Viernes, 21 abril 2017

Victimología forense

Se trata de un término que no es muy común, su utilización, por los criminólogos o los victimalogos. Muchos autores manifiestan que el estudio criminológico, psiquiátrico, psicológico y jurídico de la víctima ha dado lugar a una nueva ciencia que recibe el nombre de Victimología forense o criminológica. Si bien es cierto, la victimología forense tiene un marcado interés en los aspectos psíquicos de las víctimas vivas de los hechos delictivos, o en cualquier otra situación en la que puedan ser consideradas como víctimas. Es por ello, que uno de los puntos fundamentales de esta ciencia es la capacidad de diagnosticar a la víctima y de dar el tratamiento correcto, en cuanto a prevención de revictimización.

Turvey (2016) manifiesta que la victimología forense es una disciplina aplicada qué consiste en examinar, estudiar e interpretar la evidencia particular de la víctima de una manera científica con el fin de responder preguntas forenses he investigativas.

Entre otros aspectos es importante la ubicación de la víctima, es decir, la descripción de la ubicación física de la víctima, inmediatamente antes de su encuentro con el agresor o de la génesis del hecho delictivo, ya que ayuda a determinar quién pudo cometer el delito, entre otras preguntas. Además, estudia las causas por las cuales el agresor procederá a la selección de la víctima en un determinado lugar, es decir, el proceso por el cual un agresor elige o se dirige a su víctima. Esto hace que hablemos de víctima seleccionada o de víctima de oportunidad. Afinando un poco más la cuestión, y en cuanto a la víctima seleccionada, se caracteriza porque es la propia víctima el objetivo principal del delito, es decir, es la motivación directa de que el agresor cometa un hecho delictivo. Por tanto, es víctima por ser quien es, por lo que sabe, por lo que posee o por cualquier característica tanto física como psicológica. Respecto de la víctima de oportunidad, se caracteriza porque la víctima es accesoria al delito, es decir, el agresor está motivado o tiene el deseo de cometer un hecho delictivo y la víctima es irrelevante, en este caso será víctima bien por la ubicación en un lugar en concreto en el que se encuentre; bien por la vulnerabilidad, es decir, la percepción que tenga el agresor sobre ella; y por la disponibilidad, es decir, la accesibilidad de la víctima en particular por el agresor.

Además, las víctimas de oportunidad pueden ser elegidas según unos criterios específicos preferidos por el agresor. Estos criterios pueden ser de fantasía o simbólicos. Respecto a los criterios de fantasía nos encontraremos ante ellos cuando la víctima lo es por tener una serie de rasgos (físicos o psíquicos) que son apetecibles o deseables para el agresor para que cometa o cumpla su objetivo que es la satisfacción de una fantasía en particular. Este criterio de fantasía se puede convertir en la firma del agresor. De otro lado, en cuanto los criterios simbólicos puede ser elegida la víctima porque ésta tenga una serie de características que al agresor le supongan un símbolo en particular (cónyuge, Padre, familiar, compañero de trabajo, etc.).

Es interesante mencionar la figura de Overkill definida por Turvey como las lesiones más allá de las necesarias para causar la muerte, es decir, supone infligir repetidas lesiones posteriores a la aplicación de la fuerza letal. Esta figura está estrechamente relacionada a la ira, rabia y frustración contenida. Podemos citar como ejemplo el asestar un número indeterminado pero elevado de heridas sobre una víctima en diferentes partes del cuerpo, pero también en un área determinada del cuerpo de la víctima. Normalmente esta figura está asociada a la violencia de género, si bien es cierto se puede atribuir a cualquier delito en el que se produzca las características citadas sin tener por qué encuadrarse en el delito mencionado. Turvey acertadamente indica que es necesario diferenciar las lesiones que evidencian overkill y las lesiones infligidas en la víctima que tiene una alta resistencia y se recuperan a pesar de los intentos repetidos de derribarla.

Si bien es cierto, el autor de referencia, ésta figura la incluye, a la hora de hablar del uso de la fuerza del agresor sobre la víctima, junto a otras figuras como puede ser la fuerza letal, la fuerza administrativa, la fuerza brutal, la fuerza orientada al control, la fuerza correctiva, la fuerza defensiva, la fuerza preventiva y la fuerza experimental entre otras figuras.

Además, establece como objetivos de la victimología forense (siendo componente esencial del análisis de la escena del crimen) los siguientes: asistir en la comprensión de los elementos del crimen; apoyar en el desarrollo de una línea de tiempo; definir la lista de sospechosos; proveer sugerencias de investigación; apoyar en la reconstrucción del crimen; apoya la contextualización de las denuncias de victimización; ayudar en la determinación del modus operandi del agresor; apoyar en la determinación del motivo del agresor; apoyar en la determinación del nivel de exposición del agresor; la vinculación de casos, entre otros puntos.

Es por ello que, en la victimología forense es necesario proceder a un análisis de exposición de la víctima y categorizar la citada exposición en base a las tipologías victimales, principalmente de los padres de la victimología, que son Benjamín Mendelsohn y Von Hentig. Además, se hace necesario, ver y analizar la correlación bio-psico-social, los factores de precipitación por las que se es víctima, el nivel de exposición por el estilo de vida, las actividades rutinarias, etc.

Por todo lo anteriormente indicado, el cuerpo de la víctima, como extensión de la escena del crimen, sea viva o cadáver, debe ser tenida en cuenta y considerada como prueba para ser analizada, indicar unas hipótesis y obtener unas conclusiones para un posible perfil victimológico.

REFERENCIA

TURVEY, B.E., Perfilación criminal, Aguascalientes, México, 2016.