Miércoles, 15 febrero 2017

Más sobre violencia infantil: la cara oscura de la epigenética

En el anterior post explicamos el rol que desempeña el estrés en ciertos cambios epigenéticos responsables de que estemos más expuestos a cierto tipo de problemas de salud, ya sean físicos o mentales. ¿Qué tiene esto que ver con la violencia infantil? Pues muy sencillo: ser víctima de un abuso físico o sexual, de una situación de bullying o criarse en entornos disruptivos donde se observe violencia, no solo produce un daño momentáneo en el bienestar físico y psicológico del niño, sino que está comprometiendo su salud futura, de forma seria, debido a los cambios epigenéticos. Los problemas de conducta o aprendizaje que causa la violencia, son paños menores si los comparamos con enfermedades como la esquizofrenia, las enfermedades metabólicas o los infartos cerebrales, amen de las enfermedades mencionadas anteriormente.

Por tanto, la detección temprana y la intervención infantil deberían de ir de la mano de la investigaciones sobre estrés biológico, pero lo cierto es que apenas se hacen estudios de este tipo. Y esta interacción clínica y científica pocas veces se da. Esto contrasta con las cifras que disponemos, que sugieren que en los países desarrollados entre un 5 y un 35% de niños sufre abuso físico y sexual, un 30% sufre acoso escolar y un 10-20% se cría en entornos de violencia doméstica (Moffitt y Klaus-Grawe Think Tank, 2012). Recientemente, se ha publicado en nuestro país un estudio pionero que va en esta línea y demuestra por primera vez la relación entre niveles de cortisol (la hormona del estrés, entre cosas) en escolares y el ciberbullying: http://bit.ly/2jmJPux

Como decíamos anteriormente, los efectos del estrés acumulativo son devastadores y no van a hacer aparición solamente en el momento en el que niño sufra violencia sino que le acompañarán de por vida y dictaminarán que sufra ciertas enfermedades (si no se pone remedio). Es más, autores como Kessler et al. (2010) sugieren que si erradicáramos la adversidad en la que viven muchos niños disminuiríamos en un 30% las enfermedades mentales. En el caso concreto del acoso escolar, contamos con investigaciones que lo vinculan al riesgo de padecer trastornos psiquiátricos. También sabemos que la violencia daña el desarrollo cognitivo y las victimas suelen tener un cociente intelectual inferior a la media como consecuencia directa del estrés.

Esta es la cara oscura de la epigenética, responsable de una cadena que va desde la violencia y el estrés hasta la enfermedad y la muerte. Cuando escuchemos que un niño sufre, pensemos también que ese niño de adulto seguirá arrastrando las consecuencias terribles de ese sufrimiento. Este debería de ser un motivo suficiente para impulsar una mayor interacción entre ciencia y sociedad y hacer estudios multidisciplinares donde la investigación sobre el estrés biológico se compagine con intervenciones clínicas.

@ana_cleon

Referencias

Kessler, R.C., McLaughlin, K.A., Green, J.G., Gruber, M.J., Sampson, N.A., et al… (2010). Childhood adversities and adult psychopathology in the WHO World Mental Health Surveys. British Journal of Psychiatry,197, 378–385.

Moffitt, T.E., y the Klaus-Grawe 2012 Think Tank. (2013). Childhood exposure to violence and lifelong health: Clinical intervention science and stress biology research join forces. Development and Psychopathology, 25(4 0 2), 10.1017/S0954579413000801. http://doi.org/10.1017/S0954579413000801