Domingo, 19 marzo 2017

China afianza su papel internacional reforzando su moneda

El mercado internacional de divisas, de forma prácticamente generalizada, funciona de forma similar a como lo haría el mercado de las naranjas, esto es tomando como principio el simple juego de oferta versus demanda. En aquellos momentos en los que la potencia económica de un país atrae inversiones o las exportaciones se incrementan, se produce una mayor demanda de moneda local. Esto, que a priori deriva de factores positivos, implica una apreciación -crecimiento del valor de la moneda – con respecto a otras. La revalorización de una moneda hace que los compradores extranjeros deban aportar una mayor cantidad de moneda propia para comprar los mismos productos que anteriormente adquiría a un menor precio, pues la moneda que deben usar para satisfacer las facturan ha incrementado su precio.
El sistema descrito, de fluctuación libre, encuentra excepciones entre aquellos países que por diferentes motivos deciden anclar de forma artificial el valor de su moneda al resto de dividas. Esta artificialidad se entiende asumiendo que la lógica del mercado continuará su curso, generándose distintos niveles de demanda de moneda, y con ello movimientos inevitables en los precios de referencia. La autoridad monetaria nacional, para evitar que la relación de precios se altere con respecto a los niveles marcados como objetivo, deberá intervenir en los mercados comprando o vendiendo moneda propia o divisas extranjeras, de modo que se empujen a los precios a los niveles objetivo. Estas operaciones implican grandes costes y distorsiones en la política monetaria.
Una de las razones que puede justificar la costosa opción de mantener un tipo de cambio fijo, se asocia a aquellos países que dependen en gran medida de su sector exterior, exportadores netos, como China. Estos países necesitan de un tipo cambio barato para garantizar que sus exportaciones sean competitivas y se coloquen sin problemas. Hablaría por lo tanto de una ganancia de competitividad vía tipo de cambio, inducida por lo tanto de manera arbitraria. Además estos países generan superávits comerciales que les permiten financiar las operaciones de compra-venta de divisas.
A China se la ha acusado desde hace años de mantener uno tipo de cambio artificial, lo que le generaba una ventaja en el comercio internacional. Esta política ha sido denunciada ante la Organización Mundial del Comercio y ha sido motivo de roces diplomáticos internacionales. Lo curioso es que aunque China sigue interviniendo su tipo de cambio, desde hace no demasiado tiempo ha comenzado a operar en el sentido contrario al que se esperaría. Ha hecho lo posible por sostener el valor de su moneda y evitar caídas que incluso beneficiarían sus exportaciones, tal y como se ha señalado. El motivo de este cambio de política sería la voluntad, como meta a medio plazo, de afianzar el Yuan como una moneda estable de referencia internacional. Para ello se debe garantizar, aunque sea de forma artificial, su fortaleza, generando imagen de confianza y estabilidad. Esto contribuirá a afianzar el papel de China en el nuevo orden económico internacional, además de generar otra serie de ventajas que se derivan de que esta moneda reciba el mismo trato que el dólar o el euro.
Por lo tanto China ha prefiero optar por avanzar en su posicionamiento internacional, a costa de mantener su papel como la manufactura del mundo. El mensaje es claro, los mercados no engañan.