Lunes, 24 julio 2017

Más psicopedagogos para una formación integral y de calidad

Son múltiples los ámbitos de trabajo y las áreas de intervención que el psicopedagogo desempeña. Un profesional de la psicopedagogía está capacitado para dar apoyo a centros educativos, asesorar a adultos y a la tercera edad, trabajar en departamentos de recursos humanos, diseñar planes formativos, orientar como experto en coaching, ayudar a las personas en la definición de sus proyectos de vida y diagnosticar y establecer programas de intervención para atender a la inclusión.

En el contexto educativo el profesional de la psicopedagogía se instaura con un cometido claro: conseguir que los estudiantes alcancen una formación integral y de calidad. Entre sus funciones básicas destacan identificar, diagnosticar e intervenir en estudiantes con dificultades educativas; orientar en los procesos académicos, profesionales, vocacionales y personales; diseñar programas académicos para la formación en valores, el desarrollo de competencias y habilidades; y establecer lazos de colaboración entre los centros educativos, la familia y la sociedad.

En distintos informes publicados por instituciones de reconocido prestigio internacional como la IAEVG (International Association for Educational and Vocational Guidance), la ASCA (American School Counselor Association) o la UNESCO se recomienda establecer, en cada centro educativo, una ratio de un psicopedagogo por cada 250 estudiantes.  Para alcanzar este objetivo, y según se indica en el artículo 26.4 de la Ley Orgánica 2/2006 y sucesivas, las administraciones educativas promoverán las medidas necesarias para que la tutoría personal de los alumnos y la orientación educativa, psicopedagógica y profesional, constituyan un elemento fundamental.

Sin embargo, la realidad del psicopedagogo en los centros educativos del contexto nacional español es bien distinta. Como media, estos centros triplican las tasas que se han venido indicando en estos informes. En concreto, hay un único psicopedagogo para atender alrededor de 800 estudiantes. Se trata de una cifra verdaderamente preocupante que van en detrimento de la calidad educativa del sistema formativo y que tienen como resultado posibles riesgos en los procesos de adaptación del alumnado a la formación académica, ausencia de medidas inclusivas de los estudiantes en el centro educativo y en la sociedad en la que se desenvuelven, aumento del fracaso académico y del abandono escolar y falta de preparación para afrontar los tránsitos entre etapas educativas.

Esta situación se traduce en un día a día para el profesional de la psicopedagogía caracterizado por la sobresaturación de tareas. El psicopedagogo, nada más llegar al centro educativo, tiene un estudiante que debe ser diagnosticado por una posible necesidad educativa; al mismo tiempo, el claustro de profesores le demanda medidas educativas para afrontar las preocupantes cifras de fracaso y abandono escolar; a su vez, está preparando las charlas informativas que llevará a cabo en los cursos preparatorios hacia la universidad; además, no se olvida que en su agenda tiene programada una cita con los tutores del centro para diseñar un programa para el desarrollo de la identidad vocacional y para la definición de los itinerarios formativos y profesionales del estudiantado; y así, un sin fin de actividades.

Es necesaria, pues, una reducción notable de la relación existente entre el psicopedagogo y el número de estudiantes que atiende para garantizar un sistema educativo integral y de calidad. Una demanda así se ha iniciado desde Andalucía, pero la realidad que vive el resto de comunidades autonómicas exige que se extienda al resto de la geografía española.

 

Téngase en cuenta, además, el vídeo online que se puede reproducir pinchando en la foto o en este enlace: https://unir.adobeconnect.com/_a803263337/pr52uwnlwgbp/?launcher=false&fcsContent=true&pbMode=normal