El blog de Ramón Salaverría

El mercado de la comunicación que sobreviva en Europa a la profunda crisis económica es una incógnita. En un panorama como el actual, donde se suceden noticias sobre cierres, fusiones y operaciones societarias, nadie sabe a ciencia cierta qué marcas alcanzarán la playa cuando la crisis escampe. De hecho, ni siquiera se sabe cuál será la estructura de los medios que emergerá de la debacle: cuántos diarios habrán resistido, que habrá pasado con los medios audiovisuales, cómo evolucionarán las embrionarias publicaciones digitales.

¿Cuándo fue la última vez que leíste una noticia en un medio digital y terminaste irritado? No hace mucho, ¿verdad? No me refiero en este caso a la endeblez de ciertos contenidos -que también-, sino a la forma tan desesperantemente torpe de presentarlos. De tanto ver repetidos esos despropósitos, he empezado a pensar que algunos redactores de internet los cometen a posta. Algunas noticias, ciertamente, parecen escritas con el fin de exasperar al lector. Y a fe que lo consiguen. Al menos, conmigo suelen acertar de pleno.

Uno de los ámbitos periodísticos que más han evolucionado en los últimos tiempos es la elaboración de informaciones a partir de bases de datos. Hay múltiples ejemplos. Algunos, como la visualización estadística o la utilización periodística del "big data", abren territorios muy prometedores. Otros, más modestos, ya forman parte cotidiana de nuestro consumo informativo: sistemas que nos informan en vivo sobre las cotizaciones de bolsa, pronósticos meteorológicos, marcadores deportivos... Una parte cada vez mayor de las referencias informativas que consultamos a diario no requieren de la intervención de ningún periodista.