Universidad Internacional de La Rioja

Karina Arévalo

"El Experto de Inteligencia Emocional de UNIR me descubrió mi vocación"

Un antes y un después. Es lo que ha supuesto para Karina Arévalo el título de Experto Universitario en Inteligencia Emocional de UNIR. Tanto a nivel personal como profesional, esta joven peruana asegura que la decisión de estudiar esta materia le permitió descubrir su vocación “y hacer realidad mi gran sueño”. “El Experto”, recalca, “aparte de darme las herramientas para formarme me ayudó a conocerme, vencer mis miedos y descubrir que quería trabajar y servir a la educación de mi país”, reconoce.

No en vano ha pasado de trabajar en el rubro comercial de una consultora de Recursos Humanos a crear la suya propia con la que va viento en popa. En los últimos meses ha trabajado en un gran proyecto con una empresa méxico-peruana para capacitar a más de 400 colaboradores en Inteligencia Emocional en el servicio al cliente al que hay que sumar las capacitaciones a docentes para priorizar las estrategias de prevención del acoso escolar. “Estoy muy contenta con los resultados en ambos programas, ha sido muy ambicioso pero a la vez gratificante”, alaba.

P. ¿A qué te dedicabas antes de estudiar el Experto de Inteligencia Emocional de UNIR?

Soy Comunicadora Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y cuento con un diplomado en Relaciones Públicas y Comunicación Corporativa en la escuela de PostGrado EPU de la Universidad San Martín de Porres. Trabajé en una empresa de formación en inglés, dentro del área administrativa, y luego tuve la oportunidad de ingresar a una consultora de Recursos Humanos.

P. Fue entonces cuando quisiste dar un paso más.

Sí. Si bien es cierto que empecé en el rubro comercial, me permitió aprender mucho y desperté el interés de formarme como entrenadora y facilitadora. Había descubierto que me encantaría dictar, poder desarrollar procesos formativos y sabía que podía, pero sentía que algo me faltaba.

P. ¿Por qué UNIR?

Es una historia que siempre me encanta contarla. Era un sábado por la noche. Estaba trabajando, preparando informes. Me sentía aburrida y estresada con el trabajo que tenía, quería cambiar de giro. Pedí una señal de que debía tomar acciones y a mano izquierda de la página del correo electrónico de la oficina pude visualizar una publicidad que decía ‘Hazte experto en Inteligencia Emocional’. Le di clic y me informé del currículum y del plan docente. Con gran entusiasmo envié un correo en el que, desesperadamente, pedía información. El lunes se comunicaron conmigo para darme todos los detalles.

P. Y te convenció.

Al principio tuve mis dudas de inscribirme en un programa online, era la primera vez que iba a estudiar bajo esa modalidad y lo que más me motivó fue el contenido académico del título. Pensé que me ayudaría a despegar profesionalmente, como así sucedió. Cuando me incribí, decidí hacerlo porque sentía que lo necesitaba como persona, conocerme, valorarme, creer en mí y, lo más importante, aprender a gestionar mis emociones. Por eso se me hace tan sencillo dictar talleres de manejo de las emociones y habilidades intra e interpersonales, porque considero que, al vivirlas y obtener herramientas, me permite llegar a los demás a través de mi experiencia y decir ‘sí se puede mejorar’.

P. ¿Qué asignaturas son tus favoritas?

Las que más me impactaron fueron Autoestima y Gestión emocional. Son dos aspectos de mi vida que necesitaba mucho trabajar y aprender a gestionar y me ayudaron a empoderarme.

P. Dos aspectos clave de la Inteligencia Emocional. ¿Por eso elegiste este título?

Sí, saber que iba a prender herramientas que me permitirían desenvolverme en sectores educativos me emocionaba mucho. También porque consideré que me ayudaría a trabajar primero en mí; sabía que tenía aspectos que mejorar pero nunca imaginé que no solo me ayudaría a mejorar a mí como persona y profesional, sino también que, en consecuencia, mejoré mis relaciones con mi familia y allegados.

P. Ahora que ya has concluido los estudios, ¿qué destacarías de ellos?

Destacaría muchas cosas.

P. ¿Por ejemplo?

La plataforma virtual. Después de UNIR, me animé a realizar otros estudios así y no he encontrado plataformas tan amigables y completas al estudiar. Otro punto importante fueron las clases en vivo, las grabadas, las lecturas, los vídeos… Ha sido un programa A1. UNIR dejó una valla muy alta para otros programas online en los que he participado y que no la han superado.

También resalto las prácticas. Cada trabajo que hacía era cuidadosamente revisado por las profesoras y sus recomendaciones me abrían mucho los ojos y me permitían mejorar y aprender. Además, jamás sentí las distancias, lo que me hizo sentir especialmente cómoda. Y, por último, gracias a este Experto pude conocer a una de las personas que más admiro y considero mi mentora, siempre aprendo de ella, la profesora Carmen García de Leaniz. Gracias a ella hago lo que más me gusta: ayudar y enseñar.

P. ¿En qué consistió tu proyecto?

Desarrollé talleres para alumnos en un colegio mixto y trabajé con niños de entre 8 y 13 años que en sus hogares estaban pasando por un proceso de separación de los padres. Fue uno de los más hermosos que pude tener, trabajé la autoestima, la gestión emocional y la resolución de conflictos. Al acabar, adquirieron una enorme responsabilidad y seguridad, mejoraron su comportamiento con los compañeros, fortalecieron su autoestima y manejaron sus emociones, lo que se reflejó en sus calificaciones.

P. Descubriste tu vocación. 

El Experto Universitario en Inteligencia Emocional me cambió la vida y me permitió descubrir mi vocación. En mi rubro personal me siento mucho más segura, soy más consciente de mí misma. Sé que aún debo mejorar, pero mi mirada ahora es mucho más apreciativa que crítica; juzgo menos y me concentro más en las mejoras de mi motivación. Mis relaciones personales con mi esposo y familia mejoraron totalmente, nos comunicamos más y reflexiono más acerca de su sentir y pensar.

En el rubro profesional, aprendí herramientas que me posicionan como una verdadera experta en el tema emocional en Lima y me permite ofrecer técnicas y contenido. Me ha permitido capacitar a más de 200 docentes, 650 alumnos y 1.300 padres de familia y he podido llevar la Inteligencia Emocional a organizaciones públicas y privadas.

P. Es decir, que supuso un antes y un después en tu vida. 

Sí. Antes de concluirlo, descubrí o perdí los miedos a hacer realidad mi gran sueño. Sabía que quería ayudar a las personas en su crecimiento y desarrollo como personas y profesionales. Y el título, aparte de darme las herramientas para formarme, me ayudó a conocerme, vencer mis miedos y descubrir que quería trabajar y servir a la educación de mi país. Por ello, creé la consultora Lado B educación emocional, para apoyar a crear ambientes educativos más empáticos y saludables a través del desarrollo y entrenamiento de los actores involucrados en la educación de los alumnos.