Martes, 26 septiembre 2017

Las innovaciones del bitcoin: la criptografía en los bancos centrales y contratos digitales sin intermediarios

El bitcoin comienza a ser conocido entre el gran público. Pese a que muchos piensan que el elemento innovador de esta moneda es el hecho de que sea digital, la realidad es que la mayoría de las monedas tradicionales hoy son cuasidigitales: los euros, los dólares, etc., son monedas digitales de facto: los economistas estiman que solo el 8 por ciento de la moneda mundial existe realmente en efectivo. El resto son registros electrónicos de los ordenadores de los bancos centrales que emiten la moneda, así como de los bancos comerciales que actúan de intermediarios con el público en general.

Dos son las características innovadoras del bitcoin. Es el primer tipo de criptomoneda, lo que significa que utiliza algoritmos matemáticos que permiten verificar fácilmente la autenticidad de una operación, pero no permiten reproducirla. Eso substituye a los mecanismos de protección del efectivo, que emplean hologramas, tintas y papeles especiales, marcas de agua, etc., así como a los mecanismos de seguridad informática que posee los bancos.

La otra característica innovadora: la descentralización. No se necesita confiar en una autoridad central o intermediario en el que confían las dos partes que necesitan realizar una transacción económica, como sucede con las monedas convencionales. Por el contrario, las transacciones son certificadas por una red de múltiples intermediarios anónimos que son recompensados con bitcoins por certificar las transacciones. Estos intermediarios no necesitan confiar entre sí, ya que una transacción se certifica cuando democráticamente la mayoría de estos múltiples ordenadores la valida. La producción de moneda está totalmente controlada por el algoritmo que rige el bitcoin y no puede ser manipulado. En las monedas tradicionales la producción de moneda está controlada por el banco central, que, por ejemplo, puede establecer políticas monetarias para estimular la economía.

El bitcoin, como las monedas convencionales, es fiduciaria, es decir que su valor está basado en la confianza que los usuarios le dan como medio de pago. Sin embargo, el bitcoin todavía no es una moneda en la que haya plena confianza por parte del público,  como muestra su volatilidad.  Las noticias de legalización o prohibición por parte de gobiernos, el aún escaso número de comerciantes que acepta su uso para comprar bienes y servicios, el empleo en actividades ilícitas, así como la publicidad que se da en los medios de comunicación incide muchísimo en su valor. Por otra parte la tecnología aún no está del todo estandarizada y estabilizada: es un sistema de pago más lento que otros electrónicos centralizados como las tarjetas de crédito o Paypal.

Aunque es poco probable que suceda a corto plazo, un auténtico golpe de efecto que podría ayudar a consolidar esta moneda como medio de pago y no como medio puramente de inversión sería que un gran agente económico decidiera aceptar únicamente bitcoins por sus productos o servicios. Por ejemplo: que Arabia Saudí decidiera que su petróleo se debe comprar únicamente en bitcoins en vez de dólares, o que un Estado exigiera que sus impuestos sean pagados con bitcoins. Ello permitiría generar la confianza de la que adolece un sistema descentralizado.

Mientras la moneda sea tan volátil, será muy difícil extender su uso en transacciones ligadas a la economía real (intercambio de bitcoins por bienes y servicios), ya que pocos comerciantes aceptan bitcoins; continuará ligada a la economía especulativa y utilizada principalmente como activo de inversión.

Sea un éxito o un fracaso, esta moneda es una inspiración para otras innovaciones. Muchos bancos centrales han tomado la criptografía como mecanismo de protección para crear sus propias criptomonedas, aunque en este caso centralizadas. La tecnología en la que se basa el bitcoin también se está empleando para desarrollar contratos digitales sin intermediarios.

Kateryna Bondar, profesora de Innovación y Gestión de la Tecnología, MBA e IMBA.