Jueves, 16 febrero 2017

Cómo vivir en un tiempo acelerado

Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante, es el libro con el que Luciano Concheiro  se convirtió en finalista al Premio Anagrama de Ensayo. La idea del libro es, en muy pocas palabras (siempre vale más leer el libro), que el anhelo capitalista por la máxima ganancia con la menor pérdida lleva a la mecanización del tiempo. Un tiempo mecánico orientado por la productividad adquiere rápidamente el rasgo de un tiempo acelerado, un tiempo que va más allá de nosotros.

(Comparto la idea, que creo que Heidegger pensó bien: mi comprensión del mundo no puede separarse nunca de la comprensión de mí mismo. En mi opinión, el mundo de la tecnología es –específicamente– el que conduce a nuestro modo acelerado de ver la vida. Por ejemplo, en los años 80 empleábamos señales analógicas en las comunicaciones móviles. Ahora, en unos cuantos años, estamos por desplegar de forma masiva la tecnología 5G. Etcétera.)

Hay algunas críticas que vale la pena tener a mano al leer el libro. La primera es de Camilo Ruiz Tassinari (2), quien lanza un par de observaciones críticas. La principal es que la parte programática del libro se queda corta: la filosofía práctica del instante se reduce a notar que no podemos escapar a la alienación del tiempo capitalista (ni lograr un cambio real en las estructuras del mundo que producen la alienación): no queda sino consagrarnos al instante. El diagnóstico final de Camilo Ruiz sobre la propuesta de Concheiro: “un individualismo brutal y un ensimismamiento abrumador en su microcosmos social”. (¿Es el individualismo lo que conduce al consumismo insatisfacible o al revés?)

Carlos Fonseca (3), en cambio, rescata “la genealogía de la inmovilidad frenética que caracteriza a nuestra época”. Hay una poética de la vida en el instante: “un mundo de resistencias mínimas, un mundo de presencias y de potencialidades latentes, que resisten ante el embate de una realidad que siempre pide más. En el proceso, el ensayo termina configurando una apuesta por una cronopolítica que implicaría, sobre todo, una nueva forma de estar en el mundo”.

En el fondo, hay un cierto pesimismo, reminiscencia de Schopenhauer: el deseo de dominio y posesión –y el tiempo que disponemos para ello– es parte del juego de una voluntad que no puede parar. La mecanización del tiempo podría dar ocasión a un ejercicio que nos mostrara esto objetivamente. ¿Pero resuelve eso realmente el problema? La solución se antoja similar también a la de Schopenhauer: una instalación.A Concheiro le gusta leer poesía en voz alta. Caminar sin rumbo fijo. Cultivar una serenidad reflexiva, así sea atrapado en un atasco en la Ciudad de México, todo un desafío ontológico. Cree que en cualquier fragmento de cotidianeidad se puede hallar la oportunidad de darle un sopapo al imperio de la aceleración” (4). Es decir: “resistencias temporales” (pero sin cambio de estructuras).

Quizá el juego va más allá. Ante la vorágine de la aceleración se puede apostar por una ecología humana que intente hacerse cargo no sólo de la aceleración como lo expelido por la cultura del consumo (y que nos deja sin embargo en un vacío: el instante es la negación del tiempo puesta en el tiempo), sino de la raíz de nuestra expulsión del tiempo humano. Una visión totalmente distinta a la que bien podría ayudar leer estas palabras de Patrick J Deneem: “El ‘conservadurismo’ contemporáneo no ofrece una respuesta al liberalismo porque él mismo es una forma de liberalismo. Mientras los veteranos en la derecha política continúan luchando contra los ‘ambientalistas’ o ecologistas, son ellos mismos incapaces de detectar cuán conservador (conservacionista) es el impulso entre los jóvenes que ven claramente los límites de la economía consumista y los estragos que le hereda a la siguiente generación. En general, estos veteranos carecen del reconocimiento de que no podemos examinar uno de los grandes compromisos del liberalismo que hoy se llama “progresista”, mientras ignoramos el otro, particularmente el liberalismo económico. Se necesita un paradigma diferente, uno que conecte intrínsecamente la cultivación de la auto-limitación y el auto-gobierno entre asociaciones y comunidades con una ética general de ahorro, frugalidad, trabajo, administración y cuidado. Mientas la narrativa dominante de la elección individual dirigida a la satisfacción del apetito y el consumo domine los ámbitos personales o económicos, la ética del liberalismo continuará dominando nuestra sociedad” (5).

Liberalismos hay de todas clases, claro. Pero la conexión entre liberalismos y la búsqueda de una originaria forma de vida, ahí puede estar.

 

 

(1) Luciano Concheiro, Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante,  

(2) Camilo Ruiz Tassinari, “Desventuras en el posmarxismo mexicano”, Replicante, 20.I.2017 [http://revistareplicante.com/desventuras-en-el-posmarxismo-mexicano/]

(3) Carlos Fonseca, reseña de Contra el tiempo en Otra parte semanal, 9.II.2017 [http://revistaotraparte.com/semanal/ensayo-teoria/contra-el-tiempo/]

(4) Pablo de Llano, “Este joven quiere matar el tiempo”, El País, 8.X.2016 [http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/08/actualidad/1475878964_086917.html]

(5) Patrick J. Deneem, “Unsustainable Liberalism”, First Things, VIII.2012 [https://www.firstthings.com/article/2012/08/unsustainable-liberalism]