Martes, 18 abril 2017

El estrés en la infancia: ámbitos y recomendaciones

El estrés se puede definir según la RAE (2014), “como una tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”. El estrés entonces, puede causar su efecto en cualquier persona que en ese momento tenga la impresión de sentirse presionada o agobiada. En la infancia, el estrés es diferente al de los mayores debido tanto a su madurez cognitiva, como emocional y conductual, y se percibe y manifiesta de manera distinta.

El estrés en los niños, puede deberse tanto a factores externos, como los sucesos que inciden en sus capacidades de manera negativa, como a factores internos, que se muestran según la percepción del niño que tenga sobre sí mismo o del mundo que le rodea y en la interacción que haya entre los dos factores. Mayormente, el estrés que se produce día a día, de forma cotidiana, se refiere a las demandas que suelen causar frustración o irritar al niño.” Se trata de sucesos, problemas, preocupaciones y contrariedades de alta frecuencia, baja intensidad y alta predictibilidad que pueden alterar el bienestar emocional y físico del individuo. Estos sucesos se denominan estímulos estresantes o estresores.” (Trianes y al., 2014, p.32)

Siguiendo a Roa (s/f), podemos decir que cuando los niños son muy pequeños manifiestan sus emociones estresantes siendo irritables de forma continua, aparecen llantos, querer estar en los brazos o perder el apetito. También surgen las pesadillas o miedos evolutivos, pero de forma exagerada o les viene una ansiedad de separación. Pueden surgir incluso, efectos como la tartamudez o dificultades del habla o retrocesos a comportamientos que ya tenía superados, como por ejemplo, la enuresis nocturna, la succión del dedo pulgar, en definitiva, aparecen signos de alerta. En la medida que van creciendo los niños, hay más irritabilidad o surge el llanto sin motivación alguna. Si el estrés es más continuo se muestran más agresivos de lo habitual apareciendo comportamientos para llamar la atención, quejas de dolores o de molestias físicas.

Los ámbitos o contextos donde se produce el estrés son los siguientes:

– Salud: El dolor y la enfermedad constituyen una de las principales fuentes de estrés para los niños. La hospitalización por enfermedad crónica es considerada como el factor de estrés más relevante en la población infantil. (Roa, s/f) También, relacionados con otras situaciones de enfermedad, visitas al médico, pequeños padecimientos y preocupación por la imagen corporal. (Trianes y al.,2014, p.34)

– Escuela: No aceptación de los iguales, acoso o molestias de otros, cambiarse de colegio, exceso de demandas escolares, malas notas, conflictos con los profesores… (Roa, s/f). También, con contenidos relativos al exceso de tareas extraescolares, problemas en la interacción con el profesorado, dificultades con la relación con los compañeros de clase, y percepción de dificultades en la concentración. (Trianes y al., 2014, p.34)

– Familia: El nacimiento de un hermano, el divorcio de la pareja, el fallecimiento de abuelos o de familiares queridos, los cambios de domicilio, las dificultades en la situación laboral de los padres… (Roa, s/f). También con situaciones como dificultades económicas, falta de contacto y supervisión de los padres, soledad percibida, peleas entre hermanos y exigencias de los padres. (Trianes y al.,2014, p.34)

Trianes y al. (2014), nos sugieren unas recomendaciones dadas a los padres para reducir el estrés y que también pueden ser llevadas a cabo por el profesorado adaptándolas al aula:

– Modificar los acontecimientos estresantes de manera que sean adecuados para que el niño los pueda afrontar. Por ejemplo, la planificación de las actividades cotidianas diarias que no le supongan al niño una dificultad y para ello puede ser el que se levante quinces minutos antes, no tener demasiadas actividades extraescolares, etc.

– Dar mensajes al niño que le tranquilicen cuando haya ocurrido un suceso, para que pueda reinterpretarlo de otra forma, como por ejemplo, si han perdido el autobús, decir que van bien de tiempo y que no hay ningún problema, que pueden aprovechar mientras para leer o para hablar.

– Educar enseñando a que los problemas se pueden compartir con los padres y lograr ayuda para hacerles frente. No hay que olvidar que se hace necesario el que haya una buena comunicación entre padres e hijos, que se les escuche abiertamente y que se les muestre una buena comprensión a los problemas que les puedan surgir. La posibilidad de apoyo inmediato al estrés que pueda surgir en los niños con una debida escucha activa y expresando su ayuda a los problemas que les surjan, hará que el niño se sienta apoyado frente al estrés y le proporcionará seguridad, que confíe en sí mismo y que mejore su autoestima.

– Mostrar optimismo cuando ocurre un suceso, como por ejemplo, si ha bajado el rendimiento en una asignatura, decir que van a encontrar una solución estudiando un poco más, que le van a ayudar a estudiar o que va a tener un profesor particular y transmitir siempre soluciones.

– Tener un modelo de habilidades sociales y educar al niño enseñándole así unas estrategias útiles para que el niño maneje el estrés interpersonal. Por ejemplo, que sepa ser asertivo, que el niño sepa evitar actitudes o comportamientos de pasividad o de agresividad, de manera que manifieste el  saber expresarse de manera lógica o que sepa cómo recibir una crítica, estableciendo unos canales de comprensión para otros puntos de vista y para una posible negociación.

– Enseñarle a realizar unas técnicas de relajación, como por ejemplo la respiración profunda diafragmática o relajación muscular progresiva, y practicar  algún deporte y/o realizar actividades de ocio.

– Que el niño tenga unos hábitos saludables en la alimentación y sepa realizar bien el descanso.

– Instruirle en pautas para que el niño sepa gestionar el tiempo y sepa establecer bien los objetivos que se proponga. Es muy importante que los niños sepan realizar un plan semanal de actividades (o con ayuda si son muy pequeños) y que procedan después a realizar una autoevaluación de si han cumplido esos objetivos de inicio planteados.

– Como recomendación final, es muy importante enseñar buenas actitudes y comportamientos que sean adecuadas en cuanto a la solución de problemas. Es bueno recordarles, por ejemplo, que no hay que gritar, que no hay que preocuparse en exceso, que no hay que sentirse enfermo, etc.

En conclusión, hay que decir que el estrés en la infancia sí se manifiesta en la cotidianeidad y que es conveniente detectarlo cuanto antes para que se pueda tratar de reducir o eliminar y que no se interponga en el desarrollo emocional, cognitivo y actitudinal del niño.

Bibliografía

RAE (2014). Definición de estrés. Recuperado de RAE.es.

Roa, A. (s/f). Estrés en los niños, causas, síntomas y soluciones. Recuperado de https://www.saposyprincesas.com/bienestar/psicologia-infantil/estres-en-los-ninos-causas-sintomas-y-soluciones/

Trianes, M.V., Fernández-Baena, F.J., Escobar, M., Blanca, M.J.y Maldonado, E.F.(2014).¿Padecen estrés los niños y niñas de educación primaria? detección e intervención psicoeducativa. PADRES Y MAESTROS, nº 360. Recuperado de https://revistas.upcomillas.es/index.php/padresymaestros/article/view/4702/4519