Domingo, 14 mayo 2017

Los prejuicios y el sesgo endogrupal

El prejuicio es un fenómeno esencialmente psicosocial pues tiene que ver con las relaciones interpersonales y, especialmente, con las relaciones grupales, ambas objeto prioritario de la psicología social.

Existen prejuicios y discriminación contra muchos grupos sociales (e.g., étnicos, raciales, mujeres, personas mayores, enfermos,…, e incluso personas obesas). ¿Cuál es el origen de estos prejuicios? Parece que no hay acuerdo entre los diferentes investigadores. Mientras unos piensan que el origen de los prejuicios es individual (a nivel cognitivo o motivacional) o institucional, otros como Ovejero (2015) consideran que el origen de los prejuicios y los estereotipos es económico, cultural y, especialmente, social. Es posible que todos ellos tengan algo de razón, lo que parece evidente es la complejidad de este tema.

Myers (2008) considera que el prejuicio es uno de los aspectos humanos negativos más difíciles de erradicar pues cumple funciones psicosociales básicas: sociales, emocionales y cognitivas. A nivel social, los prejuicios y los estereotipos nos ayudan, por un lado, a formar y mantener nuestra identidad social, mientras que, por otro lado, nos ayudan a defender nuestra autoestima de ataques externos. Respecto al primer caso, ya en los 60 la socióloga Hacker puso de manifiesto que los estereotipos respecto a mujeres y negros ayudaban a mantener nuestra identidad al considerarlos inferiores y débiles respectivamente. Respecto al segundo caso, en situaciones de conflicto las personas tienden a considerar al enemigo como “sub-humano”. Por ejemplo, en la segunda guerra mundial los japoneses se convirtieron en los “nipones” para los norteamericanos (con una clara connotación negativa). Cuando terminó la guerra, los japoneses volvieron a ser inteligentes y trabajadores.

Tendemos a percibirnos a nosotros mismos en función de los grupos a los que pertenecemos (de ellos extraemos nuestra identidad personal). Para saber si mi grupo es positivo, necesito compararlo con otros. En este sentido, los estereotipos o prejuicios nos permiten percibir a nuestro grupo (al que pertenecemos) como superior respecto a esos otros grupos…, surgiendo a partir de aquí las rivalidades y hostilidades entre los grupos.

Por tanto, a nivel psicológico, lo que hacen los estereotipos es racionalizar las desigualdades sociales y de estatus. Así, se ha comprobado que los actos crueles fomentan las actitudes crueles. Es decir, dañar a una persona inocente suele llevar a los agresores a menospreciar a su víctima para así justificar su conducta. Ya en 1978, Worchel y Andreoli encontraron que un grupo de estudiantes que debía emitir descargas eléctricas a una persona por sus errores en una tarea de aprendizaje, deshumanizaba mucho más a esa persona que otro grupo de estudiantes que debía reforzarla por sus aciertos.

Todo lo anterior está relacionado con el “sesgo endogrupal” o tendencia a favorecer al propio grupo en la búsqueda de un autoconcepto positivo. El mero hecho de pertenecer a un grupo puede promover este sesgo. Si le preguntamos a un niño quiénes son mejores jugando al fútbol, los de su barrio o los del otro, generalmente nos dirá que los de su barrio. Tendemos a agruparnos ante la mínima excusa y a mostrar entonces, el sesgo endogrupal. De hecho, se ha demostrado que los adultos tienden a agruparse por cuestiones como la coincidencia en el último dígito del carnet de conducir, o por compartir fecha de nacimiento, llegando incluso a creer que tienen cierto parecido con esa persona. Por supuesto, estamos creando vínculos en base a cuestiones completamente azarosas que nos acercan a unas personas y nos alejan tremendamente de otras. Como diría Myers, “nosotros somos mejores que ellos, incluso cuando el nosotros y el ellos ha sido definido al azar” (2008, p. 255).

 

Myers, D. G. (2016). Psicología Social. Mexico: McGrawHill-Interamericana.

Ovejero, A. (2015). Psicología Social. Algunas claves para entender la conducta humana. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.

Worchel, S., & Andreoli, V. (1978). Facilitation of social interaction through deindividuation of the target. Journal of Personality and Social Psychology, 36, 549-556.