Universidad Internacional de La Rioja

Telefilmes y documentales, más valorados

TVE falló en su plan para conectar con la juventud española de los años 80

España, años 80. Tras el Franquismo y la Transición el país vive el auge de la Democracia y la televisión es el medio de comunicación más consumido por los españoles. Especialmente durante las dos primeras legislaturas del Gobierno de Felipe González. En esos años, el objetivo prioritario de TVE es el público juvenil menor de 25 años, que suponía más del 40% de la población y estaba llamado a construir el futuro de la ciudadanía.

Peo el ente público falló a la hora de aproximarse a la juventud española. Es la conclusión del artículo “La programación juvenil de Televisión Española (1982-1989): una oportunidad perdida” que ha publicado la revista Journal of Spanish Cultural Studies. El estudio de investigación, elaborado de forma conjunta por UNIR y la Universidad Complutense de Madrid, explica cómo, tras su llegada al poder, el nuevo Gobierno socialista fue muy consciente de la influencia que la televisión tenía en la sociedad. El ente público aprovechó su potencial valor en el proceso de democratización del país y diseñó un plan para atraer a la audiencia juvenil.

Sin embargo, los nuevos programas que, se suponía, debían de ser el pilar de esa nueva generación no fueron recibidos con entusiasmo. Así lo explican María Antonia Paz, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, y Julio Montero, vicerrector de Investigación de UNIR, en dicho artículo. En él, indican que TVE no fue capaz de ofrecer una programación para jóvenes que respondiera a sus necesidades.

“Ser joven no era un rasgo tan contundente para definir este tipo de audiencia como lo era el sexo, el nivel educativo, la clase social o el vivir en núcleos rurales o urbanos”, explica María Antonia Paz. Pese a que el contexto social había cambiado y la ‘Movida’ fue un símbolo de ruptura con lo anterior, destacan, se mantuvieron normas y hábitos heredados de la Transición e, incluso, del Franquismo.

El control de TVE

Según la investigación, la televisión pública produjo programas específicos para necesidades políticas concretas. Desde dar cabida a “visiones alternativas de la Guerra Civil” hasta crear una serie de ficción para apoyar la ley general de educación aprobada en la época. Pero sin conseguir enganchar a los más jóvenes.

Esta dificultad de atender las necesidades de una audiencia poco cuidada hasta entonces se tradujo en cierto desinterés por mejorar los contenidos de la programación juvenil. Pese a ello, la incipiente llegada de las televisiones privadas en España (Ley de Televisión Privada de 1988), como ya ocurría en países de nuestro entorno, obligó al ente a ser más dinámico y dar mejor respuesta a este colectivo.

La oferta de contenidos y sus contradicciones

Los programadores supieron captar la importancia que la música tenía para este colectivo (se emitieron hasta doce programas en siete años). Sin embargo, lo que más valoraban los jóvenes eran los telefilmes norteamericanos y los documentales sobre naturaleza como “El Hombre y la Tierra”.

Esta complicada relación entre la televisión y el público joven, aún en proceso de definición, generó contradicciones. Por ejemplo, resulta sorprendente que la televisión fuera una de sus opciones de ocio favoritas, pero no por la programación pensada para ellos.

Además, la situación del país no facilitó las cosas. “La gente joven podía votar desde los 18 años pero estaba sin trabajo y vivía bajo el techo de sus padres”, comenta Julio Montero. Cuestiones que se les escaparon a los directores de programación, que tampoco entendieron que los jóvenes consumían otros espacios televisivos más allá de la franja diseñada para ellos. La juventud se percibía como un ente pasivo y se erraba en sus verdaderas preferencias.

Los acercamientos quedaron casi siempre reducidos a un lenguaje coloquial, a formas desenfadadas y a presentadores jóvenes. La música se percibió como la manifestación más destacada de la cultura juvenil, debido en parte a La Movida (cuyas formas de expresión fueron más allá de la música). “Aunque se hubiera acertado, se hubieran desperdigado en ese manto verde que fue la programación generalista”, concluyen los investigadores.