Miércoles, 26 abril 2017

La persona como centro de la intervención

En las asignaturas Envejecimiento y Vejez y Trabajo Social con personas en situación de dependencia del grado de trabajo Social de nuestra universidad no se ha profundizado en los modelos de atención que ponen el foco de atención en la persona. Entre ellos, el modelo de atención integral y centrada en la persona se ha revelado como el más significativo en los últimos años.
Las personas se han vuelto más exigentes porque a medida que transcurre su ciclo vital requieren formas, tipos y modelos de atención diversos y con intensidades diferentes. Las prestaciones, e incluso los recursos, que se han ido reconociendo como derechos también han generado situaciones diversas y, por lo tanto, una manifiesta pluralidad de entender la atención. De hecho, nos encontramos ante un cambio de paradigma en la atención e intervención porque se comienza a poner el foco de atención en la persona. De los tiempos pretéritos que se centraban en la enfermedad y en curar, estamos caminando por la senda que tienen como objetivo cuidar. El cambio es realmente significativo, puesto que sitúa la atención integral de la persona como un acuerdo ético que tiene como principios orientadores la beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia social. Por lo tanto, se huye de los enfoques basados en los déficits, del único poder del profesional, del aislamiento de un servicio y de los excesos técnicos en la utilización del lenguaje.
Como bien ha recogido Rodríguez (2013), el nuevo enfoque parte de dos dimensiones básicas, integralidad y personalización. La primera nos recuerda que los seres humanos estamos constituidos por aspectos biomédicos, medioambientales, psicológicos y socioculturales. Para dar cuenta de éste, pues es necesario un funcionamiento que ahonde tanto en la coordinación y metodología adecuadas como en la gestión y acompañamiento de los casos particulares. La personalización es el reconocimiento “del derecho que todos tenemos a desarrollar y controlar nuestros propios plantes de vida” (Rodríguez, 2013, p. 24). Se basa, como es obvio, en la dignidad y autonomía de la persona. Al colocar a la persona en el centro se están teniendo en cuenta tanto sus preferencias como el respecto por su participación en el proceso.
Este nuevo paradigma supone esfuerzos en los distintos niveles, bien sean estos organizativos en los propios centros de atención como en los roles que deben desempeñar los profesionales. Pero también debe quedar claro, como expone Martínez (2013), que se debe situar el foco en las fortalezas de la persona, en su participación, en compartir con ella las decisiones, encuadrarla en su entorno, y generar un leguaje accesible.
Para saber más:
Rodríguez, P. (2013). La atención integral y centrada en la persona. Madrid: Fundación Pilares para la autonomía persona.
Martínez, T. (2013). La atención centrada en la persona. Algunas claves para avanzar en los servicios Gerontológicos. Recuperado de http://www.acpgerontologia.com/documentacion/ACPMartinezActasdependencia.pdf