Jueves, 16 marzo 2017

Brexit y seguridad europea

La salida del Reino Unido reduce la capacidad militar, policial y de inteligencia de la Unión Europea (UE) contra los riesgos del terrorismo internacional. Muchos son los factores: a) su influencia y aporte científico en el desarrollo de la defensa europea, b) su relación especial con los Estados Unidos (que considera el país como un elemento de conexión con la OTAN), c) su economía, la quinta del mundo, d) ser uno de los cinco países con el estatus de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, e) ser una potencia industrial clave para la Defensa y Seguridad de la UE, f) tener el sexto presupuesto militar y la sexta industria de defensa del mundo etc.

En su Revisión Estratégica de 2015, el Reino Unido ignoró la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) y la propia UE como actor estratégico, de modo que desde hace dos años no se contaba mucho con una rotunda participación del país en el área de defensa. Sin embargo, la percepción exterior es de debilitamiento de la UE al no contar con el enorme poder militar británico (aunque Reino Unido ya estaba desde hace tiempo contribuyendo más con las operaciones militares de la OTAN que con las desarrolladas por la propia UE).

Sin embargo, en este campo, quizás el Brexit puede ser considerado una oportunidad para relanzar la PCSD (que, está basada, curiosamente, en los Acuerdos bilaterales de Lancaster House de 2010, entre Reino Unido y Francia). En este mismo sentido, podría ser el momento de acelerar las políticas de fronteras en el espacio Schengen.

Con su salida de la UE, el Reino Unido dejaría de condicionar las orientaciones políticas y estratégicas que sirven actualmente de marco a la toma de decisiones diplomáticas, militares y económicas adoptadas en relación a Irán, Siria, Sahel, Mali y Rusia. Al contrario de la cultura europea de seguridad blanda, basada en el diálogo y la cooperación, Reino Unido suele respaldar el uso de la fuerza en la acción exterior.

Supuestamente Francia cubrirá el vacío dejado por Reino Unido, aunque posiblemente Alemania o Polonia estén interesadas en asumir un rol más protagonista en este campo. No obstante, será necesario que todos los miembros de la UE aporten recursos económicos para compensar la salida de Reino Unido del bloque. Otro motivo para esas aportaciones es la negativa de la administración Trump de seguir transfiriendo recursos en esta esfera para la UE.

No veo factible en este momento el cumplimiento del objetivo asumido por los países europeos miembros de la OTAN de dedicar a Defensa y Seguridad el 2% del PIB en el año 2024. La situación económica sigue débil, y la política de austeridad seguida augura nuevos recortes de presupuesto en defensa.

Así, o incrementamos la vulnerabilidad del bloque o, caso se efectúen esos aportes masivos por parte de los 27 miembros de la UE, ingresamos en la carrera armamentística que ya se vislumbra en el mundo. Por ambos lados, el escenario es preocupante.

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Referencias:

Tim Oliver y Michael John Williams (2016), “Special Relations in Flux: Brexit and the Future of US-EU and US-UK Relationships”, International Affairs, nº 92.

EPSG (2016), “Towards a Security Union”, European Policy Strategy Center, nº 12, 20/IV/2016.