rompe esquemas en una nación en la que Twitter había sido empleado por los políticos de forma más convencional, con Obama como máximo referente (88 millones de seguidores). Los mensajes del expresidente se adecuaban a la estrategia de la Casa Blanca, a ritmo de frases de 140 caracteres que políticamente resultaban correctos y respetuosos con los medios.

Trump marca la agenda política de EEUU y de otros tantos países con sus tuits. Desde 2009 –cuando abrió la cuenta-, ha tuiteado casi 35.000 mensajes. Es decir, casi 3.000 por año. Retórica de dinamita que hace que la bolsa neoyorquina suba o baje. Empresas como Boeing o Lockheed Martin, y países como México, ya han comprobado los desastrosos efectos que puede tener a nivel económico ser citados por Trump en uno de sus tuits.

¿Es sostenible a largo plazo una comunicación digital de alto voltaje con las características que le ha imprimido Trump? Es la pregunta que se hacen los estudiosos de los medios y de la política. A corto plazo es un método de gran impacto; a largo, está por verse. Después de todo, Trump no sigue la lógica que inspira la red social. El presidente no responde a sus seguidores; tan sólo utiliza su cuenta como altavoz electoral. Raramente va más allá del mero retuit (siendo su propio equipo de campaña, Drudge Report e Ivanka los más retuiteados en el último año). No existe la ansiada bidireccionalidad con el ciudadano. ¿Acabarán por cansarse sus seguidores?

Asimismo, conviene poner las cifras en contexto. Asumiendo que todos sus ‘followers’ fueran estadounidenses, Trump estaría llegando a nueve de cada 100. No son pocos, pero el 91% restante sabe de los tuits de su presidente gracias a los medios, que son los verdaderos amplificadores de su impacto. Por tanto, periódicos, radios y televisiones siguen siendo esenciales para transportar su mensaje. Unos medios que resultan ser los usuarios más citados en los tuits presidenciales; en concreto, la CNN y el New York Times, principales objetivos de sus críticas.

¿Cambiará radicalmente Trump la forma de hacer comunicación política? El tiempo lo dirá. Por el momento, su “éxito” tuitero –y su propia victoria electoral- ya han demostrado que los manuales de siempre sobre cómo ganar unas elecciones se han quedado obsoletos.

David Iglesias Pérez Responsable del Área de Comunicación de GAD3

Máster en Liderazgo y Gestión Pública UNIR-IADG

Ciencias Sociales y del Trabajo