Viernes, 21 abril 2017

Educar en la felicidad implica la educación en las relaciones familiares

Los padres demandan que los profesores posean unas cualidades extraordinarias. Entre los indicadores para evaluar a un buen docente se encuentran: si es empático, si tiene capacidad de adaptación, si es creativo, si fomenta la participación, si domina los contenidos que explica, si planifica bien su trabajo, si es capaz de despertar el interés de sus alumnos, si evalúa con justicia…, etc. Actualmente, los profesores para ejercer como tales, han tenido que cursar los estudios de magisterio, realizar prácticas en colegios, estudiar un máster y, en la mayoría de los casos, aprobar unas oposiciones. Es cierto que esto, quizá no garantiza que sean los mejores quienes accedan a la docencia, punto que sí se ha logrado en Finlandia (Melgarejo, 2006), donde ubican a los mejores docentes en los primeros años de la enseñanza. En este sentido, Miguel Ángel Zabalza (2012) señala que una de las seis características que todo buen profesor ha de tener es el compromiso consigo mismo y con el propio desarrollo profesional. La formación para el profesorado es clave para llegar a ser un buen educador, sin embargo, los padres, por lo general, no siempre advierten esta necesidad.

El profesor Prensky (2010) bautizó a la actual generación como nativos digitales a diferencia de sus padres que son auténticos inmigrantes digitales. Esto ha generado cierto desasosiego en los padres, que se cuestionan si están preparados para educar a sus hijos. Sin embargo, ésta no ha de ser la principal inquietud, ya que es evidente que no se trata de que los padres estén actualizados en el conocimiento de las nuevas tecnologías, esa no es tarea suya, sino de los docentes de la escuela. En cambio, sería aconsejable que los padres conociesen las circunstancias que rodean a sus hijos, que son diferentes a las que ellos vivieron. Por tanto, de la misma manera que los docentes requieren una formación específica, también los padres necesitan no quedarse estancados en su instrucción si quieren mejorar en la educación de sus hijos.

El sentido etimológico educar significa guiar en el conocimiento. Aristóteles afirmaba que la función principal del educador era educar para la vida, no cualquiera, sino para la buena, es decir, para la felicidad. Por tanto, según el Estagirita educar es ayudar a ser feliz, sin embargo, no es sencillo entender qué es la felicidad. En este sentido, Robert Waldinger (2015), profesor de Harvard, según un estudio realizado, señala que la esencia de la felicidad radica en cuidar las relaciones familiares y humanas. Esto pone en evidencia la importancia de la familia como condición para ser feliz.

El Máster Universitario en Orientación Educativa Familiar de UNIR va encaminado a formar tanto a docentes como a padres para que sean capaces de ayudar a otros padres a mejorar sus relaciones familiares, así como aprender a educar.

 

Referencias bibliográficas:

Melgarejo, J. (2006). La selección y formación del profesorado: clave para comprender el excelente nivel de competencia lectora de los alumnos finlandeses. Revista de educación, nº Extra 1, 237-262.

Prensky, M. (2010). Teaching Digital Natives: Partnering for Real Learning. Paperback.

Waldinger, R. (2015). A Harvard psychiatrist says three things arte the secret to real happiness. http://www.independent.co.uk/life-style/a-harvard-psychiatrist-says-three-things-are-the-secret-to-real-happiness-a6791911.html

Zabalza, M.A. y Zabalza, Mª. A. (2012). Profesores y profesión docente. Entre el “ser” y el “estar”. Madrid: Narcea.